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El meu sogre i Maradona. Una història que (gairebé) acaba en desastre

Eduardo Sacheri

El meu sogre i Maradona. Una història que (gairebé) acaba en desastre

Eduardo Sacheri

historiador i escriptor


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Eduardo Sacheri

Eduardo Sacheri és historiador, guionista i un dels escriptors argentins més llegits de l’actualitat. Autor de novel·les, contes i assajos, la seva obra explora els vincles, la memòria i els gestos mínims que revelen allò humà. Amb sensibilitat i humor, ha portat les seves històries de l’aula al cinema, mantenint sempre un diàleg profund entre la literatura, la història i l’educació.

Sacheri reflexiona sobre la literatura com un territori on es creuen la memòria, la identitat i l’educació. Amb un estil proper i profund, parla del poder de les paraules per ordenar el món, per donar sentit al passat i per acompanyar la vida quotidiana.

Des dels seus inicis com a docent fins a la creació de les seves novel·les i relats, fa un recorregut pels premis Òscar i els premis Nobel, l’afició d’Independiente d’Avellaneda, les aules, la guerra de les Malvines i la història de Rússia.


Transcripción

00:03
Eduardo Sacheri. ¿Cómo están? Bueno, gracias por venir. Supongo que entre nosotros hay gente que trabaja de lo que siempre soñó. Y hay gente que trabaja de lo que la vida, accidentalmente, la fue llevando a hacer. Y ese es mi caso. Yo soy licenciado en historia. Eso es lo que estudié en la universidad cuando terminé mi escuela, mi bachillerato, y me encontré, algunos años después, pensando con mi mujer en ser padres. Nos casamos jóvenes y ya casados, empezamos a pensar en esto de tener hijos: un hermoso sueño y un gran desafío, esto de pensarme padre porque había perdido a mi padre a los diez. Entonces se me dio por no dormir hasta que una noche me levanté y le escribí una carta a mi padre. Escribí esa carta y me fui a dormir. Y conseguí dormirme. Y eso me permitió descubrir que expresar ciertas cosas, yo soy medio callado en general, que expresar ciertas cosas me serenaba, me tranquilizaba, me aflojaba. Lo que empecé a hacer a partir de ahí fue escribir cuentos. Es decir, no seguí escribiendo directamente a nadie, ni directamente sobre mí, sino empecé a enmascarar, dentro de historias inventadas, cosas que sentía, cosas que pensaba, cosas que temía, cosas que deseaba… Cuentos que los escribía y los dejaba en mi mesa de luz. Y mi mujer, aquí presente, no la vamos a señalar pero está presente, empezó a leerlos y decir: “Esto está bueno”. Yo pensaba: “Bueno, sos mi mujer, es lógico que me estimules y que me abrigues con tu elogio”. Le dije: “Por favor, no hagas nada con esto”. Y mi mujer, haciendo gala de una lealtad a toda prueba, empezó a repartir esos textos entre la familia y los amigos sin decírmelo a mí. Y mi familia y mis amigos hicieron lo mismo: “Esto está bueno”. Y a mí me empezó esta doble sensación, que no me ha abandonado en 30 años, de pudor y alegría mezcladas difícilmente. Pudor, porque cada vez que algo que escribo llega a otros hay una sensación como de estoy desnudo

04:22
Eduardo Sacheri. ¿qué es?” “Es un cuento de un fulano que se llama Eduardo Sacheri y me lo dejó en la puerta”. “¿En qué libro está?” “En ninguno, no es un libro”. Bueno, y aquí estamos. Y esto para mí es un gran equívoco que me hace muy feliz, pero que siempre hay algo en mí que teme que alguien chasquee los dedos y desaparezca. Bueno, supongo que aplauso habrá solo después de esta introducción. Les pido que no aplaudamos más, porque si no voy a convencerme de que hay un futuro político guardándome. Licenciado en historia, escritor, presidente del mundo o algo así.

05:11
Mujer 1. Hola, Eduardo. Para mí es un placer estar aquí y conocerte. A mí la vida me ha llevado a ser directora del Colegio Mayor Argentino en Madrid. Y a propósito de que te convertiste en escritor por accidente, te he oído decir, y acabas de decir, has hablado sobre ello, que escribimos para comunicarnos con los muertos. ¿Qué significa eso?

05:37
Eduardo Sacheri. El pasado es la gente que lo habitó. El pasado es, sobre todo, la gente que perdimos. Mi primer gran duelo, sin duda, fue la pérdida de mi padre. Pero, por otro lado, toda nuestra vida está llena de duelos. No solo de duelos, pero hay un montón de duelos porque vamos perdiendo, aunque seamos conscientes de cosas buenas que nos van sucediendo. No solo vamos perdiendo a personas que amamos, vamos perdiendo juventud, vamos perdiendo cabello, vamos perdiendo sueños, vamos perdiendo cosas que nos agradaban. A su manera, toda mi literatura es despedirme buenamente de algo.

06:31
Hombre 1. Eduardo, cuando hablás del accidente de ser escritor, quiero decir, el éxito también puede que llegue por casualidad, por azar, por accidente. Mi pregunta es: ¿qué tenías en mente cuando mandabas esos cuentos a la radio?

06:50
Eduardo Sacheri. En un punto, ganarle una discusión a mi mujer. Qué mezquino suena, pero qué humano, al mismo tiempo. En el sentido de que yo realmente no le tenía fe a esos textos. Yo no estudié para escribir ficción, era un equívoco que había que resolver. Que en la radio ignoraran esos textos era como un modo de corroborarlo. Pero les reconozco que, por otro lado, estaba ese mínimo gusanito del deseo de estar equivocado y de que ella fuera la que tuviera razón. Entonces, recuerdo llegar a la radio con tres cuentos, de fútbol, insisto, por esta cuestión de la temática del programa, un día de semana, no los sábados cuando se emitía, y que lo recibieran. Digamos, encontrarme con un conserje de la radio y decirle: “Traigo esto para el programa ‘Todo con afecto’”, que era el nombre del programa del periodista Alejandro Apo. Dijeron gracias” y lo tiraron en un anaquel donde había un montón de sobres diversos destinados a ese programa. Y yo dije: “Listo

09:57
Eduardo Sacheri. Pasaron cuatro años. Cuando yo tenía dos o tres cuentos de fútbol iba a la radio, se los dejaba al conserje y me iba. Eso creo que estuvo bien. Vieron, cuando uno mira para atrás dice, porque no me ganó la ansiedad, que creo que es un enemigo fuerte que tenemos. Ojo, también puede pasar que las cosas se marchiten por no alimentarlas, pero en mi caso creo que me vino bien esto de ir lentamente hasta que eran 15 los cuentos que había leído este periodista y eso ya era un libro. Pero claro, como estaba todo emitido por radio, una editorial dijo: “¡Ah, qué interesante! Sentate y conversemos y publiquemos este libro”.

10:54
Manuel. Hola Eduardo, soy Manuel. Un gustazo poder escucharte. Si hay algo que nos caracteriza a los argentinos es la pasión, y en particular por el fútbol. Sé que no te perdés ni un partido del rojo, el Independiente de Avellaneda. ¿Qué tipo de hinchas sos y qué lugar ocupa en tu vida?

11:12
Eduardo Sacheri. El fútbol ocupa un lugar importante en mi vida, muy importante. Por suerte, suelo pensar, salvo cuando al Independiente le va muy mal, que ahí pienso que es una condena el amor a un equipo. Pero digo “por suerte” porque es bueno, me parece, tener un juego. Pero cualquier juego tiene esta cualidad de reproducir la vida en pequeño. Reproducirla, pero más simple. Es una metáfora perfecta de vida y de muerte. Ganar es vivir. Perder es morir. Y es así. Y cuando jugamos y nos apasionamos por eso a lo que estamos jugando, o un equipo está jugando en nuestro nombre, todo desaparece. Porque la vida queda ceñida a ese pequeñísimo objetivo de introducir un balón en un aro. Todo juego analizado desde afuera es muy tonto porque desprovisto, despojado, de su contexto o de su significado más que de su contexto, todo juego es casi nada. Y quien ve jugar a otro, un juego que uno no entiende, es un acto inútil, ridículo, gratuito. Pero precisamente la clave está en todo lo que uno deposita ahí mientras juega. Todo lo que deja salir. Y en mi vida personal el fútbol fue clave, por ejemplo, para hacerme amigos. Ese típico caso del niño que lee mucho y que juega en su casa y tiene mucha imaginación, entonces arma grandes juegos solitarios. Y cuando muere mi padre, mi casa se convierte en un velorio. Más que en un velorio, en un desierto, porque mi madre tiene que trabajar mucho más, mis hermanos ya están en la universidad y no es la misma soledad esa no elegida a partir de los diez que la anterior. Por suerte había un barrio a mi alrededor, había una calle y había una pelota de fútbol. Entonces, “ah, hay una pelota, podemos jugar”. A ninguno de estos chicos les gusta ir al arco, ser portero. No tengo problema. ¿Me gusta particularmente ser portero, ser arquero, como decimos en Argentina? No, pero me gusta que me necesiten. Me gusta que me reciban con los brazos abiertos porque tienen arquero. Unos años después, cuando tenga que entrar al bachillerato en una escuela gigantesca donde soy un ser anónimo, insignificante, ¿cómo empiezo a tratar a los otros chicos?, con una pelota de fútbol.

14:42
Eduardo Sacheri. No hay arquero. ¿Tengo talento? No, pero tampoco temo rasparme las rodillas, lastimarme los codos, desencajarme la quijada o romperme dos o tres dedos. Miren este. Bueno, eso es el fútbol para mí. Y, por añadidura, Independiente. ¿Qué llegué yo a disfrutar con mi padre?, Independiente. El fútbol jugado en la vereda, en la acera. Entonces, cuando Independiente pierde yo envidio a los que no aman a un club. Porque no tienen estas tristezas, encima ridículas. Uno sabe que es ridículo. Pero bueno, hacemos tantas cosas ridículas. Soy de esos hinchas que en la cancha, en el estadio; inexplicablemente soy tranquilo. O sea, a mi alrededor la gente enloquece mucho más que yo, habitualmente. No sé, como si el hecho de estar en comunidad viendo a otro montón de personas que sienten lo mismo o están pasando por las mismas emociones, a mí me calmara. Donde me vuelvo loco es cuando, bueno, escuchaba un partido por radio o lo veía por televisión. Ahí me compenetro de una manera ridícula, bueno, siempre es ridículo, pero saltar a cabecear, patear… Y, particularmente, probablemente ustedes sepan lo importante que para la Argentina, en la Selección Argentina de fútbol y la población de Argentina, fue el Mundial 86. México, Maradona en su mejor momento y, por cuartos de final, Argentina juega contra Inglaterra. Cuatro años después de la Guerra de Malvinas. Vieron que no hay por qué mezclar la nación con el deporte, pero se mezclan. Para la Argentina, esto de enfrentar a los ingleses en el Mundial, en un partido eliminatorio, generó un nivel de ansiedad atroz. Vieron cuando todo un país se pasa días en un nivel de tensión, porque claro, ganarle a Inglaterra era nada, porque ningún soldado reviviría por ese triunfo. Pero perder con Inglaterra, o sea, pensémoslo en ese sentido, hubiera sido empeorarlo todo. O sea, el nivel de ansiedad era absoluto, salvo para la familia de mi novia. Yo estaba de novio desde el año anterior.

17:48
Eduardo Sacheri. Y la familia de mi novia al fútbol le daba muy poca importancia. Gente del tenis. El fútbol, veían el Mundial, pero sin mayor compromiso. Con una cosa muy de la época: yo no era el novio de la nena, yo era el novio de la nena. Espero que entiendan esto. Y no puedo llevar más allá mi mano izquierda porque no me da. Era de estos novios que tenían que despedir a su novia en la puerta de la casa y desaparecer rápidamente. Ni hablar de entrar, ni hablar… Pero esta familia decide, después de más de un año de noviazgo, que el domingo es un buen día, el domingo próximo, es un buen día para recibir a este pretendiente con un asado. Agasajarlo con un asado para conocerlo. Cuando mi novia me lo cuenta, cándida, feliz, yo le digo: “¡Ni loco! 22 de junio

21:08
Eduardo Sacheri. A mi alrededor todos gritan y celebran. Yo no salgo de mi perplejidad pensando que van a anular el gol, no porque yo lo haya visto, sino porque el relator lo ha comentado. Pero veo que Maradona llega al banderín del córner y se abraza con los jugadores. Y claro, tímidamente termino diciendo: “Gol, gol”. Lo cual para el novio de la nena está perfecto. El problema es el segundo gol. Cinco minutos después, Maradona recibe la pelota en el campo, de Independiente iba a decir, en el campo de la selección argentina y empieza a esquivar jugadores. Supongo que ubican ese gol. Muchos de ustedes no lo vieron. Vieron una repetición de ese gol, que no es lo mismo. Ustedes saben cómo termina, pero aquí hay gente, me encuentro entre esos privilegiados, que vio eso suceder. Vivió en un mundo donde faltaban tres segundos para que eso pasara. Vivió en un mundo donde podía ser que esa jugada terminara distinta. Donde esa maravilla estética, porque eso es ese gol, además de una maravilla poética en el sentido griego de lo poético, se materializara. Pudo no pasar, pero pasó. Y cuando pasa, yo tengo como una ausencia. ¿Vieron que uno a veces pierde la noción de dónde está? Cuando recupero la conciencia estoy trepado a una ventana. Una ventana de esas altas de cocina. O sea, que arrancan acá arriba. Aferrado como si fuera un primate muy poco evolucionado, comentando cierta enemistad con el pueblo inglés, en términos no del todo civilizados. Cuando tomo conciencia de lo que estoy haciendo, o sea, piensen que la conciencia viene mientras yo me balanceo, digo: “Esta gente me va a echar, naturalmente”. ¿Yo qué haría si viene un pretendiente y termina…? Por fortuna, mi futuro suegro, mi futuro cuñado y mi futura suegra y mi futura esposa siguen incrédulos, mirando la pantalla.

24:14
Eduardo Sacheri. Porque para ellos también, aunque el fútbol no les gustara tanto, sabían que habían visto algo histórico. Yo me bajo lentamente. Borro las marcas de las suelas de la pared. Levanto la silla del piso que aparentemente tiré en algún momento. Me acerco al grupo que mira la tele y digo: “Qué golazo, ¿eh?” Y sobrevivimos y aquí estamos.

24:55
Hombre 3. Hola, Eduardo. ¿Cómo va? Tenía pensado preguntarte qué preferirías, si preferís ganar un Nobel de Literatura o hacer un gol en el Mundial, pero dando a entender que vos sos arquero, es: ¿preferirías ser el Dibu Martínez más que ganar este estilo? Ya que estamos, encima Independiente, como vos, hincha del rojo.

25:15
Eduardo Sacheri. Mirá, en realidad les completo mi biografía como futbolista, que sé que es un tema medular, pero no viene mal para completarlo. Cuando tuve 20 años dejé de jugar al arco y empecé a jugar como mediocampista con la misma falta de talento que como arquero, pero con mucho despliegue físico y con mucha menos responsabilidad. Cada puesto en el fútbol tiene su psicología y sus exigencias. El puesto de portero, de arquero, es muy exigente y está muy desbalanceado entre los pesares y los placeres. El arquero hace diez cosas bien y un gran error y todo el mundo se acuerda del error. Un delantero hace diez cosas mal y una cosa bien y mete un gol, todo el mundo se acuerda de su gol. Ser simplemente un potro salvaje en el mediocampo se parece más a esa inconsciencia de los jugadores de campo. Aclarado esto: ¿Un Nobel de Literatura o un gol en el Mundial? En la final del Mundial. ¿En la final del Mundial? Sí. Vino un genio de la lámpara y me ofrece: ¿dos años como titular en la primera de Independiente o el Nobel? Dos años en la primera de Independiente, pero sin dudarlo. ¿Dónde firmo, querido genio? Voy a corregir: dos años jugando bien y con la gente queriéndome. No, porque es verdad que si voy a jugar pero la gente me va a insultar, no. Pero ahora, dos años jugando en Independiente siendo querido por la hinchada y siendo aplaudido por la hinchada, el Nobel, ¡vamos! ¿Quién podría cambiar dos años en la primera de Independiente? Por favor.

27:35
Mujer 2. Hola, Eduardo. Gracias por estar aquí. Bueno, dejando un poco a un lado el fútbol y el Nobel, tienes un Óscar. Y entonces, en ese sentido, me gustaría preguntarte cómo te va como guionista y me gustaría también añadir cómo se reescribe un libro para el cine a guion cinematográfico.

27:58
Eduardo Sacheri. La verdad que, entre otros accidentes absolutamente felices de mi carrera, está un Óscar. Porque son toda una serie de accidentes felices los que conducen desde una novela, que a un director talentosísimo como Juan José Campanella se le ocurra decir: Hagamos de este libro una película”

31:07
Eduardo Sacheri. El libro termina siendo lo que uno ha decidido que sea. Los editores opinan, pero uno decide. En el guion uno es degradado a ser uno más en una tripulación cuya cabeza es quien dirige la película. Entonces, uno propone, no decide. Uno hace un montón de cosas que no está acostumbrado a hacer: negocia, argumenta, intenta convencer, propone alternativas y a veces pierde. Y cuando uno pierde, perdió. Por supuesto, uno puede irse con un portazo. Pero si uno se va con un portazo, pierde totalmente el control de lo que se va a hacer. Entonces es hasta preferible relajarse y decir: “Bueno, esta la perdí, espero ganar el próximo round de debate. Y es una lección de humildad porque la novela es la cúpula que corona un esfuerzo.” Un guion es un cimiento sobre el que otros construyen otras cosas. Uno hace el guion, pero después viene quien dirige con su mirada y los actores y las actrices y los técnicos, el montaje. Es decir, cómo se arme finalmente, eso no está en el guion. Eso es un montón de gente trabajando después. Gente que hará su trabajo, que tomará de lo nuestro y descartará de lo nuestro. Por eso te decía esto de la humildad. El mundo del guion y el mundo del cine es un mundo que a mí me encanta, pero es un mundo en el que yo me siento invitado.

33:19
Mujer 3. Hola, Eduardo. Yo quería preguntarte qué te llevó a elegir la Guerra de Malvinas como tema para escribir un libro.

33:28
Eduardo Sacheri. Bueno, es cierto que mi novela más reciente es ‘Qué quedará de nosotros’, que está ambientada en la Guerra de Malvinas de 1982. En la Argentina, las Malvinas son un tema importante, aunque la guerra es un tema del que hablamos poco. Y uno podría pensar, desde otros países que no sean la Argentina: “Bueno, claro, los militares decidieron el desembarco en las Malvinas para recuperarlas y eso desencadenó la guerra contra Inglaterra y, seguramente, la sociedad argentina dijo: ‘No, yo no voy a participar. No vamos a participar de esto porque es una maniobra de los militares para mantenerse en el poder. No vamos a participar porque la diferencia de poderío militar con los británicos es… No vamos a sumarnos a esto porque arriesgamos la vida de nuestros jóvenes soldados’”. Pero sí nos sumamos. No solo nos sumamos, nos entusiasmamos, nos enfervorizamos, nos comprometimos, ovacionamos al general Galtieri, que era el presidente militar de ese momento en la Plaza de Mayo, que es nuestra plaza pública principal. Nos creímos durante más de dos meses que podíamos ganar y cuando las tropas argentinas se rinden, la sensación de la sociedad argentina fue una sorpresa absoluta. ¿Cómo? Casi me atrevo a decir, hasta una sorpresa con tintes de enojo. ¿Cómo nos rendimos? Si estábamos ganando. Si tenemos razón en nuestro reclamo. Y, a partir de ahí, el silencio. Yo recuerdo, yo tendría 14 años, todo era Malvinas. En tu casa solo se hablaba de la guerra. En la escuela solo se hablaba de la guerra. En tu barrio, con tus amigos, solo se hablaba de la guerra. Recuerdo estar en la verdulería comprando y la señora que estaba haciendo las compras delante de mí hablando de los misiles ‘Exocet’ y de los aviones ‘Super Étendard’ de origen francés, que eran los que llevaban los misiles ‘Exocet’. Y yo le entendía porque yo también era un experto en misiles ‘Exocet’. Y después no hablamos más. Y ese es el origen de la novela. ¿Por qué no hablamos más? Nos da vergüenza. ¿Qué problema hay? ¿Nos dimos cuenta después que no debimos ser tan crédulos? Todos nos equivocamos. Pero hacer silencio, un silencio casi impenetrable, un silencio que le impidió durante muchos años a los veteranos de esa guerra, poder contar su experiencia, tener ámbitos donde compartir lo que habían padecido, lo que habían sentido, lo que habían pensado.

37:05
Eduardo Sacheri. Creo que no es bueno. Y la ventaja de la literatura, de que sea una novela porque es una novela, ‘Qué quedará de nosotros’, es que no tiene el rigor de un libro de historia. La literatura es una invitación. Esa es una de las cosas más hermosas del arte. Lo libre que es. Es tocarte un hombro y decirte: “Tal vez hace mucho que no pensás en esto”. Piénsenlo por un minutito. Pongamos que somos de países latinoamericanos, europeos, la noción de una guerra sobre nuestras cabezas no es algo que hayamos vivido, en general. Podemos caer en el equívoco de pensar que el ser humano es un ser pacífico. Y vivimos en una excepción, en una venturosa excepción. Es raro que varias generaciones sucesivas no padezcan una guerra. Cuidado porque este equilibrio es delicadísimo. Esas son las razones para escribir una novela sobre la Guerra de Malvinas.

38:28
Martín. Hola, Eduardo. Encantado de verte. Soy Martín. He ejercido varios años como docente en la Universidad Pública de Argentina y admiro esa vocación que mantienes. Ese compromiso con la educación, con la juventud, además de ser un, ya consagrado, escritor y exitoso. ¿Cómo convive esa dualidad y cómo eres tú como profesor?

38:54
Eduardo Sacheri. Claro, en la época esa que les decía antes de los cuentos en la radio yo era un profesor de historia que escribía cuando podía. Ahora soy un escritor que da unas clasecitas los días lunes, por la mañana. Cuando yo me fui aventurando con los libros, claro, los libros hay que escribirlos, tienen sus tiempos, y yo, en este momento de mi vida, puedo decir: “Tengo el raro privilegio de que puedo vivir de mis libros”, y eso es rarísimo que pase. Se tienen que dar un montón de felices accidentes para que semejante cosa suceda. Pero en el durante, como con mi mujer somos así muy prudentes en nuestro manejo del patrimonio familiar, siempre el razonamiento era: “Dejo estas horas de clase y las dedico a la escritura, pero conservo todas las demás. Dejo estas otras y me dedico a escribir, pero conservo todas las demás. Y si la cosa no funciona, recupero todas las horas”. ¿Me comprenden? Eso es un trabajo hecho de parcialidades. Entonces, no es que o estás o no estás. Y eso era muy tranquilizador para mí, en el sentido de: “Tomo riesgos pero no tantos. Puedo regresar”. Y eso fue lo que me llevó de 60 horas semanales a dos. Motivo egoísta. El motivo un poco más altruista es que yo creo que la historia es un conocimiento muy útil y muy necesario. Y yo lo tengo y te lo puedo compartir. Entonces yo digo: “Bueno, aunque sean ahora 35 adolescentes solamente mi público de alumnos y no cientos y cientos como en la vieja época, bueno, tengo algo valioso que enseñarles”. A lo mejor es muy tradicional mi planteo, porque en pedagogía uno puede pensar esto de la enseñanza y el aprendizaje recíproco, que desde lo emocional, sin duda, es así. Pero un momento, también hay un momento tradicional de: “Yo estudié y vos todavía esto no lo sabés. Así que sentate ahí y escuchame”. Por supuesto que el “escuchame”, para un adolescente de 2025 tiene que estar rodeado de algo dinámico, interactivo, etc., etc., para mantener su concentración por un lapso superior a los 14 segundos. Y es todo un desafío. Y les diría que hoy es mi mayor desafío, porque yo estoy envejeciendo. Yo tengo 57 años, soy bastante más grande que sus padres. Cuando yo empecé a dar clase era casi un primo mayor. Entonces había un montón de códigos que me quedaban cerca.

42:33
Eduardo Sacheri. Los 30 años de docencia que llevo, sin duda, implicaron siempre una gimnasia muy interesante y demandante de oído y de mirada, de a ver qué les está pasando y cómo les está pasando y cómo se comunican para ver cómo yo me comunico desde la diferencia, porque yo no soy uno de ellos. Eso es un difícil equilibrio, el que tenemos que hacer los docentes. Porque tenemos que estar cerca, pero no tanto. Porque somos los que tenemos esto para compartir. Te digo que también es verdad que hoy ya me voy preguntando si no es tiempo de retirarme. Porque en algún momento uno pierde esa posibilidad. Porque uno cada vez es menos flexible. Por supuesto que intentamos mantener la flexibilidad, pero bueno, tenemos nuestros límites. Me causa mucha gracia en general cuando me hacen alguna entrevista en Argentina y quien me entrevista se permite un comentario como: “Ay, qué privilegio para tus alumnos tenerte como docente por esto de ser escritor y tener esto…” Cuando los vuelvo a ver el lunes siguiente, si han visto esa entrevista, indignados: “No saben lo que es tenerlo a usted como profesor, no entienden nada”. Se indignan porque soy exigente, tradicional en esto de que no te voy a dar un trabajo práctico para que lo resuelvas con inteligencia artificial, contame, hablame. O sea, vengo no del Paleolítico, del Mesozoico. Vengo con este tipo de planteos. Entonces por eso soy un docente un poco a la antigua, pero tratamos de reírnos.

44:54
Mujer 4. Hola, Eduardo. Gracias por este ratito contigo y te quería preguntar, como escritor y como profesor, ¿cómo crees que se puede hacer para fomentar más la lectura entre los estudiantes, los jóvenes en general y que se conviertan en buenos lectores?

45:10
Eduardo Sacheri. Es difícil fomentar la lectura. Yo siempre hago esta salvedad porque el mundo adulto suele preocuparse mucho por cuanto leen los jóvenes. Y no se preocupa tanto, el mundo adulto, por cuanto lee el mundo adulto. Toda civilización espera de los jóvenes, eso es histórico. Pero está bueno mirarnos a nosotros mismos. Yo creo que una cosa que uno puede hacer, como en todo en la vida, es el ejemplo. Nuestros alumnos aprenden mucho más de lo que nos ven hacer que de lo que nos escuchan decir. No hablo en este caso específicamente de la ciencia que enseñamos. Pero si yo les pido que sean ordenados, me tienen que ver ordenado a mí. O sea, mucho mejor es verme que hago orden. O si hay un papel en el piso, lo levanto y lo tiro a la basura, es la mejor manera de que otro haga lo mismo y no lo tire al piso. Algo que a mí me gusta mucho en general y me parece que es una vieja práctica que el siglo XX perdió, es la lectura en voz alta, con otros. De hecho, en las escuelas más difíciles en las que me tocó trabajar, desarrollé una costumbre que era: después de una buena semana, los últimos 40 minutos de mi clase les leía un cuento. No un cuento mío, un muy buen cuento. Les aseguro que esos adolescentes se portaban bien durante la semana para terminar así. Porque hay otra cosa, hay una magia en la palabra, pero también hay una magia en la palabra bien leída. Muchos jóvenes y muchos adultos no leen bien. Y como somos una civilización de lectura silenciosa, que es mucho más eficiente, por supuesto, quien no lee bien no detecta necesariamente que no lee bien. Cuando el adolescente escucha alguien que lee bien, vincula: “Ah, cuando uno lee bien pasa esto. Esto fluye”. La lectura es una música. Hay un ritmo, hay un tempo, hay unas pausas puestas en cierto lugar y hay unas continuidades necesarias. Quien lee mal no puede sostenerlo y no puede ser placentero. El buen lector asocia, naturalmente, la lectura con el placer. Quien no lee técnicamente bien no puede sentir ese placer. Porque no le dan los tiempos, porque se trabuca, comete errores, en las palabras largas confunde una parte de las letras, capta palabra por palabra y no en un solo golpe de vista varias palabras, y eso es muy difícil de cambiar. Solo se cambia con práctica. Pero de nuevo, sí puede ser la lectura de alguien que lee bien, no que sea un locutor de profesión, alguien que lea bien, es un enorme estímulo. Yo no empezaba con esta práctica al primer mes de clases. Empezaba cuando ya nos conocíamos un poco porque era salir de nuestra disciplina de historia y meternos en otra cosa.

49:25
Eduardo Sacheri. ¿Y sabés por qué lo notaban en la escuela, que yo empezaba? Venía la bibliotecaria y me decía: “Vinieron cuatro alumnos de tu clase a buscar libros”. Les estoy dando la receta del agua tibia. O sea, no es un misterio, no es una práctica compleja. Es alguien que le lee a otro. Esto que te digo, igual no siempre funciona y a los jóvenes les cuesta leer. A mí me causa mucha gracia, a mis alumnos les dan novelas mías para leer. ¿Cómo lo resuelven? El día que tienen una evaluación, si me tienen a mí antes de su evaluación de literatura, me preguntan: “¿Nos cuenta profe su novela?” Por supuesto que se encuentran con una gran sonrisa afectuosa que les dice: “No. Hubieras leído”.

50:34
Mujer 5. Hola, Eduardo. Un placer escucharte. Como historiador, tu labor es ir al pasado para explicar el mundo. Te quería preguntar si las ficciones, para ti, nos ayudan a entender la historia o si más bien nos la falsean y la ocultan.

50:53
Eduardo Sacheri. Yo creo que pueden pasar las dos cosas; que la literatura sea una herramienta de comprensión o que sea una herramienta de falseamiento. Y lo mismo sucede con los estudios históricos más rigurosos. O sea, pueden ser algo que te alumbre el pasado o que también lo tergiverse. Creo, como charlábamos más temprano, esto de que la literatura es una invitación más libre y más subjetiva, más vinculada con las personas que con los grandes procesos históricos. Pero, en general, me da la sensación que las buenas novelas te dejan con ganas de más. El más” a veces tiene que ver con los personajes

53:02
José. Hola, Eduardo, ¿qué tal? Soy José. Mira, a lo largo de tu carrera has escrito muchos relatos, muchos cuentos, muchas novelas que van de muchísimos temas muy variados, que van mucho más allá del fútbol. ¿Qué crees que tienen en común todos ellos y qué novela piensas que todavía no has podido escribir?

53:29
Eduardo Sacheri. Yo creo que tienen en común una cosa rara y feliz al mismo tiempo, que es: “Son modos de explorar mi vida”. Pero eso solo lo sé yo, y la gente que me conoce mucho, hasta cierto punto, pero tampoco hasta el fondo. Para los lectores son historias que, en el mejor de los casos, se han llevado a su propia vida. Ese sería el ejercicio feliz de la literatura para mí. Esto de: “Yo escribo una historia en la que cifro algo de lo que necesito hablar, algo en lo que necesito pensar, algo que necesito expresar, algo que intento entender”. El dolor, el miedo, la paternidad, el deseo, la lealtad, el miedo. Que es algo que, curiosamente, no suelo saberlo mientras escribo. Pongamos, si yo acabo de publicar esta novela sobre la Guerra de Malvinas, el sentido explícito es este que compartimos más temprano. Pero seguro que hay ahí cifradas cosas absolutamente mías que solo me importan a mí y que dentro de un tiempo yo diré: “Ah, a mí me estaba pasando esto. Yo necesitaba hablar de esto. Necesitaba pensar en aquello. Por eso

57:04
Eduardo Sacheri. 30 signos combinados, ad infinitum. Solo 30 signos. De esos 30 signos combinados surge lo mejor del intelecto humano y de la belleza. Del intelecto, porque pensamos con palabras. Cuando intento convencer a mis alumnos de bachillerato de lo importante que es leer, es el modo privilegiado de aprender palabras nuevas. Fíjense que uno aprende mucho mejor las palabras por su contexto que por su definición en el diccionario. Cuando uno en su casa, siendo chico, en lugar de ir al diccionario, preguntaba en su casa: “¿Qué significa esta palabra?”, nos preguntaba: “¿Cómo está utilizada? Y