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Mitos y certezas en las relaciones personales

María Esclapez

Mitos y certezas en las relaciones personales

María Esclapez

Psicóloga y divulgadora


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María Esclapez es psicóloga, sexóloga, terapeuta de parejas y autora del libro ‘Me quiero, te quiero’. Y como tantas otras personas, ella también ha vivido experiencias traumáticas en sus relaciones de pareja, tóxicas y dependientes, hasta encontrar la forma de salir de esa dinámica. “Después de haber visto y vivido muchos vínculos tóxicos, sé que solo son eso: vínculos que se reflejan en comportamientos. No existen las personas tóxicas, sino personas con historias y aprendizajes que emiten comportamientos tóxicos”, describe Esclapez, que comparte en redes sociales, consejos sobre psicología y trucos para mantener relaciones afectivas sanas.

“Todo lo que aprendemos a lo largo de la vida de manera consciente o inconsciente cambia nuestra manera de vivirlas, incluso si lo que aprendemos lo hacemos dentro de la misma relación. El ser humano es como una esponja, aprende comportamientos, situaciones, palabras, imágenes, formas de pensar e incluso actitudes”, explica la experta. Y concluye: “Muchas veces, estas vivencias se pueden llegar a convertir en auténticos traumas. En las relaciones con los padres, las amistades o la pareja, cualquier vivencia que suponga un sufrimiento emocional o físico se considera traumática porque afecta a la parte íntima y afectiva de la persona. Este tipo de traumas serán los que más adelante puedan condicionar el tipo de vínculo en una relación, que podrá ser tóxico o no”.


Transcripción

00:03
María Esclapez. Soy María Esclapez. Soy psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas y acabo de publicar mi libro ‘Me quiero, te quiero’.

00:12
Olivia Kossowska. Hola, María. Me llamo Olivia y es un placer estar contigo aquí para poder hablar de temas que nos preocupan mucho a los adultos, como pueden ser las relaciones tóxicas, cómo manejarlas o evitarlas. Pero, en verdad, nos deberían enseñar desde pequeños. También has escrito el libro ‘Me quiero, te quiero’. He visto que te has basado en tu experiencia laboral, pero también en tu experiencia personal. ¿Nos puedes contar por qué lo has escrito y de qué trata el libro?

00:38
María Esclapez. Bueno, pues el libro habla sobre relaciones en general, sobre vínculos. Y pone especial atención en aquellas cosas, aquellas conductas o esos comportamientos que hemos normalizado, pero que no son tan normales y que, cuando se dan en las relaciones, hacen que estas relaciones se vuelvan tóxicas o dependientes. Entonces, es superimportante que el lector, cuando vea reflejadas todas esas frases, todos esos comportamientos que voy contando a lo largo del libro, sepa identificarlos para poner límites, para saber qué es lo que se quiere, qué es lo que no se quiere, y además aprender con ello a construir relaciones sanas, que al final es el objetivo del libro. Y cuando lo fui a escribir, en realidad, fue como… Cómo diría… Una serie, un conjunto de casualidades. Yo tengo redes sociales donde cuento todas estas cosas, donde hablo de relaciones de pareja, de relaciones de amistad, de relaciones de familia… Y un día subí una publicación que eran unas conversaciones de WhatsApp donde se reflejaban todos esos comportamientos que, como digo, hemos normalizado, pero que no son del todo normales y que reflejan conductas de manipulación, abuso emocional… Entonces, estas publicaciones tuvieron dos respuestas: amor y odio. Hubo gente que se sintió identificada y agradeció esas publicaciones. Pero, por otra parte, también hubo gente que se sintió identificada y criticó esas publicaciones porque entendía que lo que yo reflejaba que no era normal sí es normal. Entonces, lo vio como un ataque.

02:29

Yo con todo esto entendí que, de alguna manera, tanto para los que amaron las publicaciones como para los que las odiaron, para mí, hubo un mensaje claro y es la necesidad. La gente necesitaba ese tipo de… contenidos para poder empezar a hacer introspección, para poder analizar sus propias relaciones y para poder mantener relaciones sanas. Y esto se unió a mi experiencia personal vivida años atrás porque, de alguna manera, quería que el lector, cuando leyera todas estas cosas, viera que le puede pasar a cualquiera. Y que, incluso yo, siendo psicóloga, también había vivido esas situaciones. Nadie está libre de caer en una relación dependiente. Es verdad que cuando tienes ciertos conocimientos, cuando has trabajado a nivel personal, es más difícil, es menos probable. Pero, aun así, es muy complicado. Entonces, la intención también era un poco quitar esa carga o esa sensación de culpabilidad que muchas veces se tiene. De hecho, al final del libro hay una frase que a mí me hizo llorar cuando la escribí, todo el mundo llora cuando la lee, que es que gracias a todo este trabajo yo conseguí perdonarme y que espero que algún día el lector o la lectora también consiga perdonarse.

03:57
Olivia Kossowska. Es verdad. Las personas hablan mucho de relaciones tóxicas porque parece muy fácil definirlo e identificarlas, pero… ¿Qué señales tenemos que tener en cuenta para identificar una relación de ese estilo?

04:08
María Esclapez. Al igual que en una relación sana se valora la tranquilidad, en una relación tóxica lo que hay es falta de tranquilidad. Hay una sensación constante de ansiedad, de preocupación. Parece que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento. Eso, de alguna manera, también produce cierto desgaste porque la persona que está en una relación tóxica-dependiente tiene que estar en alerta, o al menos tiene esa sensación. Es como si la relación pendiera de un hilo. La relación al mismo tiempo puede ser intermitente. Es decir: hoy te quiero, mañana no lo sé; hoy estoy súper a tope contigo y mañana pues lo mismo paso de ti. Y, claro, eso también genera y alimenta esa sensación de que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento. Esto también tiene mucho que ver con un fenómeno psicológico que tiene que ver con las emociones, que es el fenómeno de la montaña rusa emocional, que, como su propio nombre indica, vamos así. Hoy estoy aquí porque hoy te quiero mucho y tú me quieres y yo creo que esta relación puede funcionar, pero la semana que viene estoy aquí abajo del todo y siento que esto no tiene solución y siento que ya no me quieres y siento que la relación va a acabar y no me quiero ver solo o sola. Entonces, tan pronto estamos a 100 que estamos a cero. Estas subidas y bajadas además son muy dramáticas en una relación tóxica porque cuando estamos bien estamos muy bien, pero cuando estamos mal estamos muy mal. Los conflictos son una bomba. Pero es que las reconciliaciones también; son muy buenas. Y esto, este refuerzo intermitente, es lo que produce la adicción. Adicción a la relación de pareja, a ese vínculo que estamos manteniendo con esa persona.

06:01

Entonces, al final todo se convierte en un constante ciclo de rupturas, de reconciliaciones, de sufrimiento, de desgaste emocional, de “vamos a intentarlo por, no sé, enésima vez”. Si ya lo has intentado tres veces y no ha habido ningún cambio, ¿qué te hace pensar que a la cuarta, la quinta, la sexta, la séptima, la octava, las veces que quieras, va a funcionar? Ahí no hay solución, por así decirlo. Luego también es muy típica la baja autoestima. Esto también puede pasar antes de tener una relación tóxica. No sabe si fue antes el huevo o la gallina en este caso, pero es muy frecuente observar eso: baja autoestima, como te digo, miedo a la soledad, necesidad de afecto, atención, pero de una manera constante. Idealizamos tanto a la pareja en el contexto de una relación tóxica-dependiente que necesitamos de esa pareja constantemente. Necesito que venga a hacerme feliz esa persona porque la tengo idealizada. Yo, cuando idealizo a alguien, entiendo que debe cumplir con unas expectativas. De ahí la palabra “ideal”. Las expectativas son muy elevadas. Entonces, cuando esas expectativas o no se cumplen, o sí se cumplen, porque como es todo tan variable dentro de una relación, pues… mantienen a la persona siempre, como digo, en ascuas, con incertidumbre de “no sé qué va a pasar”.

07:35
Olivia Kossowska. Yo creo que tiene que ser un desgaste muy fuerte para la persona vivir en esa constante montaña rusa.

07:39
María Esclapez. Totalmente.

07:40
Olivia Kossowska. ¿Qué consejo nos darías para una persona que tiene una relación dependiente y no puede salir de ella? ¿Cómo haces para darte cuenta?

07:48
María Esclapez. Bueno, tres ejercicios voy a explicarte. Recomiendo hacerlos por escrito porque es una manera de ver reflejadas desde otra perspectiva las cosas que piensas. Al final, lo que piensas está aquí todo el rato y, parece que piensas muchas cosas, pero luego siempre son como las mismas tres ideas, por decirte un número. Y resulta que llevas dos semanas pensando sin parar las mismas tres ideas y estás en un bucle del cual crees que no tienes salida. Es mucho mejor por eso mismo escribirlo, porque sí hay salida. Entonces, tres ejercicios. El primero es hacer una lista de los mínimos exigibles. Yo esto de los mínimos exigibles lo entiendo como… aquellas dimensiones, vamos a decir, o aquellas variables o características que, para ti, en la relación son importantes. O sea, ¿qué se tiene que dar en una relación para yo entender que voy a tener una relación plena, que voy a quedar satisfecho o satisfecha con aquellas cosas que están sucediendo en la relación? Entonces, doy una pista: mínimos exigibles. Ojo, cosas no negociables, ¿vale?

09:04

Hay que prestar atención a la comunicación, a la sexualidad, a los objetivos de vida, a la filosofía de vida, a la crianza de los hijos, si los hay, a la afectividad, a los refuerzos, al tiempo de calidad que vamos a pasar en pareja. Si con esas pistas yo voy desarrollando mis características, ya sé, y esto nos lleva al ejercicio dos, qué es lo que quiero en una relación, ¿vale? Si lo que quiero no tiene nada que ver con lo que tengo, esto nos va a empezar a abrir los ojos. Esta sería, como digo, la segunda parte del ejercicio. Primero, mínimos exigibles. Segundo, lo que tengo versus lo que quiero. Y, por último, el tercer ejercicio sería hacer un balance de costes y beneficios. Costes de permanecer en esta relación, costes de romper la relación, beneficios de permanecer en esta relación y beneficios de cortar la relación. Claro, con estos tres ejercicios estamos trabajando mucho la parte racional y es importante porque, como te digo, es la parte que nos abre los ojos y que nos permite ver dónde estamos, qué queremos, qué no queremos… Pero, al final, si yo quiero tomar una decisión, tengo que tomarla a través de la intuición. Y la intuición es un camino que no es 100 % racional. No es un camino en el cual yo tenga superclaras las cosas y diga: “Aquí está la intuición”. No tiene nada que ver con eso. La intuición parte de un conocimiento claro, automático. Y yo la intuición la comparo o la equiparo, mejor dicho, a la vocecita interior.

10:48

¿Cómo aparece la intuición en este caso? Después de hacer estos ejercicios racionales, yo recomiendo no hacer nada que tenga que ver con la relación. Es decir, no pensar en nada que tenga que ver con la relación. Como decía Daniel Goleman hablando de inteligencia emocional, vete a correr por ahí, al cine, al parque, pinta un cuadro, haz lo que te dé la gana, pero que no tenga que ver con eso que estabas trabajando. Y un día, de repente, tendrás algo aquí. Tendrás una frase, un pensamiento, una imagen. Eso es la vocecita interior. Y eso es lo que tienes que escuchar.

11:24
Olivia Kossowska. En la red tecnológica que vivimos, muchas parejas se comunican e incluso rompen a través de la vía de WhatsApp. ¿Qué te parece a ti? ¿Crees que este amor a través de una pantalla es peor?

11:36

Cada uno y cada una tiene que tener su mundo individual. El mundo en pareja es muy importante, pero también hay que tener un mundo individual y no tenemos que estar 24/7 pegados al teléfono. Me imagino que también compartirás conmigo esta idea. Pero, cuando aparecen esas dudas, si yo no sé salir, es importante comunicarlo a la pareja. “Oye, me pasa esto, tengo este problema”. Claro, si lo hacemos por mensajería instantánea perdemos una cosa superimportante de la comunicación que son los gestos. La comunicación no verbal, los gestos, el tono de voz. Hay gente que también es muy directa por escrito, entonces, el mensaje no llega igual. Cuando estas cosas pasen, yo recomiendo hablarlas siempre en persona. Entonces, de alguna manera, estaremos evitando ese mal uso de las tecnologías y estaremos igualmente trabajando la relación. Cuando escribo un mensaje a mi pareja y mi pareja veo que lo lee, pero no me contesta, ya estoy pendiente. “¿Estará pasando de mí? Es que está en línea y no me contesta”. “Ha subido una foto con no sé quién. No me contesta y ha subido una foto y eso significa que…” y ya me monto yo mi película. La imaginación también tiene mucho poder. Entonces, ojo, porque cuando entramos en esas dinámicas de control, de chequeo, de prácticamente obsesión, estamos generando castillos, películas que no existen. Y muchas veces de estas cosas nos salva la comunicación.

13:12
Olivia Kossowska. Yo siempre pienso igual. Siempre estoy a favor de hablar de estas cosas en persona porque, es lo que acabas de decir, al fin y al cabo, un mensaje que a lo mejor yo quiero decir de una forma puede parecer totalmente de otra forma distinta a la persona que lo lee.

13:22
María Esclapez. Total.

13:23
Olivia Kossowska. Porque a lo mejor está en un momento de estrés, está yendo no sé dónde, ve el mensaje y se le nubla todo.

13:27
María Esclapez. Totalmente. Y hace lo que se conoce como inferencia arbitraria, que es montar un poco esa película. La imaginación, como digo, tiene mucho poder. Y cuando tú vas con tu película, porque al final el comportamiento también se condiciona por estos pensamientos que vas elaborando, cuando haces esa inferencia arbitraria tú ya tienes como una conclusión. No tienes ninguna evidencia, pero tienes la conclusión y condicionas lo que le vas a decir a la otra persona y el trato que le vas a dar. “Oye, ¿tú qué pasa? ¿Que estás pasando de mí?”. Y a lo mejor la otra persona te dice: “Pues si estaba trabajando”.

Quote

“Las relaciones de pareja pasan por cuatro fases y el enamoramiento tiene fecha de caducidad”

María Esclapez

13:56
Olivia Kossowska. Totalmente. He escuchado más de una vez decir que el amor dura tres años, la fase del enamoramiento. ¿Tú crees que eso es cierto o qué fases tiene el amor?

14:05
María Esclapez. Depende de qué estudios observemos y depende de qué autores leamos. Por ejemplo, Helen Fisher. Para mí, es una persona estudiante del amor por excelencia. Ha estudiado mucho sobre las relaciones, sobre los orígenes… Helen Fisher dice que son de dos a tres años lo que dura el enamoramiento, no el amor, ¿vale? Pero también hay estudios, los últimos estudios, que dicen que dura de seis a ocho meses. Lo que está claro es que el enamoramiento termina, y eso es en lo que coinciden todos los estudios. Porque el enamoramiento es una fase. Las relaciones de pareja pasan por cuatro fases. La primera es la atracción. Es la fase en la que me atrae, nunca mejor dicho, esa persona. Me llama la atención, quiero hablar con esta persona, voy a conocerla, a ver qué me cuenta… La segunda fase es el enamoramiento. Es una fase en la que todo es bonito. Empieza el noviazgo. Se establecen las bases de la relación, podríamos decir, pero es todavía muy líquido, digamos. No es una relación sólida como tal. Eso viene más tarde.

15:18

El enamoramiento, voy a insistir un poco en esa etapa porque es una etapa en la que estamos… arriba del todo. Todo es perfecto, no hay ningún fallo, “he encontrado al amor de mi vida”, aparecen los mitos del amor romántico… Pero, claro, ¿qué pasa cuando estos mitos del amor romántico, que casi siempre se basan en expectativas de lo que debe ser una relación, no se cumplen? Viene la fase de desencanto, decepción. Y en esta fase tenemos tres caminos a elegir. O pasar a la cuarta, que es construir unas bases ya más sólidas de la relación a base de comunicación, de esfuerzo… Ojo, esfuerzo que no sacrificio, ¿vale? Y a base de pico y pala, como yo digo. Como si la relación fuera una planta: hay que regarla, hay que cuidarla. Oye, eso no nos garantiza que la planta vaya a sobrevivir, pero sí nos garantiza que por lo menos nos dure un poco y entender que lo estamos haciendo bien. Luego tenemos otro camino que es el de: “Bueno, mira, esto se ha acabado porque entiendo que las relaciones de pareja es la fase de enamoramiento y cuando se acaba el enamoramiento ya se ha acabado todo”. Bueno, esto… Allá cada uno con lo que piense. Pero, evidentemente, esto no es solamente la relación de pareja, sino que es mucho más. Puede haber amor, pero si la persona lo confunde y entiende que si no hay enamoramiento, si ya no estoy aquí arriba, sino que estoy un poco más abajo, ya no hay relación de pareja porque ya no hay amor, entonces lo puede dejar. O bien podemos ser cabezones y cabezonas e insistir en algo que no funciona y quedarnos ahí entre esas dos fases de manera permanente. Nunca pasar a esa fase de amor real o amor maduro, que sería la cuarta, como digo. E insistir nos lleva a los puntos de las relaciones tóxicas: a sacrificio, a desgaste emocional, a intentar 20.000 veces que la relación funcione cuando no funciona… Cuando tú demandas cosas, cuando pides cambios, cuando pasas a esta fase de desencanto o decepción, si esos cambios se dan, perfecto, porque estamos poco a poco adentrándonos en el amor maduro. Pero, si no se dan, entonces ¿a qué esperas?

17:37
Olivia Kossowska. Totalmente. Y luego tenemos siempre los refranes como: “Quien bien te quiere te hará llorar” o: “Donde fuego hubo, cenizas quedan”. ¿Qué me puedes decir de ese tipo de refranes?

17:50
María Esclapez. Son frases, refranes, que están ahí y a veces pasan por nuestras cabezas. Estás en conflicto con tu pareja y de repente te viene esa frase: “Quien bien te quiere te hará llorar”. Y piensas: “Ah, bueno, entonces, esto es porque me quiere, con lo cual, yo tengo que seguir permaneciendo en esta relación”. “Vale, claro. Tengo que sufrir”, sería la conclusión. Evidentemente, esto no es así. Y esto tiene mucho que ver con los mitos del amor romántico. Yo te voy a hablar de alguno, porque hay muchos, pero te voy a hablar de los más frecuentes. Uno de ellos, el que más veo en jóvenes adolescentes, incluso en adultos, es el de los celos. “Si tiene celos es porque te quiere”. ¿Qué pasa entonces? ¿Que sentir celos está bien? ¿Está mal? Sentir celos no está ni bien ni mal. Es una emoción. Las emociones no son ni buenas ni malas; son emociones. Vienen y van. Vienen para cumplir con un cometido, hay que averiguar cuál es cuando vienen, y se van. Y se van un poco cuando ellas quieren. Hay que ayudarlas a irse. Sobre todo, si nos generan malestar. Pero, al fin y al cabo, lo importante es que aprendamos a gestionarlas.

19:07

¿Por qué los celos no son amor? Porque si yo te digo, por ejemplo, que la felicidad es desasosiego, ¿a que no te cuadra? Pues tiene el mismo sentido decir que los celos son amor. Yo te voy a decir una cosa, y es que detrás de los celos hay miedo y hay ira. Son dos emociones básicas que están detrás de los celos, que podríamos decir que es una secundaria, más elaborada. Entonces, las preguntas que te tienes que hacer son a qué tienes miedo y ante qué estás reaccionando con esa ira. Y a partir de ahí ya empieza tu trabajo de introspección. Y para acompañar un poco más en esta gestión individual, también comentarlo con la pareja, porque esto es básico. Hay parejas que dicen: “No, es que como los celos los siente mi pareja, pues yo no tengo nada que ver. Entonces, me desentiendo totalmente”. No, cariño. Tienes que acompañar emocionalmente a tu pareja y tienes que ayudar a tu pareja a gestionar también esta emoción. No te digo que te responsabilices de la gestión de la emoción, pero sí te digo que acompañes, que preguntes. “¿Te puedo ayudar en algo? ¿Puedo hacer algo? Cuéntame. ¿Qué te pasa?”. Ese tipo de preguntas abiertas que se llaman preguntas asertivas. Cuando yo pregunto, invito a la otra persona a abrirse. Y la otra persona, por supuesto, se tiene que controlar un poco y no saltar con comentarios agresivos del tipo: “¿Quién es esta persona? ¿Por qué no me lo has dicho?”, como ya atacando. Porque en el momento en que la pareja se sienta atacada dice: “Ah, ¿sí? Pues yo también te voy a atacar”. Porque se tiene que defender de alguna manera. Entonces, cuando eso sucede, dejamos de ser equipo, dejamos de trabajar la comunicación… Sí estamos comunicando, pero lo estamos comunicando mal y estamos gestionando, en este caso los celos, mal.

20:58

Otro de los mitos más frecuentes es el mito del príncipe azul. Es creer que una persona tiene que venir a traerme la felicidad de la cual yo no dispongo. Resumiendo. Esto es peligroso porque… ¿Qué pasa cuando entiendo que una persona ha de salvarme de esta infelicidad que estoy viviendo en mi vida, de esta amargura que estoy viviendo? Pasa que automáticamente estoy dejando en manos de esta persona la responsabilidad de mis emociones. Entiendo que tiene que venir a salvarme, que tiene que venir a hacerme feliz y que mi felicidad depende de esta persona. Pero ¿qué pasa? Esto motiva la dependencia. Nos lleva por ese camino. Y además, cuando intentamos romper la relación porque nos hemos dado cuenta de que no funciona, de que es tóxica, dependiente, nos cuesta muchísimo porque no vemos una vida sin esa persona porque entendemos que mi felicidad se la está llevando esa persona. Otro más podría ser el de la media naranja. Es parecido al del príncipe azul. Y es entender que somos seres incompletos, que solamente vamos a poder entender el sentido de la vida cuando viene otra persona a darnos ese sentido de la vida. Y esto no es así porque cada persona ya es un ser completo en sí mismo. ¿Podemos ser felices sin pareja? Sí. ¿Podemos ser felices con pareja? También. Las dos cosas. Pero es importante trabajar primero esa felicidad con nosotros mismos y nosotras mismas, porque luego vamos a tener relaciones mucho más sanas.

22:37

Y el último mito podría ser que mi pareja tiene que saber lo que pienso y necesito en cada momento porque me conoce. Solo porque te conozca, no tiene por qué saber, en cada momento, qué es lo que te pasa. “No, pero es que llevamos muchísimos años juntos, juntas, y sabe que si yo pongo este gesto con la ceja así tal…”. Es que me estoy agobiando solo de pensar que tiene que estar tu pareja atenta a tu gesto en lugar de coger y decirle: “Mira, me pasa esto o necesito esto”, que se solucionaría fácilmente con la comunicación. “Ya, pero si se lo pido ya no lo quiero”. Perdona, pero es que esto funciona así. Mágicamente no va a venir tu pareja a satisfacer tus necesidades porque la vida no es así. Tú tienes que hablar y tienes que pedirlas, y tienes que acostumbrarte a pedirlas. No nos hemos acostumbrado todavía a pedir las cosas.

23:40
Olivia Kossowska. Yo creo que eso ya viene desde la educación, que no nos enseñan de verdad a comunicarnos bien y la gente tiene ese problema porque las habilidades sociales también son superimportantes en este caso porque, si no eres una persona habilidosa, al fin y al cabo, no sabes comunicarte, no sabes escuchar. Yo creo que es lo que les pasa a muchos adolescentes a día de hoy es que esos temas ni siquiera les preocupan y son tonterías varias. Entonces, pues pasan, pasan y luego pasa lo que pasa a día de hoy, que es que mil veces he escuchado a gente joven: “No, es que el amor real no existe”. ¿Qué es el amor real? Es que el amor sigue existiendo, pero búscalo…

24:13
María Esclapez. Trabájalo.

24:14
Olivia Kossowska. …y créalo. Eso es, trabájalo y crea esa relación sana. Al fin y al cabo, es algo que tenemos que ir construyendo.

24:19
María Esclapez. La importancia de la responsabilidad afectiva.

24:22
Olivia Kossowska. Y ya que la has nombrado, me gustaría pedirte un reto. ¿Cómo le explicaríamos a un adolescente qué es la responsabilidad afectiva?

24:30
María Esclapez. Todas aquellas cosas que se hacen o se dicen, o las que no se hacen y no se dicen, tienen un impacto emocional en las personas que nos rodean. Entonces, si yo quiero ser responsable afectivamente en cualquier tipo de relación, tengo que tener esto en cuenta. Y esto me lleva a dos conceptos muy importantes, porque te preguntarás: “¿Y cómo puedo ser responsable afectivamente?”. Bueno, en principio, como digo, con la comunicación, también con mis comportamientos. Pero estos dos conceptos son sinceridad y sincericidio. Y tienen mucho que ver con la comunicación, con las cosas que se dicen y las cosas que no se dicen. La sinceridad parte de: quiero decir una idea, voy a comunicar una idea, pero voy a filtrar esa idea o ese pensamiento que estoy teniendo o esa opinión y la voy a trasladar de una forma asertiva. Igualmente, voy a decir lo que yo siento, pero voy a entender que, si lo digo de esta manera directa, que justo estoy pensando en este momento porque me está condicionando una emoción, véase la ira, por ejemplo, que la ira no tiene filtros, la ira es desmadre; hay que ponérselos. Entonces, si yo quiero practicar la sinceridad, fenomenal, pero tengo que ser asertivo o asertiva. Es importante por eso saber y entender que sí, yo puedo tener una opinión, pero voy a obtener una respuesta a esa opinión y que esa respuesta es igual de válida que la mía. No existe una verdad absoluta. Cada uno y cada una tiene su punto de vista.

26:09

Sin embargo, el sincericidio no entiende nada de esto. El sincericidio es: pienso esto, lo digo. Y hay gente que se siente muy orgullosa de ser sincericida, que lo confunden con sincero o sincera. “Yo es que soy muy sincera porque digo lo que pienso”. Fantástico, pero ¿cómo lo dices? Porque si lo dices sin filtro, sin reflexión, de una manera agresiva, y con “agresivo” no me refiero a insultar o a decir, sino a que el mensaje no esté trasladado de una manera asertiva, entonces, ¿de qué te enorgulleces si estás haciendo daño con las cosas que dices? Y una cosa también superimportante para diferenciar entre sinceridad y sincericidio es que la sinceridad siempre hay que practicarla cuando lo que tengamos que decir sea trascendental para la relación, sea importante. Si es algo irrelevante, ¿por qué lo voy a decir? “No, es que…”, yo qué sé. “Es que he visto a mi ex paseando” y ya está y ahí se ha quedado todo. Vale. ¿Eso es relevante para tu relación? Sin embargo, si el mismo ejemplo, ves a tu ex por la calle: “Ah, pues mira, vamos a quedar para tomar un café y luego pues nos hemos ido a cenar…”. Oye, pues creo que eso sí que hay que contarlo porque no es lo mismo. No tiene nada que ver que tú hayas visto a tu ex por la calle y ni fu ni fa a que hayas visto a tu ex por la calle y digas: “Ah, pues, mira, me ha ido con mi ex a tomar una caña”. Eso a tu pareja probablemente sí le interese saberlo. No por nada, sino porque imagínate que viene un amigo o una amiga y le dice: “Oye, que he visto a tu pareja con su ex”. Ahí ya empezamos con las inferencias arbitrarias. Ojo, esto en un modelo de relación cerrada, monógama, ¿vale? Porque luego hay relaciones que tienen sus códigos y me parece totalmente válido y respetable.

27:58
Olivia Kossowska. María, hemos hablado de la comunicación agresiva, de la comunicación asertiva y quería comentarte qué me podrías decir de la comunicación pasivo-agresiva.

28:08
María Esclapez. La comunicación pasivo-agresiva es una forma de comunicar en la que, sin decirte nada, te lo estoy diciendo todo. Es una forma de comunicar indirecta y es agresiva porque las consecuencias que tiene esa forma de comunicar en la otra persona son muy negativas. Solo que yo, directamente, no te estoy trasladando ningún tipo de mensaje. Esto se usa mucho como forma de manipular a las personas, como forma incluso de castigar. Esto me recuerda a una de las conversaciones de WhatsApp que yo suelo analizar como reflejo de estas conversaciones que solemos tener en el día a día. Me acuerdo de cuando explicaba la extinción, que es una forma de comunicar también pasivo-agresiva y se usa mucho como forma de castigo. Yo recuerdo que esta conversación decía algo así como: “Bueno, pues me siento de esta manera”. Una de las dos personas decía: “Me siento de esta manera. Creo que deberíamos sentarnos a hablar porque yo pienso, porque yo siento, porque yo espero…”. Era como un mensaje muy… de persona que se abre en canal y cuenta lo que siente, lo que está viviendo. Y la persona que le responde le hace una extinción: le contesta solo a lo que le interesa.

29:37

Si, de 27 frases que ha dicho la otra persona, hay una a la que puedo contestar… Por ejemplo, de todo lo que te decía antes: “Es que yo siento… porque ayer no me contestaste y para mí es otra situación que no me hizo sentir bien”. Tú imagínate que la persona que quiere hacer la extinción dice: “Ah, a esta frase le voy a contestar, el resto me da igual”. Y le contesta y le dice: “No te contesté porque estaba trabajando”. Y ahí se queda la conversación. Era algo así, ¿no? Entonces, ¿qué siente la persona a la que le responden algo así? Siente que sí, la otra persona ha respondido, pero para el resto de cosas me ha ignorado. ¿Qué significa? ¿Cómo me puedo sentir? Las consecuencias, como digo, son devastadoras.

30:25
Olivia Kossowska. Tiene que ser muy frustrante.

30:26
María Esclapez. Es superfrustrante. Porque puedes volver a insistir: “Oye, es que no me has respondido a todo lo anterior”. Y a lo mejor la otra persona te puede contestar: “Bueno, es que no hay nada más que decir, si ya lo has dicho tú todo”. Y entonces, ahí, todavía peor. Eso sería un buen ejemplo de una comunicación pasivo-agresiva. Una parte activa interesada en la relación, normalmente esta parte de la relación suele ser la parte que se esfuerza, que se sacrifica, que… Una de las ‘red flags’ típicas de las relaciones tóxicas. Y la otra parte es la parte de “me da igual”. Y a lo mejor no es que le dé igual, sino que o no sabe comunicar o se agobia porque… O que realmente sí que le da igual, que esa condición nunca hay que descartarla. Porque es verdad que hay personas que dicen: “Es tu problema, o sea, tú sabrás lo que haces con tu problema”. Esto de la comunicación pasivo-agresiva me lleva a otro término también muy interesante que es el ‘ghosting’. Y el ‘ghosting’… Es que yo creo que no hay más fiel reflejo de eso de “te lo digo todo sin decirte nada” que el ‘ghosting’. Porque el ‘ghosting’ es literalmente no decir nada. O sea, es literalmente desaparecer. Y, ojo, porque no es desaparecer con cualquier persona, es desaparecer con una persona con la que se supone que tienes cierta responsabilidad afectiva. Ese es el problema. Porque muchas veces me preguntan: “Ya, María, pero, si yo lo dejo con mi pareja y decido hacer un contacto cero, ¿eso es ‘ghosting’?”. No. Porque en el momento en que tú rompes la relación con tu pareja ya no hay responsabilidad afectiva. Y, si acaso hubiera alguna, es la de dejar que haga su vida y tú hacer la tuya. “Entonces, ¿no es ‘ghosting’?”. No, no es ‘ghosting’. El ‘ghosting’ es coger y desaparecer.

32:20

De ahí viene esta duda que hablábamos antes también de: yo no sé si mi pareja mañana me va a querer porque hoy está ‘a full’ conmigo, pero mañana a lo mejor desaparece. Y el ‘ghosting’ sucede en relaciones. Es decir, el ‘ghosting’ no solamente es: dejo de hablarte y ya nunca más vuelvo. El ‘ghosting’ muchas veces es: tenemos una relación, has dicho o hecho algo que no me interesa contestarte por lo que decíamos antes, o porque no me veo capaz, o porque no tengo habilidades, o porque no me interesa, y desaparezco. Y a lo mejor a las tres semanas vuelvo. Volvemos a ver el reflejo de la intermitencia en este tipo de situaciones. Las consecuencias para la persona que sufre ese ‘ghosting’ son increíbles, devastadoras. Lo primero, porque como tú decías antes es frustrante. Es humillante. La persona se siente anulada porque no has respondido a algo que a lo mejor para mí era importante, o no, pero si se supone que tenemos algo, oye, vale que yo entiendo que tú estás trabajando o estás haciendo tu vida y que, evidentemente, no vas a estar pegado o pegada al móvil 24/7. Pero pasan los días ¿y no me contestas? Pasan las semanas y te veo por ahí en las redes sociales de fiesta, con los amigos, amigas, tal ¿y pasas de mí? Eso es un ‘ghosting’. Las personas que hacen este ‘ghosting’ yo no sé si son conscientes de que lo están haciendo, eso lo primero. Pero sí sé que hay personas que sí son conscientes porque, aunque se lo digas, lo siguen haciendo.

34:06

Puede ser, como decíamos antes, que no sepan, que no tengan herramientas, que, no sé, era un tema muy complicado o que entiendan que tú vas a reaccionar como ellos o ellas, que como a mí no me cuesta desconectar y yo soy capaz de irme como si nada y volver como si nada, pues lo mismo la otra persona también. Pero no están practicando la empatía, no están practicando la responsabilidad afectiva y es básico para poder tener una relación sana.

34:32
Olivia Kossowska. Y hablando de conceptos, quería preguntarte sobre el concepto de «luz de gas».

34:37
María Esclapez. Consiste en manipular a la otra persona, manipular su realidad, es decir, hacerle dudar de su propia cordura. Invalidaciones emocionales: “Ay, pues qué tontería. Esto que me estás diciendo tampoco es para tanto, chica. Que… ¡Qué exagerada eres!”. O exagerado. Esto pasa en hombres y en mujeres. Entonces, la persona a la que le viene este mensaje dice: “Ah, pues a lo mejor esto que estoy pensando quizás no es para tanto”. Fíjate, ahí ya empiezan a dudar de su propia cordura. Luego hay mensajes más directos que ya no son tan pasivo-agresivos, ya son más agresivos del tipo: “¿Estás loca? Esto no ha pasado nunca, te lo estás inventando”. Pero esto no llega de primeras. Esto es, como yo digo, el puñetazo más fuerte, donde tú ya te das cuenta de que realmente esta persona te está manipulando, te está controlando, que no te quiere. Pero antes de llegar a ese punto, has pasado por todo lo anterior. Has pasado por el ‘ghosting’, has pasado por el sincericidio, has pasado por la intermitencia, por la sensación de sacrificio… Todo lo que hemos ido mencionando hasta ahora. Entonces, cuando llega este punto en el que tú empiezas a dudar de ti misma y empiezas… Yo es que esto lo has vivido. Y, jolín, para mí, es… Es impactante y es muy emocionante porque se pasa muy mal. ¿Cómo una persona que se supone que me quiere me está invalidando de esta manera, me está cuestionando, me está haciendo sentir insegura y me está invitando a que siga aún más en el bucle en el que ya estoy?

36:26

Te voy a contar mi historia. Mi historia con el ‘gaslighting’ o la luz de gas. Yo un día conocí a un chico saliendo de fiesta y me pareció maravilloso. De hecho, fuimos quedando cada vez más. Las citas eran superbonitas, todo era muy bonito. Yo imaginaba una vida con él. Y, de repente, todo empezó a cambiar. No sé todavía cómo, pero aquellas cosas que eran tan bonitas seguían siendo bonitas, pero al mismo tiempo empezaron a aparecer algunas cosas no tan bonitas, algunas cosas que hacían saltar mis alarmas, dudas. Yo intentaba transmitir estas dudas a mi pareja porque es importante la comunicación y le preguntaba acerca de lo que a mí me rondaba por la cabeza. Mis dudas iban en torno a que él pudiera tener otra relación con otra persona y cuando yo le preguntaba, él siempre me ponía alguna excusa y me decía o me justificaba. ¿Por qué voy a dudar? ¿Por qué voy a seguir haciendo caso a todas estas rumiaciones que estoy teniendo en mi cabeza?
El caso es que fue pasando el tiempo y estas cosas se seguían repitiendo y yo seguía con mi runrún porque no entendía cómo, por un lado, me decía unas cosas y yo estaba viendo otras. Yo, presa de esta relación, como ya te puedes imaginar, dependiente, tóxica, la autoestima por los suelos… Yo me aferraba aun así a esa relación, pensaba que el amor todo lo puede. Pero eso no es verdad, porque el amor no todo lo puede. Pero, aun así, mi esperanza me invitaba a aferrarme a esa situación que en realidad me estaba generando mucho dolor. Hasta que, como digo, un día, yo estaba en una cafetería y, de repente, veo aparecer a una chica que a mí me sonaba mucho porque ya la había visto previamente en redes sociales, en fotos varias. De estas de fiesta o… Bueno, en fin, fotos. Y, claro, yo me quedé así, paralizada. Y dije: “Por favor, que no venga, que no venga”, pensaba yo, “que no venga hacia mí, que no venga”. Y, efectivamente, vino hacia mí y me dijo: “Oye, ¿tú eres María, la novia de Mario?”. Y le dije: “Sí”, con esta cara que te estoy poniendo yo ahora de desconcierto total. Y me dijo: “Vale, pues yo también”. Claro, imagínate… Me acuerdo ahora y me pongo muy nerviosa porque realmente fue un palo muy gordo.

39:22
María Esclapez. Aun así, aún con esas, yo dudaba de ella y decía: “No. No, no, porque el amor todo lo puede y él me quiere. Entonces, él me está diciendo la verdad”. Pero conforme esa chica hablaba, yo veía que sabía muchas cosas. Y me dijo: “Mira, María, vamos a hacer una cosa. Te voy a dejar mis claves de la red social por la que yo he estado hablando con él todo este tiempo para que veas las conversaciones que hemos tenido y para que veas que, efectivamente, tengo razón en lo que te estoy diciendo, porque necesitas saberlo, mereces saberlo, porque ha sido mucho tiempo. Mucho tiempo en el que nos ha tenido engañadas a las dos, porque yo supe de ti de casualidad”. El caso es que con estas claves yo fui a mi ordenador, me acuerdo perfectamente…

40:32

Bueno, en todas las firmas, la gente viene a contarme su experiencia y lo que ha vivido, lo que ha sufrido, lo que le ha ayudado el libro… Pero en una de ellas, que fue en Barcelona, vino una chica que le había pasado lo mismo. Y la pobre no podía ni hablar y me dio una pena… Y le dije: “Creo que es el momento de no tener a Marios en tu vida”. Y lo entendió perfectamente.

41:05

Volviendo al relato… Es que me emociono porque yo me acuerdo de lo que pasé en ese momento y me acuerdo de estar en mi habitación de adolescente con todos los recuerdos, porque esta no era la única vez que a mí me había pasado algo así, y yo pensaba: “Otra vez no, otra vez no, otra vez no”. El caso es que cuando ya estaba metiendo esas claves pensaba: “Por favor, que me dé error”. No me dio error, fueron claves correctas y entré al perfil. Entré a los mensajes directos y vi conversaciones entre ellos desde hacía meses. Conversaciones en las que yo veía a esta chica, llamada Ángela, en las que ella realmente… O sea, me vi muy reflejada en ella porque era como yo. Ella tenía la misma ilusión que yo, tenía las mismas ganas de ver a esta persona que yo, le quería tanto como yo. Y cuando terminé de leerlo todo, me quedé mirando al infinito durante días, como un alma en pena por mi casa, pensando: “¿Qué acaba de pasar? Tengo que romper con esta realidad paralela, ficticia, imaginaria que yo me había montado en mi cabeza y tengo que salir de aquí”. Me pareció superimportante lo que hizo Ángela.

42:35
Olivia Kossowska. También hay que ser valiente.

42:35
María Esclapez. Para mí… Hay que ser muy valiente, mucho. Porque además ella lo hizo en persona. Ella vino a hablar conmigo. Y pienso… Es que me acuerdo perfectamente de ella acercándose como a modo ‘flashback’. A veces me viene y pienso: “Uf, menos mal que lo hizo, que se atrevió. Menudo acto de sororidad que acaba de hacer esta mujer”. ¿Qué tipo de persona es capaz de vivir dos vidas paralelas sin importarle ni un ápice lo que pueda sentir cada una de estas personas? En este caso, Ángela y yo. Y me imagino que, igual que lo hizo con nosotras, lo haría con muchas más.

43:11
Olivia Kossowska. Eso.

43:12
María Esclapez. Porque encima él se hacía la víctima después de todo. Él seguía aún excusándose para seguir siendo la víctima.

43:20
Olivia Kossowska. Está claro que él culpa no tenía de nada.

43:22
María Esclapez. En absoluto. Responsabilidad cero, pero ¡en ningún momento! Ni quería asumirla.

43:28
Olivia Kossowska. Entonces, ¿crees que es posible mantener una relación de amistad con un ex tóxico?

43:34
María Esclapez. No. Rotundamente no. No con un ex tóxico, sino con una persona con la que has tenido una relación tóxica. Porque las personas tóxicas, como tal, no existen. Existen las relaciones tóxicas, los vínculos tóxicos. Piensa que en una relación tóxica ha habido muchos altibajos, ha habido una dinámica de adicción, ha habido un aprendizaje que es muy difícil eliminarlo de la noche a la mañana. Y porque en una relación tóxica no se tiene lo básico que hay que tener para poder tener una relación sana, que es la responsabilidad afectiva, el respeto, la confianza y la tranquilidad. Si eso no lo ha habido en la relación tóxica, ¿por qué lo iba a haber en una amistad? Podríamos decir que para tener una relación sana tenemos que ser mejores amigos y, luego, en pareja. Pero si no tenemos el ser amigos porque un día no me contestas, al otro me castigas haciendo conductas pasivo-agresivas, al otro yo también manipulo y hago cosas para… Si nos hemos tratado tan mal, ¿qué nos hace pensar que ahora de repente la amistad vaya a surgir y vaya a salir bien? No tiene ningún sentido. Es importante no tener ningún estímulo cercano que nos recuerde a esa persona ni a lo que tenga que ver con esa persona. Y aquí te voy a hablar de un concepto superimportante y es una de las herramientas más interesantes para trabajar una ruptura dependiente, que es el contacto cero.

45:19

El contacto cero, como su propio nombre indica, es no tener ningún contacto con esta persona. En ningún sentido. Como digo, ni directo ni indirecto. Es decir, no puedes hablar con esta persona, no puedes verle en redes sociales, hay que bloquear a esta persona. “No es que me duele porque es que…”. Ya lo sé que te duele, pero si tú quieres avanzar y quieres hacer un duelo, necesitas poner punto final a esta relación. Si no, siempre vas a estar ahí enganchado o enganchada a esa relación, a esa persona, a todo lo que tiene que ver con el sufrimiento, que es por lo que estás dejando esta relación. Ni familiares, ni sitios que solías frecuentar, ni cosas que te recuerden a esta persona que tengas por ahí encima. O sea, contacto cero absoluto. Es muy importante. Claro, es tan difícil también hacer el contacto cero. Hace falta mucha fuerza de voluntad, mucha. Y nadie es perfecto, nadie es infalible. Yo misma, mis pacientes, no hemos respetado muchas veces ese contacto cero, hasta que al final, un día, parece que caes del burro y dices: “Ahora sí”. Escuchas esa vocecita interior y dices: “Venga, ahora sí, por amor propio”. Pero hasta que llega ese día, a lo mejor vas recayendo sin darte cuenta y te pierdes. “No es que yo lo he hecho, pensaba que lo estaba haciendo bien, pero no me funciona el contacto cero”. Imposible. Algo estás haciendo mal. Vamos a repasar qué es. Y aquí yo trabajo con una teoría que se puede aplicar prácticamente a todo, porque es una teoría muy flexible, pero a mí me gusta aplicarla al contacto cero, en este caso. Y es el punto de no retorno.

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El punto de no retorno, para trabajarlo, primero tenemos que elaborar una lista de todos aquellos estímulos que nos supongan una carga emocional alta. Con “estímulos” me refiero a cosas que pasen alrededor o cosas que pasen dentro de mí, pensamiento o recuerdos, pero que de alguna manera estén relacionados con esa relación. Y yo hago esa lista. Y una vez hecha esa lista, entonces, pienso el punto de no retorno. Yo lo dibujo como si fuera una escalera. Primero hago esa escalera, luego hago una curva hacia arriba y luego una hacia abajo. En esta escalera van los estímulos de alta carga emocional. Cada escalón sería un estímulo concreto y los vamos a hacer y los vamos a colocar en orden, como la escalera que va subiendo. Cada peldaño, un estímulo. Y cuando esos estímulos han llegado a una carga emocional lo suficientemente alta como para disparar ese punto de no retorno, que implica que ya no puedo volver atrás, no puedo volver a bajar los escalones, sino que ya el cuerpo reacciona de manera impulsiva, entonces, es como que ya estoy totalmente perdido o perdida y solo me queda ceder ante ese impulso. ¿Por qué cedemos ante este impulso? Porque hay una parte del cerebro, la amígdala, que es como la torre de control de las emociones. En el momento en el que el punto de no retorno llegamos a él y se activa, se activa la amígdala. Se produce lo que conocemos en Psicología como secuestro amigdalar. Y la amígdala, vamos a ponerle voz. La amígdala dice: “¡Ueh! ¡Desmadre! Voy a hacer lo que yo quiera”. Literal. Secuestra a la parte racional del cerebro. La parte racional no existe. Es decir, todos estos ejercicios de antes de: lo que quiero y lo que tengo, costes y beneficios… Todo eso no existe. La amígdala manda. La amígdala tiene el poder. Lleva el timón del barco y el barco va a ningún sitio. Imagínate.

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Entonces, claro, la amígdala va a hacer lo que quiera y la amígdala dice: “Volver. Vamos a volver con esta persona. O vamos a acostarnos con esa persona. O vamos a quedar con esta persona. O vamos a… ¡todo!”. Todo mal. Pero es que es la amígdala. Y a la amígdala no se la puede frenar. Por eso la curva sube hacia arriba y una vez ya llega arriba del todo, ya la hemos liado. Entonces, solo le queda bajar. Porque después de la activación solo queda calmarse. Y cuando nos calmamos y entramos ya en la fase de estar en frío, digamos, emocionalmente hablando, la parte racional despierta y dice: “Oye, ¿qué ha pasado aquí? ¿Qué has hecho?”. Es donde empezamos a sentirnos culpables. “Ay, es que yo no quería, yo lo he hecho todo mal, no sé qué…”. Es tan difícil parar a la amígdala… Cuando la amígdala dice: “Aquí estoy yo”, ahí está ella. Y hay que frenarla mucho antes de llegar. Por eso la teoría del punto de no retorno. Por eso es importante saber qué estímulos me pueden desencadenar esa activación para no llegar a tener esa alta carga emocional y frenar en el primer escalón. Por ejemplo, yo tenía una paciente, Gema, que Gema lleva tres años intentando dejarlo con su ex. Una relación súper tóxica, bueno, no te puedes ni imaginar. Y yo le decía: “Gema, vamos a trabajar en serio. Necesitamos romper definitivamente”.

50:33

Hicimos la lista, hicimos el punto de no retorno y nos dimos cuenta de que el primer escalón era una cosa ‘superrandom’, que a lo mejor ni te imaginas. Era que coincidían ambos en el mismo gimnasio. Y ella me decía: “Ya, pero es que yo no hablo con él”. Y yo le decía: “Ya, cariño, pero es que la posibilidad está ahí. Entonces, esto no es un contacto cero del todo”. “Pues no sé qué más hacer porque lo tengo bloqueado”. Desesperación pura. Yo la entendía perfectamente porque he pasado también por ahí. Le decía: “No, cámbiate de gimnasio. Sé que esto te fastidia porque es, de alguna manera, romper con tu rutina, pero es importante porque estás dejándole ahí la posibilidad de que él vaya a hablar contigo”. Y, efectivamente, así sucedía. Ella iba al gimnasio después de a lo mejor dos o tres semanas con el contacto cero perfecto. Ella iba al gimnasio casualmente él coincidía. “Casualmente”, ¿vale? Y hablaba con ella. Esto fue una de las veces. Entonces, claro, ese era el primer escalón. Segundo escalón, que hablaba con ella. Tercer escalón, que luego en casa lo desbloqueaba. Cuarto escalón, que hablaba con él. Quinto escalón, que quedaban. Eso ya no había quien lo frenara, porque encima se sentía culpable. “No, es que ya no sé cómo hacerlo”. “No te preocupes. Esto es… Todo está aquí dentro. Y la amígdala es un poco cabezona. Hay que manejarla muy bien. Pero vamos a hacerlo así”. Y, efectivamente, haciéndolo así, durante mucho tiempo, porque esto hay que practicarlo, al final, lo consiguió y estoy superorgullosa de ella porque a día de hoy es una persona muy feliz.

52:09
Olivia Kossowska. Y para finalizar, quería preguntarte entonces cuáles son las características de una relación sana.

52:18
María Esclapez. Bueno, quizás ya podemos ir uniendo fichas y atando cabos de todas las cosas que he dicho, pero una relación sana, al fin y al cabo, es una relación tranquila. Un refugio emocional, podríamos decir. Puede haber conflictos, sí. Pero los conflictos son una oportunidad para comunicar, para expresarnos y para que la relación evolucione, no para enfrentarnos. Los conflictos son una oportunidad para seguir demostrando que somos un equipo y que los problemas, aunque sean de la relación propiamente dicha, los podemos afrontar, pero como un equipo. Que encuentro apoyo en mi pareja, que hay respeto, que hay confianza, que estoy tranquilo o tranquila. Que puede haber problemas en la vida, por supuesto. Pero, en lo que respecta a la relación, no tengo la sensación de que pende de un hilo constantemente, sino que tengo un apoyo seguro, tengo una seguridad y una estabilidad emocional dentro de esa relación. Que paso tiempo de calidad con mi pareja, que trabajamos la comunicación y nos esforzamos para poder trabajarla de una manera correcta. Nos esforzamos, no nos sacrificamos. Y que, al fin y al cabo, aunque pasen cosas que no nos gusten, cosas malas, digamos, siempre vamos a estar juntos o juntas ante esas adversidades porque somos un equipo.

53:42
Olivia Kossowska. Pues mil gracias, María. Yo creo que tanto a mí, como al público que nos vaya a ver le va a parecer esto muy útil. Gracias de verdad por compartir toda esta información con nosotros y estoy muy agradecida de haber compartido ese ratito contigo.

53:54
María Esclapez. Muchas gracias a ti, Olivia. Espero que así sea, que tú también hayas aprendido mucho, que aprendamos todos y que sigamos evolucionando como personas y también como parejas.