“Deja de buscar la perfección y empieza a ser feliz”
Lety Sahagun
“Deja de buscar la perfección y empieza a ser feliz”
Lety Sahagun
Comunicadora
Creando oportunidades
“Dejar de soñar no es una opción”
Lety Sahagun Comunicadora
Lety Sahagun
Lety Sahagún es una comunicadora y creadora de contenido que ha forjado su camino en el mundo de los medios de comunicación con determinación y autenticidad. Nacida en Guadalajara, creció en un entorno familiar bullicioso que alimentó su imaginación y sus grandes sueños. A los 17 años, eligió estudiar Relaciones Internacionales, pero su verdadera pasión por contar historias la llevó a buscar oportunidades en la televisión. Su primer contacto con el medio fue durante los Juegos Panamericanos en Guadalajara, donde descubrió su vocación frente a la cámara.
Con el deseo de perseguir sus sueños, se mudó a Ciudad de México, enfrentando desafíos y fracasos iniciales, pero siempre con la convicción de seguir adelante. Su perseverancia la llevó a trabajar durante ocho años en un canal de televisión internacional, cubriendo eventos de gran relevancia en diversas industrias. Sin embargo, un revés profesional en Estados Unidos la impulsó a crear "Se Regalan Dudas", un podcast que se ha convertido en el más eschuchado de habla hispana en su género.
Lety no solo ha logrado consolidar una carrera exitosa, sino que también ha encontrado un espacio para explorar sus inquietudes y conectar con millones de personas. Además de su faceta profesional, valora profundamente su rol como hija, hermana, amiga y tía, encontrando en estas relaciones personales una fuente de felicidad y equilibrio. Su historia es un testimonio de la importancia de seguir los sueños auténticos y de la capacidad de reinventarse constantemente.
Transcripción
Empecé a trabajar desde mis 16 años porque quería probar diferentes cosas, no sabía bien a qué me iba a querer dedicar. Y tuve distintos trabajos y llega un momento en el que hubo unos Juegos Panamericanos en Guadalajara y estaban buscando a alguien que hiciera unas cápsulas para toda Latinoamérica. Y esa primera vez que yo hice un casting y estuve frente a la cámara y agarré un micrófono, dije “esto es lo que yo quiero hacer, yo quiero contar historias, yo quiero entrevistar personas, yo quiero estar frente a un micrófono y frente a una cámara, yo quiero tener algún tipo de plataforma o audiencia con quien pueda compartir todas estas inquietudes”. Y en ese momento de mi vida me gradué, tomé mis cosas y me fui a Ciudad de México sin apoyo moral o económico de nadie más que mi mejor amiga, que había decidido hacer lo mismo, y mi entonces pareja que había decidido hacer lo mismo. Los tres estábamos un poco en el mismo camino y además yo me vi en este lugar en el que las dos personas con las que más tiempo convivía, sin garantías de nada, se habían encontrado el valor o la fuerza de ir por sus sueños, qué iba a hacer yo en el sillón de mi casa sentada y cómo me iba a tranquilizar esta espinita que yo sentía dentro de mí que me decía “ve por eso que tantas ganas tienes de hacer, si no resulta ya veremos qué hacemos después, ¿no? Pero no te quedes ahí porque dentro de unos años, ¿qué te vas a decir a ti misma?”.
Y empezó a pasar el tiempo, empecé, el primer casting que hice me fue fatal, fue el casting más fracasado que he tenido en mi vida y además era en el canal en el que yo más quería trabajar. Y yo sabía que oportunidades como esas venían una vez en la vida. Me castigué mucho tiempo por eso, pero bueno, aprendí algunas cosas y aprendí que no podía llegar a esa gran oportunidad que yo soñaba sin experiencia. ¿Y cómo iba a adquirir experiencia? Pues tenía que empezar a decir que sí a todo, todo lo que tuviera que ver con mi trabajo. A los dos años me llegó mi primera oportunidad, que fue una entrevista que me dieron de cinco minutos y era porque los dos talentos que había en ese canal estaban ocupados, no había paga y yo fui, aparecí. Y a partir de ese momento estuve, desde esa entrevista, ocho años trabajando para el primer canal de televisión, que era un canal de televisión internacional. Tuve la oportunidad de cubrir los eventos más importantes en la industria del deporte, del entretenimiento, del cine, de la música. Después de ahí me mudé a otra cadena de televisión donde pude conocer otro tipo de industrias, más en la arquitectura, más en el diseño. Y finalmente terminé en la televisión. Lo que hago ahora, que es cubrir los eventos más importantes en la industria del entretenimiento. Y a la par que esto estaba sucediendo hace seis años, me llegó la oportunidad que parecía la oportunidad más importante en mi vida.
Yo creía que ya después de ocho años había consolidado mi carrera en México y que el siguiente paso era Hollywood o Estados Unidos. Y me llegó una oportunidad de trabajar allá. Hice el casting entre más de 150 personas. Me quedé con el papel. Y a la hora que se estaban haciendo las negociaciones, no, pues eso no pudo cerrarse. Y estaba yo tan mal y tan frustrada que me fui a visitar a mi mejor amiga, que vivía, esta que les digo que también fue por sus sueños, que se llama Ashley. Y llegué a su casa. Y yo estaba en uno de los fracasos o lugares más oscuros que siento que he estado como sin encontrar sentido, diciendo es que ya no hay nada que yo pueda hacer. Y en ese momento, en su sala, ella con el corazón roto y yo sin poder cumplir mis sueños, nos volteamos a ver y dijimos, “bueno, ¿por qué no empezamos un proyecto para quitarnos como esta angustia y esta sensación y este dolor que tenemos? Todos los podcasts que nos compartimos hasta el día de hoy, tú y yo, son en inglés. ¿Será que no hay contenido en español como este? ¿Por qué no hacemos nuestro propio podcast?” Y empezamos el proyecto que hoy se ha convertido en el podcast conversacional más grande de habla hispana.
Hoy que veo en lo que se ha convertido, se regalan dudas y mi vida profesional. Encuentro la respuesta a qué estaba buscando esa niña. Estaba buscando un espacio en donde ella pudiera hacer todas estas preguntas y tener todas estas inquietudes que tengo y que siempre he tenido de manera segura. Un lugar en el que pudiera hablar, en el que pudiera imaginarme una realidad distinta. Y yo no sabía que esto iba a conectar con tantos millones de personas alrededor del mundo. Entonces, pues eso es un poco quién soy y cómo he llegado hasta este momento. También soy muchas otras cosas, ¿no? Soy– y creo que también a veces son más importantes. Soy hija, soy hermana, soy amiga, soy novia, soy tía. Y muchas cosas que también me llenan el corazón y me dan mucha felicidad. Pero hoy que vengo a hablarles de los sueños, creo que así me definiría a mí misma. Gracias.
En mi caso particular, sentía un vacío muy grande por dentro. Yo llegaba en las noches a mi cuarto de hotel o terminaba estas entrevistas, estas alfombras, estos viajes, y decía que no, que no este es el momento que tanto he estado buscando, que no esto es lo que tengo que sentir. Todo esto que sacrifiqué durante 10 años, todo esto que he intentado para llegar a este lugar y no sentir lo que yo creía que iba a sentir estando aquí. Y ahí tuvo que empezar un viaje muy interesante de regreso. A decir qué era lo que yo genuinamente soñaba. Esa niña de cinco años o esa niña de seis años, ¿cómo la puedo alimentar todos los días? Y ¿cómo le puedo dar estas cosas que a ella le ilusionaban y le emocionaban? Que nada tiene que ver con el reconocimiento, que nada tiene que ver con el aplauso, que nada tiene que ver con lo público, que nada tiene que ver. Y ahí tuve que empezar primero a balancear también mi vida personal, de qué servía conseguir todas estas cosas grandes si yo tenía que ir sacrificando mis relaciones, los momentos con mi familia, mis momentos de descanso, mis hobbies, todo por ir en busca de este sueño.
Y también vino un viaje muy interesante de reconocer que si yo no encontraba la manera de tener alguna satisfacción en mi día a día, esa idea de éxito era completamente inalcanzable. Entonces creo que para mí fue muy importante darme cuenta de eso, que para poder encontrar mi sueño tenía que encontrar un propósito y tenía que encontrar una realización diaria porque si no, los días de mi felicidad o de mi sueño iban a ser diez durante toda mi vida.
Me vine a una nueva ciudad. Muchas veces las personas más cercanas a nosotros, quizá por amor, quizá por protección, quizá por miedo, pero son quienes más nos desalientan. Entonces yo encontré en personas que ni siquiera saben que existo fuerza e inspiración. En mi caso, yo cuando tenía que ver específicamente con el camino de mis sueños, buscaba mujeres que estaban viviendo esa vida que yo quería. Y entonces buscaba mucha inspiración, por ejemplo, en Lidia Cacho. Yo encontraba a esta mujer que me sigue inspirando hasta el día de hoy, que dedica su vida a luchar y a hacer un activismo y a escribir. Y sentía muchísimas ganas de crecer y sentía muchísimas ganas de poder como adquirir, no sé cómo decirlo, como si iluminara mi camino ella sin darse cuenta. Y lo mismo me pasaba con Oprah, por ejemplo, que Oprah se dedicaba a los medios de comunicación y yo estudiaba su carrera y leía sus libros y veía cómo hacía sus entrevistas y cómo las preparaba y cómo hacía sus preguntas. Y ahí encontraba mucha de la fuerza que yo en ese momento no tenía o mucha de la inspiración o del impulso que yo necesitaba.
Entonces, me encanta tu pregunta porque no creo que haya nada más importante. Deja tú en el camino de nuestros sueños, en el camino de nuestras vidas como las personas que nos rodean. Y si hablamos con total honestidad, las personas en nuestra vida suman o restan, aportan o no tienen el mínimo interés en lo que estás haciendo. Entonces, si hacemos este análisis con más conciencia, creo que sí podemos empezar a ver cuáles relaciones, sobre todo en el camino de nuestros sueños, vale la pena nutrir. Y creo que parte importantísima de esta conversación es, ¿quién estamos siendo nosotros para las personas que nos rodean? Podemos ser ese refugio, podemos ser esa mirada, podemos ser eso que a nosotros nos gustaría tener y nos gustaría encontrar cuando necesitamos ayuda, cuando necesitamos apoyo, cuando necesitamos… Entonces, creo que es un ejercicio muy lindo de entender que sí es lo más importante a las personas que nos rodean, pero también quién estamos siendo nosotras o nosotros para las personas que están a nuestro alrededor.
Y creo que lo que he aprendido del amor incondicional es que el amor es aceptar las cosas como son en ese momento. ¿Cómo cambiaría la conversación interna si yo acepto quién yo soy ahora? Entendiendo que sí, con el tiempo puedo mejorar, que sí, con el tiempo puedo cambiar, pero que lo que yo hoy tengo, lo que yo hoy soy, estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo. Y eso nos daría una mirada mucho más compasiva, una mirada mucho más empática hacia quienes somos. Y nos ayudaría a– va a sonar muy raro esto, pero a ser tu propia porrista, a ser esa persona que cree en ti, a ser esa persona que te abraza como tú eres, con todo y tus imperfecciones.
Durante muchos años no creo que nadie me ha hablado, me ha castigado o me ha juzgado como yo me he hablado a mí misma. Últimamente he tratado mucho de entender cómo vería o cómo trataría yo a las personas que más amo. Para las personas que amamos tenemos una mirada increíblemente compasiva, creemos que son capaces de hacer todo. Los vemos con ojos que casi nos brillan. Les vemos valientes, les vemos capaces, les vemos resilientes. Y siempre les tenemos palabras que les puedan acompañar. Sobre todo en los momentos en que más se equivocan, en los momentos que peor la pasan, es cuando más somos capaces de decirle, “Ey, hiciste lo mejor que pudiste. Ey, no pasa nada. Ey, la vida sigue. Ey, lo puedes volver a intentar”. ¿Por qué no podemos tener esa mirada de regreso hacia nosotros? La frustración viene desde este lugar que nos hace creer que hay algo mal con quien yo soy, que hay algo que yo tengo que cambiar para hacer lo perfecto. Y el perfeccionismo está matando todos nuestros sueños. El perfeccionismo nos está privando la oportunidad de vivir la vida como es y de disfrutarnos como somos y de celebrar lo que sí somos, lo que sí estamos logrando, lo que sí estamos haciendo.
Hay una cosa de la cultura japonesa que me encanta, que es el Kintsugi, que todas las piezas que se rompen, la vajilla que se rompe, la reparan como con líneas de oro. Y esas piezas las venden todavía a un precio más alto. Porque yo creo que ellos han entendido muy bien que hay una belleza enorme en la imperfección y en las cicatrices de las cosas. Y yo creo que es justo en los momentos imperfectos, en los difíciles, en los que yo no planeé, en los complicados, en las puertas que se me cerraron en la cara, en los rompimientos, en la frustración, en los tropiezos, en las equivocaciones, es justo ahí donde yo me he construido a mí misma. Es justo ahí donde he conocido cosas o versiones de mí que yo no sabía que existían. Es justo eso lo que me ha moldeado, lo que me ha hecho más fuerte, lo que me ha hecho más vulnerable, lo que me ha hecho más empática, lo que me ha hecho más compasiva. Entonces, creo que ahora, al revés, le tengo un nombre a mi ego perfeccionista y siento a esa señora en su silla cada vez que se aparece porque me roba el gozo de lo que estoy viviendo. No me deja disfrutar. Está todo el tiempo diciéndome, ¿te estás moviendo bien? ¿Te estás moviendo mal? ¿Lo estás haciendo bien? No sé. ¿Te equivocaste? ¿Hubieras dicho esto? ¿Hubieras dicho el otro? Cuando yo siento a esa señora en su silla, yo puedo estar aquí. Entonces, por eso digo que soy perfeccionista en recuperación, porque yo ya no quiero ser ni hacer nada perfecto en mi vida. Yo creo que o buscas todo el tiempo hacerlo bien y ser perfecta o eres feliz. Y yo elijo ser feliz.
Entonces, nunca dejo de dudar. ¿Han cambiado mis dudas? Sí, con el paso del tiempo, con el paso de- No tenía las mismas dudas al principio de se regalan dudas que las que a lo mejor tengo ahora. También la edad se trae diferentes dudas. No eran las mismas dudas que yo tenía a los 15, a los 25, ahora a los 30. Y quizá van a seguir cambiando y está bien. Yo creo que esa es parte de ir evolucionando. Pero mis sueños antes eran sueños muy grandes, como les decía. Yo soñaba con estar en la televisión. Yo soñaba con tener un proyecto exitoso. Yo soñaba con ser escuchada en distintos lugares o con que a las personas les interesara las mismas conversaciones que a mí. Ahora creo que tengo sueños más pequeños. Sueño con rodearme de las personas que amo y compartir estos momentos que tanto me llenan de vida. Con seguir aprendiendo. A mí me gusta mucho aprender. Siento que quiero ser una estudiante eterna de la vida. Sueño con reinventarme también. No quiero sentir que me estoy estancando en ningún momento de mi vida. Entonces trato de revisitarme y revaluarme cada cierto tiempo a ver si esos sueños ya están caducos o siguen vivos y siguen encendidos. Pero sí, sigo soñando y sigo dudando siempre. Y son dos cosas que me encantan y no quiero. Es más, en los momentos que más apagada o más triste o más deprimida he estado, me doy cuenta porque dejo de soñar y dejo de dudar. Creo que para mí esas dos cosas son como mis guías un poco.
Y algo que siempre creo que es clave en el mundo de los sueños es la curiosidad. La curiosidad te invita, ¿por qué me está llamando la atención este tema, este proyecto, la vida de esta persona, esta industria? La vida como que te va hablando y a veces elegimos no escucharla, pero creo que eso es algo que, como siempre he sido muy inquieta y muy curiosa, a veces ni siquiera he logrado sueños que tenía, pero empiezan a despertarse otros sueños. Y te pongo un ejemplo. Durante muchos años yo estaba muy en paz con el hecho de estar enfocada en mi sueño profesional y de no tener que tener una relación. Y hace poquito me encontré soñando ya con la idea de que quiero compartirme con alguien, por ejemplo. Y ese fue un sueño nuevo que llegó porque me empecé a ver observando parejas y diciendo “ay, qué rico estaría algo así”, ¿no? O “ay, ya no me encanta llegar a dormir en mi cama sola”, o “ay, esto que me pasó, sí lo compartí con mis amigos, sí lo compartí con mi familia, pero quisiera compartirlo con alguien”.
Si algo nunca nadie nos va a poder arrebatar es la capacidad de soñar. Nos pueden quitar todo, pero nunca la capacidad de soñar. Y es infinita. La capacidad de soñar no es “ya soñé con esto, solo tengo derecho” o “solo me merezco un sueño a lo largo de mi vida”. Puedes soñar las veces que quieras con los sueños que quieras. Todos los días te puedes levantar y querer un sueño nuevo, o quererte reinventar, o querer cambiar tu sueño. Y creo que eso es algo hermoso que tenemos los seres humanos, la capacidad de soñar. Pero creo que a veces estamos tan llenos de miedos, tan llenos de dudas, de creencias limitantes, de restricciones, de cosas que creemos que nos merecemos y que no nos merecemos, que creemos que son para nosotros y que son para otras personas. Pero si bajamos un poquito esa voz y empezamos a escuchar a la que hay adentro, vas a ver cómo está llena de sueños. Algunos más pequeños, otros más grandes. Unos personales, otros que tienen que ver más con la vida profesional.
Pero yo creo que de la mano de seres humanos está la capacidad de soñar. Vienen pegaditos. Y si no me crees, acuérdate de cuando eras niño. Acuérdate, antes de que nos llegaran todos esos miedos, la cantidad de cosas que soñamos e imaginamos y que siempre creímos que eran posibles, hasta que alguien empezó a decirnos que no. Entonces, ahí está. Nada más es una vocecita que hay que empezar a escuchar. Hay que hacerle el espacio, hay que apagar el ruido y hay que hacerle el espacio a esa voz. Y creo que si algo me hubiera gustado saber hace unos años, en el camino de los sueños, pero también en el camino de la vida, es que nada arrebata más sueños que creer que no estamos listos para ellos. Y siempre comparamos el sueño que tenemos con el lugar en el que estamos ahora. Porque el sueño lo comparamos con esas personas que ya hicieron todo un camino y todo un recorrido y que solo nos cuentan la historia de éxito o el resultado final. Y pocas veces entendemos todo el camino y el recorrido que tuvo que tomar y todas las cosas que tuvieron que pasar para que esa persona llegara ahí o para que ese sueño se hiciera realidad. Y si yo me comparo en mi punto de partida con el punto final en el que está la otra persona, siempre voy a creer que no estoy lista, que me hacen falta mil y una cosas.
Pero si ustedes voltean a ver el camino de quien sea que admiren, piensen en una persona que admiren la que quieran, les aseguro que esa persona empezó en un lugar muy distinto que en el que está ahora. Y tuvo que ir aprendiendo sobre la marcha, tuvo que irse reinventando, tuvo que ir cambiando la ruta muchas veces, tuvo que ir aprendiendo, fracasó un millón de veces, se equivocó, volvió a empezar, lo hizo de diferente manera. Pero creo que siempre nos contamos esta historia de “no estoy lista”, “no tengo los recursos”. Y todas estas personas empezaron en la cochera de su casa, empezaron con una sola idea, con un solo deseo, con una sola voz que les hablaba por dentro y les decía “¿Por qué no pruebas esto?”. Entonces, yo creo que nada roba más sueños que no empezar.
Si algo les pudiera decir hoy es “Empiecen hoy con lo que tienen”. Empiecen hoy en esa imperfección. Así, aquí y ahora, con los recursos que tengo, como soy, sobre la marcha irán aprendiendo, sobre la marcha cambiarán los sueños, sobre la marcha la vida solita acomodará y desacomodará mil cosas. Pero no empezar un sueño, no empezar un sueño solamente por creer que no estoy listo para hacerlo o que me faltan cosas para hacerlo, o solamente por creer que… O algo que a mí me pasaba mucho era “¿Qué me voy a decir a mí misma dentro de unos años? ¿De por qué no fui por eso que tanto quería ser?”. Porque la gente va y viene, las opiniones van y vienen, quienes juzgan lo que estás tratando de hacer, quienes creen. Siempre estamos midiendo nuestros sueños con base a lo que van a opinar las demás personas, con base a cómo va a ser visto ese sueño. Y creo que muchas veces se nos olvida que a la única persona a la que le vamos a rendir factura todos los días de nuestra vida es a nosotros. Por eso es tan importante escuchar y serle fiel a eso que nos habla por dentro. Y sobre todo entender que no va a haber una forma de saber si eso nos gusta, si somos capaces de hacerlo, la fuerza que tenemos para hacerlo, cómo nos va a salir si no lo intentamos. El no ya lo tenemos y lo hemos escuchado mil veces, pero de verdad nada arrebata más sueños que no dar ese primer paso y no empezar hoy, aquí y ahora con lo que tengo, lo que sea, pero empezar hoy.