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La intel·ligència no et dóna la felicitat

Emiliano Bruner

La intel·ligència no et dóna la felicitat

Emiliano Bruner

Biòleg i paleoneuròleg


Creant oportunitats

Emiliano Bruner

Emiliano Bruner és biòleg i paleoantropòleg especialitzat en evolució humana i neuroanatomia. Investigador del Consell Superior d'Investigacions Científiques (CSIC) centra el seu treball en l'evolució del cervell en el gènere Homo, la cognició i els vincles entre ment, cultura i comportament.

Els seus estudis sobre la forma i l'organització del cervell han contribuït a comprendre com l'Homo sapiens ha desenvolupat les seves capacitats cognitives al llarg de la història donant una gran importància a l'atenció i la influència del grup.

Autor de “La maledicció de l'home mico”, Bruner analitza la relació entre intel·ligència, evolució i benestar mental a la societat actual. La seva tasca investigadora es complementa amb una intensa activitat divulgativa que ho ha consolidat com a referent internacional en evolució humana i cervell.


Transcripción

00:00
Emiliano Bruner. Tenemos un cerebro increíblemente complejo. Y gracias a esta complejidad hemos tenido el éxito que hemos tenido como homínido, éxito tecnológico, social. Pero claro, es un cerebro que no se calla nunca. Yo suelo decir que al final somos monos inteligentes y tristes. Precisamente la inteligencia ha sido una de nuestras inversiones evolutivas, pero nos ha conllevado esta angustia existencial que, quien más quien menos, todos sufrimos. Y de allí mi interés para poder unir estas dos perspectivas que raramente se ven integradas. Por un lado, el crecimiento personal, cosa necesaria para tener una calidad de vida decente, el crecimiento del individuo y la evolución humana. Creo que el primer paso, muy difícil, es darse cuenta que podemos ser más felices. La vida es a veces complicada, difícil. Entonces, el primer paso es darse cuenta que efectivamente podemos mejorar nuestra situación, sea cual sea. Creo que el problema principal es este. Muchas personas no saben tener un problema, no saben que pueden mejorar su bienestar por sí mismos o emprendiendo un camino de desarrollo. Fíjense que muchas veces, cuando hablamos de salud mental, automáticamente todo el mundo piensa en aquellos casos que ya han pasado un umbral clínico, un diagnóstico: ansiedad, depresión. Estamos hablando de un umbral donde la persona ya no puede tolerar lo que está pasando. No es capaz de tolerar, de arreglarlo solo. Pero en realidad este discurso vale para todos los demás, para todos los otros, para todos nosotros. Los que no hemos pasado este umbral clínico, los que toleramos, aún así, la mayoría de las veces vivimos una vida donde en diferentes medidas, siempre sufrimos cierta dificultad, insatisfacción, sufrimientos o desequilibrio emocional. No nos encontramos bien con el grupo, no nos encontramos bien con nosotros mismos. Así que, en realidad, cuando uno habla de salud mental no está hablando solamente de los casos que ya han pasado este umbral. Estamos hablando de todos. Hay estimaciones que sugieren que las personas que están en una situación justo un poquito antes del umbral clínico, puede que sean el 80% de las personas. Es decir, decía Confucio que todos tenemos dos vidas y la segunda empieza cuando te das cuenta que tenemos solo una.

03:13
Emiliano Bruner. Entonces, en este sentido, claro, este sufrimiento, esta insatisfacción, este desequilibrio emocional que más o menos perjudica nuestro bienestar, lo asumimos como normal. Efectivamente es normal, lo cual no quiere decir que no podemos trabajar en ello para mejorar mucho o poco nuestra condición. ¿Cuál es el punto? El punto es que si esta condición de insatisfacción, de dificultad, de inflamación psicológica, como la llamo yo, es el resultado también de una programación evolutiva, bueno, este camino es largo. Estamos intentando hackear la evolución. Estamos intentando desprogramar 60 millones de años de evolución de primates. Entonces, está claro que hay cambios que podemos introducir rápidamente para ajustar problemas que podemos tener a nivel personal, emocional, en un momento dado, pero luego, si queremos que nuestra forma de pensar, nuestra forma de vivir la existencia vaya cambiando esto, tenemos que asumir que el camino evidentemente es largo. Sin prisa, porque precisamente la verdadera meta es el camino.

04:46
Rocío. Hola, Emiliano. Yo soy Rocío y quería preguntarte si de verdad somos tan inteligentes como dicta la teoría evolutiva.

04:53
Emiliano Bruner. Es una cuestión súper interesante. Bueno, primero recordar que la inteligencia no es necesaria para la evolución. Insisto, la mayoría de animales que han tenido mucho éxito en este planeta no son inteligentes en el sentido en el que nos referimos a nosotros. Y entonces esto parece no dar ningún problema. Segundo, claro, la respuesta depende de a qué llamamos inteligencia. Hoy en día no tenemos una definición clara sobre qué es esta inteligencia. A nivel psicológico, hoy en día lo que hacemos para trabajar con ese tema es hacer test psicométricos que miden nuestras habilidades y, a través de una puntuación, intentan cuantificar cómo de bien se nos da una cosa u otra. Estos test básicamente están diseñados para resolver problemas. Son test totalmente distintos el uno del otro, pero el objetivo siempre es resolver un problema que se te da y tienes que resolver. Entonces, aquí se crea una circularidad entre el método y la definición. Es decir, hoy en día, muchas veces más allá del debate sobre si existe un factor que llamamos inteligencia o no existe; si este factor es un factor concreto o no; si se asocia a una capacidad específica o no; más allá de todo este debate, tenemos que reconocer que nuestra medición solamente utiliza un método que se basa en resolver problemas. Así que, finalmente, nuestra definición operacional de inteligencia es saber resolver problemas. Entonces, es una definición un pelín estrecha y yo diría un pelín triste, porque nos gustaría pensar que ser inteligente no es solo saber resolver acertijos. Tiene que haber algo más. Entonces, ahí también encontramos una frontera borrosa con un mundo lexical, semántico, difícil de manejar. Yo, por ejemplo, hablo muchas veces de la sabiduría. Una persona inteligente es también una persona sabia. Sabemos perfectamente que hay muchas personas que al momento de puntuar demuestran ser súper inteligentes, pero hacen una vida súper triste o tienen muchos problemas de desequilibrio emocional. Entonces, ¿cómo puede ser eso? Decía mi abuelo: “Vive bien el hombre inteligente”. Pues si tenía razón mi abuelo, el hombre inteligente tiene que vivir bien. Si no vive bien, quiere decir que no es inteligente. Entonces quizás vive bien el hombre sabio más que el hombre inteligente. Yo suelo decir que si la inteligencia es la capacidad de resolver problemas, la sabiduría es la capacidad de evitarlos, que evidentemente cunde mucho más.

08:19
Emiliano Bruner. Porque si eres sabio, no necesitas ser inteligente. Entonces, hay una serie de problemas que al final muchas veces se hace superficial ese tipo de debate. ¿La verdad? La verdad es que muchas veces ser inteligente no es lo mejor que nos puede pasar. La verdad es que no tenemos una definición realmente completa de qué es esta inteligencia. La verdad es que al final lo que nos debería de importar es la calidad de vida y el bienestar, y esto está visto que no depende de la inteligencia. En fin, es un pelín más complejo de lo que podemos abarcar a nivel cuantitativo. Está bien dar peso a la inteligencia, investigar sobre este tema, pero evidentemente recordando que esto no es el objetivo final de nosotros como individuos que necesitamos valores y principios que van mucho más allá de la capacidad de resolver problemas. Fijaos también en una cosa: siempre hablamos de la inteligencia como el máximo de nuestras habilidades. ‘Homo sapiens’, ‘sapiente’ es de sabiduría. Dicho sea de paso, no de inteligencia. De todas formas, ‘Homo sapiens’: “¡Ah, el ser inteligente!” Ya, pero si uno hace un rápido recorrido a los últimos 200.000 años de historia, es suficiente los últimos 2.000 años de historia, pues toda esta inteligencia de ‘Homo sapiens’ no se nota por ahí. La mayoría de la gente sufre, se mata, se roba, por no mezclar con temas políticos. No parece que 2.000 años o 200.000 años de historia de la humanidad delaten de verdad esta gran inteligencia. Y, además, fijaos en una paradoja increíble. Siempre decimos que somos la especie inteligente. ¿Qué pasa cuando una persona es increíblemente inteligente? Que empezamos a mirar con ojo ‘rarito’ y decimos: “Uh, este no es humano”. ¿En qué quedamos? Los humanos somos los que fardamos de inteligencia, pero si una persona es demasiado inteligente, ya nos huele que no es humano. Esto delata que no tenemos bien claro primero, qué es la inteligencia y segundo, si nosotros somos de verdad todo lo inteligentes que fardamos ser.

11:11
Matrona. Hola, Emiliano. Soy Matrona, estudio neurociencias y te quería preguntar: ¿cómo puedo hacer para organizar mi cerebro y no agotarme con las tareas que tengo que hacer cada día?

11:23
Emiliano Bruner. Hoy en día ya tenemos muchos recursos para emprender un crecimiento personal: culturales, técnicas, prácticas, la meditación, el mindfulness. En mi caso, creo que es la herramienta más poderosa que tenemos para entrenar nuestra mente en este sentido. Pero es verdad que el camino personal es personal. Todos tenemos un cerebro muy distinto, increíblemente distinto, posiblemente más distinto de lo que pensamos. Entonces, al final no existe una receta única. Si tú hablas de nuestros quehaceres cotidianos, nuestros deberes cotidianos, muchísimas veces quien empieza un trabajo de desarrollo personal, precisamente porque ve que no puede con tantas tareas, bueno, la primera cosa que muchas veces te das cuenta es que muchas de aquellas tareas no son necesarias. Muchas de aquellas tareas probablemente, bueno, alguien te ha convencido que son tareas que tú necesitas, pero igual descubres que no las necesitas. Descubres que menos es más. Descubres que si tú consigues reducir el ruido, probablemente puedes empezar a ver un poquito mejor las cosas como son y a tomar decisiones de una forma evidentemente más libre. Evidentemente, en todo esto, a pesar de lo diferentes que somos, hay mínimos comunes, denominadores, que son importantes. La atención: la atención es una característica muy importante de nuestro sistema cognitivo. La atención es como un foco que nos permite decidir lo que es importante y lo que no es importante, observar. Observar de verdad, no con una vocecita dentro de la cabeza que te dice ya cómo están las cosas. No, aprender a observar las cosas. Entonces, desarrollar atención, desarrollar conciencia. Con conciencia me refiero a la capacidad de darse cuenta. Fijaos que estas cosas, en nuestro sistema formativo, educacional, nunca han tenido una gran importancia y todavía hoy en día siguen sin tenerla. Nos enseñan muchas cosas que generalmente son conceptuales. Nos enseñan a desarrollar algunas capacidades que, bueno, siempre han tenido cierto respeto: la capacidad de cálculo o la capacidad lingüística, pero raramente nos han enseñado a aprender a observar de verdad, a aprender a dirigir nuestra atención, a ser dueños de nuestra atención y no dejarnos batuquear como marionetas por un sistema cultural, social, económico, que decide donde yo tengo que poner mi atención.

14:26
Emiliano Bruner. Así que, a pesar de que la receta es personal y cada uno tendrá que vagabundear mucho antes de encontrar este horizonte que puede aportar claridad a su vida, pues la primera cosa es desarrollar atención, desarrollar conciencia. Y esto se hace, de verdad. Es como ir al gimnasio. Si uno no ha ido nunca al gimnasio, pues posiblemente no tenga un bíceps muy poderoso. O si uno nunca ha estudiado guitarra, pues posiblemente no sepa tocar la guitarra. Y esto es lo mismo. Si la atención no se ha entrenado adrede, es posible que este músculo atencional no sea muy fuerte. Fijaos que en muchas tradiciones orientales, en el budismo, se suelen separar las técnicas o las prácticas meditativas en dos bloques. El primer bloque se llama ‘samatha’. Y ‘samatha’ son técnicas útiles para bajar las revoluciones, calmarse, tranquilizarse, desapegarse, no dejarse llevar por emociones y sentimientos y pensamientos, alejarse de toda aquella batalla que constantemente tenemos en la cabeza. Solo una vez que todo esto se haya logrado, de una forma más o menos suficiente, hay un segundo bloque que se llama ‘vipassana’, que es la visión clara: técnicas y prácticas que te pueden ayudar a localizar cuáles son las preguntas verdaderas, las preguntas importantes. Y luego, poco a poco, ir sondeando estas preguntas. Ahora bien, evidentemente las técnicas son las prácticas que podemos etiquetar como ‘samatha’, se pueden, evidentemente, llevar a cabo por sí mismas. Vienen bien porque entrenan tu atención, entrenan tu conciencia, entrenan tu capacidad de observación, de percepción, de desapego. Entrenan todo esto. Así que por sí mismo te hace muy bien. Y se puede llevar a cabo este tipo de entrenamiento por sí mismo. Sin embargo, el otro tipo de entrenamiento, ‘vipassana’, descubrir las preguntas, explorar las preguntas, esto no se puede hacer si antes no has limpiado los filtros. Porque claro, si te haces preguntas y antes no has procurado desapegarte de toda tu personalidad, tus vivencias, pues nada, si no has hecho esto, cuando te vas a hacer las preguntas, la respuestas no valen, porque no te vas a contestar de forma sincera. El que va a contestar es tu ego, con toda aquella sopa de emociones y de pensamientos que evidentemente dan respuestas que son muy claras, muy tajantes y probablemente falsas. Así que primero, desarrollar una capacidad de observación, de atención, de conciencia. Y una vez que uno cree que en este sentido va bien, empezar a pensar cuáles son las preguntas que son realmente importantes para mejorar nuestro bienestar.

17:48
Pedro. Hola, Emiliano. Soy Pedro, soy biólogo y estudiante de neurociencia. Y me estaba planteando si hoy en día es más complicado entrenar y controlar la atención. Y si las nuevas tecnologías están interviniendo en estas complicaciones.

17:58
Emiliano Bruner. Todo esto requiere mediciones. Ya sabes, biólogos, científicos, necesitamos medir y todo esto requiere mediciones que hoy en día no tenemos. No tenemos la forma de medir de forma segura. ¿Qué quiere decir estrés? ¿Qué quiere decir ansiedad? Tenemos muchos índices que son muy útiles, pero certezas, evidentemente pocas. Además, pensamos siempre en nuestra sociedad, pero hay muchas sociedades distintas, hay muchas culturas distintas. Nuestra sociedad representa un porcentaje menor del ‘Homo sapiens’ que en este momento habita este planeta. Entonces, no tenemos ya una respuesta clara para lo que atañe a nosotros mismos en este momento. Siempre nos preguntamos de dónde venimos y a dónde vamos. Hombre, ahora, por el momento, lo importante es dónde estamos. Así que empecemos a preocuparnos si nos gusta o no nos gusta dónde estamos en este momento. Dicho esto, evidentemente podemos pensar que la forma de reaccionar a la tecnología siempre ha sido una forma difícil, un equilibrio difícil. La tecnología siempre va un paso más adelante de nuestras capacidades, con lo cual es siempre un pulso entre el avance y la costumbre y los hábitos. Cada vez que se introduce una nueva tecnología siempre hay conflicto. Entonces, por un lado tenemos que reconocer, además, que siempre hemos vivido, desde que hemos tenido este gran éxito reproductivo hasta llegar a ocho mil millones de personas en este planeta, nuestras sociedades, nuestros grupos tribales se han ido conjuntando, se han ido juntando y finalmente hemos creado grupos sociales enormes. Hemos tenido que introducir instituciones para gestionar tanta gente que no se conoce: la política, la religión… Y sabemos perfectamente que tanto la política como la religión nacen con buenas propuestas: la ideología y la espiritualidad. Pero luego muchas veces acaban siendo el medio de manipulación de las personas. Y esta manipulación, ¿cómo se lleva a cabo? La manipulación de la multitud, de la masa, siempre se ha llevado a cabo mermando la atención, sesgando la atención, quitando a la persona una capacidad individual de crítica, de conciencia. Entonces, por eso te digo que al final yo creo que los problemas que tenemos hoy en día son los problemas de siempre. Recientemente se ha añadido el sistema económico. Nuestro sistema económico casi íntegramente se basa en aprovechar, como vampiros, nuestra capacidad atencional, nuestra capacidad de autoconciencia.

21:03
Emiliano Bruner. Cuanto más merman la autoconciencia, más venden, más nos volvemos clientes marionetas. Y además, el volverse cliente marioneta fomenta el sistema económico que vuelve a atacar otra vez. Vamos, nada nuevo, nada nuevo. Entonces, si añadimos a esto que probablemente tenemos un problema evolutivo, como os mencionaba, quizás nuestra falta de capacidad atencional, quizás nuestro batuqueo emocional se debe a una selección evolutiva. En fin, yo no creo que hoy en día tengamos la seguridad de que estamos peor que antes. Probablemente tenemos el mismo tipo de desasosiego existencial, de dificultad, que han descrito los budistas, los estoicos, los existencialistas… El mismo desasosiego existencial ha sido descrito por todas las culturas en los últimos 3.000 años. Así que no estoy seguro de que ahora mismo nosotros estemos empeorando. Esto sí, hay que tener cuidado, porque es verdad que el sistema económico está aumentando como una burbuja exponencialmente; la tecnología aumenta exponencialmente, con lo cual hay que tener cuidado. Pero tampoco hay que tener miedo a la tecnología. La tecnología es nuestra especialización. Nosotros, como humanos, hemos inventado una cosa totalmente nueva: hemos empezado a delegar funciones cognitivas mentales a elementos externos; hemos empezado a pensar con elementos externos que llamamos herramientas, llamamos tecnología y, gracias a esto, hemos alcanzado nuestra gran complejidad social, nuestra gran complejidad cultural. Así que esta es nuestra especialización. Esto hemos hecho como género homo en los últimos dos millones de años. Un animal no puede tener miedo a su especialización. Imaginaos los pájaros. Su especialización es volar. Gracias al vuelo han alcanzado todos los logros evolutivos que han alcanzado. Ahora, volar es peligroso. Si te descuidas, puede que acabes estrellado contra una roca o contra un árbol y mueras. De hecho, es lo que pasa a muchos pájaros. Pero ahora tú te imaginas un pájaro que empieza a tenerle miedo a volar y, por miedo a estrellarse, empieza a no volar. Sería absurdo, tan absurdo como para un ser humano empezar a tenerle miedo a su propia especialización, que es la delegación tecnológica, que es la extensión cognitiva a la tecnología. Insisto, esto no quiere decir que esto no conlleve riesgos, así que hay que estar atento, hay que tener cuidado, pero igual que hace un pájaro cuando está volando a 80, a 90 o a 100 kilómetros por hora en un bosque. Así que a disfrutar del vuelo, con atención.

24:33
Mujer 3. Hola, Emiliano. Yo soy psicóloga y estudio un máster en neurociencias. Me intriga que en tu libro mencionas que nuestro principal objetivo en la Tierra es reproducirnos para asegurar la continuidad de la especie. ¿Por qué dices esto?

24:47
Emiliano Bruner. Bueno, en realidad no lo digo yo. Lo dijo un señor amigo mío, se llamaba Darwin. Es la base de la biología evolutiva. Se supone que esta criba, la selección natural, trabaja con este único criterio: el éxito reproductivo. Muchas veces, bueno, se cuenta de forma más sencilla. ¿Quién se reproduce más? “El más guapo, el más fuerte, el más inteligente”. Pues os puedo asegurar que si el más guapo no tiene hijos, a la selección natural no le vale. Si el más inteligente no tiene hijos, pues a la evolución no le vale. La selección natural solamente razona con un criterio: el éxito reproductivo. El individuo que más se reproducirá será el que más va a transmitir sus rasgos biológicos. Tampoco es tan sencillo, porque los rasgos luego se mueven en grupos muchas veces. Es raro que se transmita un rasgo por sí mismo. En general vienen en paquetes de rasgos, algunos buenos, algunos malos. Son como la oferta del supermercado, cuando tienes que comprar todo el paquete y ahí hay algo que va bien y algo que va menos bien. Pero al final es el que se reproduce más el que evidentemente propagará sus rasgos. Así que la selección natural solamente va a valorar este criterio. Entonces, es un criterio que funciona y, de hecho, así hemos llegado a nuestra biodiversidad, pero evidentemente es un criterio que satisface la exigencia del algoritmo de la selección natural, que es la difusión de la especie. ¿Este algoritmo satisface también el bienestar individual? Pues evidentemente no hay por qué. El criterio de éxito reproductivo, no hay ninguna razón para pensar que se asocia a un criterio de bienestar individual. De hecho, muchas veces incluso hay conflictos entre estos dos criterios. Por ejemplo, de vez en cuando, como os he mencionado, se cuelan en la selección natural rasgos negativos, negativos en el sentido que perjudican al individuo, porque están asociados a otros rasgos que para la reproducción son muy positivos. Otras veces, sencillamente que el rasgo sea perjudicial para el individuo no tiene ningún efecto para la selección, con lo cual la selección es sencillamente sorda a ese tipo de caracteres. Entonces, precisamente ahí está el interés de integrar evolución y medicina. La evolución, la selección natural, cuida de las especies. La medicina cuida de los individuos.

28:09
Emiliano Bruner. La selección natural puede pasar olímpicamente de la medicina. La medicina no puede pasar olímpicamente de la selección natural. Tiene que conocer cuáles son nuestras potencialidades y nuestras debilidades, nuestras fragilidades, incluso las fragilidades evolutivas. Entonces, si el criterio de la selección natural va a ser el éxito reproductivo, suponemos que el criterio del individuo tiene que ser una vida plena, una vida feliz, una vida provechosa. En el momento que estos dos criterios van de la mano, fenomenal. En el momento que estos dos criterios chocan entre ellos, bueno, ahí la selección natural, la evolución natural, ya ha hecho lo suyo y seguirá haciendo lo suyo. Nosotros tenemos que hacer lo nuestro. Tenemos que identificar estos límites evolutivos biológicos que tenemos y decidir, evidentemente, si merece la pena malgastar nuestra calidad de vida en nombre del futuro de la especie, o no. Primera noticia mala, esta especie se va a extinguir antes o después. Todas las especies se han extinguido, pues también la especie humana, antes o después, se extinguirá como todas las otras. Pero sobre todo, es muy improbable que nosotros, como individuos, podamos tener un peso en el futuro de la especie, para bien o para mal. Entonces, son todo razones para pensar que efectivamente es mejor que nosotros cuidemos de nuestro bienestar y que la evolución se ocupe del destino de la especie. Además, sabemos perfectamente que todos estos rasgos que muchas veces halagamos, a la inteligencia y todas estas cosas, realmente a la selección le da un poquito igual. Las especies que han tenido más éxito en este planeta no somos los humanos, son las cucarachas, las tortugas, las medusas. Vamos, que no hace falta ser inteligente para lograr un gran éxito en la reproducción.

30:19
Hombre. Hola, Emiliano. ¿Cómo podemos evitar el deterioro de nuestro cerebro?

30:22
Emiliano Bruner. Bueno, me gustaría, antes que nada, comentar un tema importante. Yo estoy entre los que piensan que lo que llamamos mente, lo que llamamos cognición, no es el producto del cerebro, sino más bien un proceso que nace de la interacción entre cerebro, cuerpo y ambiente. Quien dice ambiente, evidentemente, en el caso humano se refiere también a la cultura, a la tecnología. Entonces, bueno, esta es una posibilidad. La cognición, la mente, no como producto del cerebro, sino como proceso, flujo de información entre cerebro, cuerpo y ambiente. Este tipo de aproximación suele etiquetarse como teoría de la mente extendida o de la extensión cognitiva. Y bueno, si este modelo está en lo cierto, si esta teoría es acertada, entonces ya tenemos que pensar que nuestros intereses, a la hora de cuidar de nuestra mente, tienen que ir más allá del cerebro. Es decir, no puedo pensar en alcanzar un bienestar cognitivo emocional, intelectivo, intelectual, solamente cuidando el cerebro. Tengo que entrenar el cerebro, tengo que cuidar el cerebro, pero también tengo que cuidar el cuerpo, tengo que entrenar el cuerpo y también tengo que cuidar el entorno, el ambiente. Es muy difícil que trabajando en solo uno de estos componentes logremos llevar a cabo un desarrollo integrado. Siempre habrá una pata coja en este camino. Entonces, es importante entrenar el cerebro porque es un microprocesador que va oportunamente entrenando, pero también hay que entrenar y cuidar el cuerpo porque es nuestra interfaz activa, con nuestros pensamientos, nuestras emociones, lo que sucede. Es nuestra unidad de medida, no solamente espacial, sino cronológica. El pasado, el futuro, los medimos utilizando un muñequito que es nuestro cuerpo. Es medida social. En nuestro cuerpo es la medida con que nos relacionamos con el grupo. Y fíjate que es una medida también mnemónica. Nuestros recuerdos se basan siempre en un muñequito que se mueve y este muñequito es nuestro cuerpo. Entonces, cuidad el cuerpo y, finalmente, cuidad el entorno. Es muy difícil llevar a cabo un entrenamiento, un camino donde un entrenamiento del cerebro y un cuidado del cuerpo funcionen si el entorno es un entorno hostil, tóxico. Hay que cuidar de los tres elementos poco a poco. Integrar estos elementos entre ellos para alcanzar un bienestar y procurar tener esta higiene mental que se supone que es necesaria para llevar a cabo una vida libre. No hay trucos, hay que currárselo todos los días, así como que hay que currarse las relaciones personales todos los días, así como que hay que alimentarse bien no solo después de Navidad, todos los días, así como que hay que entrenar el cuerpo no solamente la semana antes de ir a la playa, sino todos los días, este camino es un camino que se hace todos los días. En este sentido, insisto, yo creo que las diferentes y variadas prácticas meditativas te dan la oportunidad de cuidar los tres elementos: cuidar el cerebro, cuidar el cuerpo, cuidar tu entorno. Todos, cuando hablamos de meditación, pensamos en algo que se llama práctica formal de la meditación, es decir, un momento de gimnasia mental donde tú te sientas en tu rinconcito y entras en tu momento de entrenamiento. La práctica formal de la meditación es un entrenamiento buenísimo, excelente. De verdad, es un entrenamiento necesario en el sentido que tenemos todas estas capacidades mentales, la atención, la percepción, la capacidad emocional, somática, etc., no las tenemos entrenada. Así que no cabe otra forma, si queremos entrenarla, que sentarnos en nuestro rinconcito y practicar técnicas y ejercicios de meditación para fortalecer estos bíceps mentales que tenemos flacos. Pero luego hay otro nivel de la práctica meditativa, y es el nivel del día a día. En el sentido que más allá del entrenamiento formal, uno puede practicar meditación en pequeños momentos desperdigados a lo largo del día, y esto es utilísimo. Es utilísimo por dos razones.

35:57
Emiliano Bruner. La primera, porque pequeños momentos tenemos muchísimos. Estamos esperando el autobús, estamos a la cola del supermercado o sencillamente en el coche, en un atasco. Tenemos muchos momentos donde en lugar de pensar en todos los problemas que tenemos, en lugar de mirar el móvil 400 veces, pues podemos hacer una pequeña práctica para fortalecer un poquito nuestro bíceps atencional. Además, insertando estas pequeñas prácticas a lo largo del día, te entrenas para hacer precisamente lo que se supone que vas a hacer a largo plazo. Es decir, integrar la meditación en tu vida cotidiana. No solamente en el momento de práctica, sino en lo que haces en el día a día. Y finalmente, hay un tercer nivel de práctica meditativa que es realmente la actividad cotidiana. Es decir, no utilizar los momentos de pausa entre actividades distintas, sino llevar a cabo aquella actividad con una aproximación al momento presente, a la atención del momento presente: comer, hablar con una persona, escuchar o conducir el coche. Es decir, podemos intentar aplicar la gimnasia meditativa directamente en la acción que estamos llevando a cabo. Así que si uno quiere entrenarse, estos tres niveles: el nivel de práctica formal, el ejercicio; el nivel de pequeñas prácticas desperdigadas a lo largo del día a día y el nivel de aplicar una aproximación meditativa a tu acción, bueno, esto ya evidentemente no hay excusas para decir que uno no tiene tiempo, porque realmente descubres que a lo largo de 24 horas las oportunidades son cientos y cientos y cientos.

38:05
Mujer 4. Hola, Emiliano. Soy bióloga y estudiante de neurociencia y te quería comentar que parece que siempre estamos insatisfechos, incluso cuando conseguimos algo que queremos, enseguida pasamos a otra cosa. ¿Qué es lo que sucede en nuestro cerebro?

38:19
Emiliano Bruner. Esta insatisfacción es parte de nuestra naturaleza. Nuestro cerebro, lo hemos dicho, es muy complejo. Nuestra mente es muy compleja y constantemente está proyectando el pasado y el futuro. Está proyectando imágenes y palabras de mundos que no existen. Ahí está el superpoder. Gracias a esta capacidad de proyectar pasado y futuro, gracias a este superpoder que solo nosotros tenemos, hemos sido capaces de desarrollar aquella complejidad tecnológica y social que nos ha llevado a este gran éxito evolutivo. Pero claro, este cerebro sigue proyectando las 24 horas. Siempre nos está diciendo cómo las cosas podrían ir peor. Y esto genera miedos, inseguridad, incertidumbre. Y cuando no nos está diciendo cómo las cosas pueden ir peor, nos está diciendo cómo las cosas pueden ir mejor. Y esto genera deseos, expectativas, y nunca estamos a lo que estamos. Siempre estamos ahí, balanceándonos entre cómo las cosas pueden ir peor y cómo pueden ir mejor. Y esto genera esta insatisfacción constante. Ahora bien, tenemos que decir que a nivel evolutivo puede que esto haya sido un efecto secundario de nuestra gran capacidad de pensar, nuestra gran capacidad conceptual de generar imágenes y palabras en la cabeza, imágenes, escenas y palabras, monólogos internos. Esta gran capacidad puede que, como efecto secundario, haya dado lo que yo llamo “Radio Sapiens”, que está todo el día ahí dándonos por saco constantemente. Entonces, puede que nuestra insatisfacción crónica sea un efecto secundario de tener un cerebro muy complejo, una mente muy compleja. La selección ha actuado. Evidentemente lo que le ha gustado a la selección son todas las potencialidades de complejidad tecnológica y social de este cerebro, pero claro, como efecto secundario, pues nada, esta insatisfacción crónica. Pero como hemos dicho, tu insatisfacción crónica, a la selección natural le da un poquito igual. Es un problema tuyo y lo tienes que resolver tú. Esta es una hipótesis. Hay una hipótesis que es un pelín más cruda. Es una hipótesis que es un pelín más, quizás, frustrante. Puede que incluso el desasosiego, la insatisfacción crónica, puede que incluso esto le haya venido bien a la selección natural.

41:27
Emiliano Bruner. Porque, seamos sinceros. Un simio tranquilo, desapegado, sereno, pacífico, sin ningún tipo de agresividad o de desequilibrio emocional, pues igual no se reproduce mucho. Un simio compulsivo, obsesivo, agresivo, competitivo, con muchos deseos, que no consigue frenar, este simio seguramente se reproduce muchísimo más que el anterior. Entonces, posiblemente no solamente el desasosiego existencial, la insatisfacción constante, se debe a un efecto secundario de la evolución. A lo mejor ha sido seleccionada por la evolución y, en este caso, evidentemente, el intento de desprogramar la ruta evolutiva es todavía más fuerte. La insatisfacción es la clave de muchos de nuestros deseos, de muchas de nuestras expectativas. ¿Por qué crónica? Porque lo que nos genera el deseo no es alcanzar algo que no tenemos, es el recorrido de alcanzar este algo. De hecho, sabemos perfectamente que cuando logramos satisfacer un deseo, ¿qué pasa? Que ahí viene otro, y luego otro, y luego otro, y luego otro. Como un cebo ahí enfrente al burro que lo obliga a más, a más, a hacer más, a producir más, a lograr más. A la evolución le viene de perlas, nosotros acabamos con una vida estresante, con una cantidad de ansiedad profunda y, evidentemente, si queremos podemos dejarnos llevar por este programa evolutivo, pero si nos parece que esto nos perjudica un poquito, podemos entonces sentarnos un momento y decir: “Bueno, vamos a ver si existe algún tipo de alternativa”. En este sentido, hay que mencionar lo que yo llamo los amos del ego, de nuestro ego, nuestro protagonista. Este ego tiene básicamente tres amos que son fundamentales. Primero, lo hemos dicho, la evolución, la selección natural. La selección ha programado una serie de respuestas, de reacciones emocionales, y es muy difícil sustraerse a ese tipo de respuestas compulsivas, emocionales. El segundo amo ya no es de la especie, sino del individuo. Es tu historia personal, tus vivencias personales. Todos tenemos cicatrices. Con los años todos vamos almacenando piedras dentro de la mochila. Y esta mochila, año tras año, se hace cada vez más pesada. Entonces, más allá de la evolución, también nuestra vida, evidentemente, añade vínculos que cada vez son más difícil quitarnos de encima. Y el tercer amo es el grupo social. Los primates como grupo zoológico es el grupo. De hecho, fijaos que más importante que el éxito reproductivo del individuo en realidad es el éxito reproductivo del grupo. Así que aquella programación, aquella programación de 60 millones de años, en realidad ha forjado un ser totalmente dependiente del grupo. La única cosa que nos da más miedo que la muerte es la soledad.

45:22
Emiliano Bruner. Un primate solo es un primate realmente triste y abandonado y desesperado. Estamos dispuestos a hacer lo que sea para el grupo, para cumplir con las expectativas del grupo. Y ahí se crea el gran conflicto entre las necesidades del grupo y la necesidad del individuo. Entonces, el amo de la evolución, el amo de tus vivencias personales, tu psicología, el amo de las expectativas del grupo social, estos tres elementos te hipnotizan y te hacen reaccionar sin que tú te puedas dar cuenta de lo que está pasando. Cuanto más consigues, poco a poco, desapegarte de estos tres amos, más libre serás de poder decidir, evidentemente, en función de tus verdaderas necesidades, de tus verdaderos valores. Y esto inevitablemente lleva a un bienestar asociado a una higiene mental y a un equilibrio mental que es el requisito fundamental para llevar a cabo una vida plena.

46:43
Aralitze. Hola, Emiliano, soy Aralitze. Me gustaría preguntarte si para que nuestro cerebro se desarrolle correctamente es imprescindible estar rodeado de otras personas o, por el contrario, se desarrolla igual estando en soledad.

46:57
Emiliano Bruner. Esto nos lleva otra vez a hablar del grupo social. Fijaos que en los primates, y solo en los primates, el tamaño del grupo social es proporcional al tamaño del cerebro. Es decir, cuanto más grande es el cerebro de una especie, más individuos se pueden manejar. Entonces, cerebro muy grande, grupo social muy grande. Me puedo gestionar con más personas. Esto vale para todos los primates. Todos. Si aplicamos esta ecuación de todos los primates al ser humano, resulta que con un cerebro de nuestro tamaño, 1.300 centímetros cúbicos más o menos, nos corresponde un grupo de 150 individuos. Bueno, hubo un antropólogo inglés, Robin Dunbar, que demostró que, efectivamente, todas las sociedades humanas, todas, se basan en grupos de 150 individuos, ya sean cazadores recolectores, sean campesinos, o sean empleados de una multinacional. Tú puedes ampliar tu grupo social, digamos, la colectividad, pero al final tu cerebro va a ser capaz de manejar 150 personas, más o menos. Entonces, claro, ahí hay un problema, porque si vives en una tribu, en un grupo pequeño, tus 150 se conocen todos entre ellos. Si vives en una ciudad de cinco o diez millones de habitantes, este grupo empieza a desperdigarse. Tus 150 ya no se conocen entre ellos. Así que tú sigues pudiendo manejar solo 150 personas, pero este grupo ya no está estructurado, ya no funciona bien en su organización interna. Pero somos primates sociales. No vamos a ningún lado sin el grupo. Necesitamos el grupo. Entonces, ahí es donde se ha generado otro conflicto evolutivo. Imaginaos este primate que tiene todo su comportamiento organizado por y para funcionar con el grupo, por y para el grupo. Toda nuestra programación comportamental es por y para el grupo. Bueno, en cierto punto esta complejidad cerebral aumenta, aumenta, aumenta y pasa algo que no sabemos si es el fruto de la selección o si ha sido azar. Este algo se llama conciencia. Es decir, esta mente se vuelve tan compleja que, en cierto punto, toma conciencia de sí misma y dice: “Ostras, si yo soy yo con mis cosas y con mis valores y con mis ideas”. Bueno, primer conflicto. Conflicto entre el grupo, hemos dicho, y conflicto entre las necesidades del individuo, conflictos entre los valores del individuo. Ya es difícil gestionar esto, pero como hemos dicho, esto tiene mucho éxito, empezamos a reproducirnos mucho, hoy en día ocho mil millones de habitantes, ningún primate ha alcanzado este éxito brutal, con lo cual la evolución aplaude, pero claro, para hacer esto hemos tenido que empezar a juntar grupos. Y claro, hemos empezado a vivir con gente que no conocemos.

50:28
Emiliano Bruner. Y esto sí que la evolución no lo había pensado. No estamos diseñados para vivir con desconocidos. ¿Un pez? Un pez sí. Un pez está acostumbrado a vivir con millones de peces que no saben quiénes son ni les importa. Pero un primate no. Un primate sufre si no sabe nada de las 200 personas que están en el vagón del metro compartiendo espacio. Entonces, ahí se ha creado, bueno, lo que Konrad Lorenz, el padre de la etología animal, llamó la “horda anónima”. Ya no conocemos a esta gente. Entonces, ¿cómo nos relacionamos con ellos? Bueno, un problema más. Tenemos ya tres niveles. El nivel individual, el nivel tribal-grupal y el nivel colectivo, de la horda anónima. ¿Qué suele pasar? Que nadie nos ha enseñado a cómo gestionar estos tres niveles. Con lo cual pasamos de un nivel al otro sin entender dónde estamos, sin entender qué necesidades pertenecen a qué nivel, dónde estoy yo, cuáles son mis valores, cuáles son mis necesidades como individuo. Y al final mezclamos estos tres niveles y el resultado es un dolor de cabeza increíble. El resultado es, otra vez, insatisfacción. Porque no logramos cumplir con todas las exigencias de estos tres niveles. El conflicto interno que se genera es bestial. Entonces, otra vez, ¿cuál es el entrenamiento? Primero, desarrollar una capacidad de conciencia atencional suficiente para entender lo que está pasando. Para empezar a separar estos tres niveles, entender cuando acaba uno y empieza el otro. Y luego, otra vez, ser libre de decidir. Solo si sé, solo si soy capaz de observar estos tres niveles y entender sus dinámicas, sus exigencias, seré libre de decidir yo cómo quiero participar en cada uno de ellos. Esto sí, recordando que el nivel individual es el más importante. Pero no por una cuestión de egocentrismo. Es porque si no funciona el nivel individual no funcionan los otros. No vas a poder aportar a tu tribu si estás en una condición de desequilibrio. No vas a poder aportar a tu colectividad si estás en una condición de desequilibrio. Tú puedes hacer un castillo hermoso y gigante, pero si el ladrillo está podrido, se viene abajo todo el castillo. Así que el ladrillo tiene que ser fuerte. Un tema muy interesante, crucial, es el tema de la soledad. Porque al final siempre asociamos la palabra soledad a algo negativo y lo es. Pero yo suelo decir que hay dos tipos de soledad. El primer tipo es la soledad que conocemos, la mala. En la que me siento solo y necesito el grupo, necesito el respaldo del grupo, necesito el reconocimiento del grupo.

53:50
Emiliano Bruner. Bueno, es mala por dos razones. Primero, porque estoy mal, porque lo paso mal, porque sufro, me siento solo. Y segundo, porque en aquel momento me acerco al grupo, pero me acerco desde la necesidad, me acerco desde la carencia. Me acerco al grupo como un drogadicto que necesita su chute de hormonas sociales. Entonces, si una persona se acerca a un grupo desde la carencia, desde las necesidades de sufrimiento, probablemente aquella relación no se va a desarrollar muy bien y surgirán problemas. Sin embargo, tenemos una alternativa: aprender de esta soledad, aprender a estar bien conmigo mismo, aprender a bastarme, aprender a descubrir que yo soy un mundo y este mundo merece la pena de ser vivido y de ser explorado. Paradójicamente, se piensa que este segundo tipo de soledad se asocia a un aislamiento y es exactamente lo contrario, porque cuando tú alcanzas esta independencia del grupo, allí te puedes acercar al grupo desde una posición sana. Ya no te acercas al grupo desde la carencia, te acercas al grupo desde la voluntad, desde la integración, desde la posibilidad de compartir con el grupo. Eres alguien que desde una posición independiente ya puede aportar a este grupo de forma sana y de forma, sobre todo, libre.

55:51
Mujer 6. Hola, Emiliano. Te quería preguntar si existe algo que podamos llamar realidad o es más bien una fabricación nuestra.

56:02
Emiliano Bruner. Tenemos que reconocer que nuestro microprocesador que llamamos cerebro está encerrado en una caja a oscuras. No tiene ni idea de lo que hay ahí afuera. Nuestro cerebro utiliza una serie de impulsos eléctricos para hacerse una idea de lo que puede estar pasando ahí afuera. En este sentido, tenemos que admitir que la realidad existe. Pero evidentemente, nosotros probablemente no tenemos acceso a esta realidad. Tenemos más bien acceso a un modelo de esta realidad, un modelo que el cerebro forja a partir de chispas eléctricas y que el cuerpo, sobre todo, moldea con una retroalimentación constante en función de la percepción, en función de la experiencia perceptiva que hacemos en cada momento. Los girasoles no son amarillos, el cielo no es azul, son mis lóbulos occipitales que, sin pedirme nada, sencillamente pincelan, colorean los girasoles de amarillo y el cielo de azul. Y mi parte poética sufre sabiendo esto. Pero tenemos también que reconocer que este es el mecanismo con que entrelazamos el mundo externo, la percepción corporal y la descodificación cerebral. Dicho esto, a mí este tipo de aproximación me convence y me aporta, pero no me satisface. Es decir, me gustaría pensar que, bueno, el mundo es algo que va más allá de un cableado. Y a mí me gusta mucho un modelo que utiliza mucho la filosofía oriental, un modelo psicológico donde se encadenan las percepciones con las sensaciones, con las emociones, con los pensamientos. La percepción es la percepción. Es lo que el cuerpo recibe en aquel momento. La sensación, bueno, la sensación, la palabra sensación es un poquito ambigua, pero en este caso se refiere al tono de respuesta automático. O sea, me gusta, no me gusta o me da igual. Viene una sensación y me sienta bien o me sienta mal o la vivo como neutra y me da totalmente igual. A esto se refiere la palabra sensación. Esta sensación genera una emoción. Claro, porque si me gusta o no me gusta, esto genera una respuesta emocional, y esta respuesta emocional genera unos pensamientos. Se activa la ‘radio sapiens’ ahí dándole la vuelta. ¿Qué pasa? Que todos estos elementos retroalimentan los otros.

59:14
Emiliano Bruner. Los pensamientos cambian la emoción. La emoción llega a cambiar la sensación. Y la sensación puede incluso cambiar la percepción. No solamente se retroalimentan y se influyen el uno con el otro, sino que además se amontonan. No hay tiempo, no hay forma. Nadie nos ha entrenado a separar los anillos de esta cadena, estos eslabones de esta cadena. Nadie nos ha entrenado a separar esto. Se amontona todo y tú reaccionas de forma automática a lo que ha pasado. Claro, entonces, este mundo que está fuera genera una reacción de ese tipo, y no podemos pensar que mi interpretación del mundo no esté sesgada por todo este terremoto de percepciones, emociones y sentimientos. Entonces, cada uno de nosotros recibirá esta información y procesará esta información de forma totalmente distinta. Tan distinta que probablemente es incomunicable a los demás. El amontonamiento de todo este flujo de información suele generar descontrol. Nadie ya controla su pensamiento, nadie ya controla sus emociones. Y esto, evidentemente, genera una situación donde tú no eres dueño de tu reacción. Otra vez pasamos de la reacción a la respuesta. No quiero reaccionar como una marioneta, quiero responder como un ser consciente. ¿Qué tengo que hacer para poder adquirir esta capacidad? Bueno, una vez más entrenar mi atención, mi conciencia, mi capacidad perceptiva, que me permite hacer dos cosas. Primero, separar todos estos elementos, crear un pequeño espacio entre percepción y sensación, entre sensación-emoción, emoción y pensamiento. Un pequeñísimo espacio que, aunque sea pequeño, me pueda permitir ver dónde acaba uno y empieza el otro. Y acto seguido, la segunda cosa es saber observar esto que está pasando de una forma objetiva, desapegada, sin el runrún de mi ‘radio sapiens’, que me está confundiendo en función de los amos del ego. Entonces, en aquel momento, yo puedo. Me entreno a separar estos elementos, aunque sea conceptualmente. A poder razonar sobre ello y, finalmente, ver lo que me compensa y lo que no. Y evidentemente, una vez que yo llego a esta información, puedo decidir si seguir por un camino o emprender otro.

01:02:16
Hombre 3. Hola, Emiliano. Soy estudiante de neurociencia y me gustaría que nos contaras: ¿cómo crees que será nuestro cerebro en el futuro?

01:02:26
Emiliano Bruner. Sí, esto es otro tema que nos interesa mucho. Como decía, seguimos muy preocupados por el pasado y por el futuro, cuando realmente nuestro interés debería de estar focalizado en nuestro presente. Pero tenemos esta ansiedad de saber cómo va a acabar la cosa. Queremos ver el final de la película, ¿no? Si tuviéramos la máquina del tiempo, yo estoy seguro que muchos de nosotros, pudiendo manipular la máquina del tiempo, la pondría al máximo, al final, solo para no quedarse con la duda de cómo acaba esto. Entonces, bueno, empecemos por decir una cosa que es muy importante: la evolución biológica trabaja con cambios genéticos. Se seleccionan rasgos biológicos que están vehiculados por, evidentemente, elementos genéticos y entonces, hay una criba de elementos genéticos. Algunos tienen éxito a través de un éxito reproductivo, se van por el mundo y otros, sin embargo, otros rasgos genéticos, no tendrán futuro, porque al no aportar ventajas reproductivas, poco a poco, se irán perdiendo. Todo este juego funciona casi integralmente en poblaciones pequeñas o especies pequeñas. Como podéis entender, para que este conjunto genético tenga éxito tiene que tener tanto éxito que quien lleva este conjunto genético se reproduzca mucho más. Si el grupo es pequeño, esto se va a notar enseguida. Cuanto más grande es el grupo, menos será la probabilidad de que esto vaya a tener algún tipo de efecto. Será una gota en el océano. Entonces, ya desde los años 70, la paleontología avaló las hipótesis sobre equilibrios puntuados. Un modelo donde la evolución a menudo ocurre rápidamente en pequeñas poblaciones aisladas. Precisamente por el motivo que acabo de explicar. Cuanto más pequeña la población, más rápido y más probable es el cambio. Cuanto más grande, más lento e improbable es el cambio. Por el momento no hay cambio genético que sea tan poderoso como para desplazar la genética de ocho mil millones de grandes simios. Así que, en este preciso momento, nuestra evolución genética biológica está prácticamente a un punto muerto.

01:05:31
Emiliano Bruner. No puede ir a ningún lado. Además, la evolución, la selección natural, actúa sobre el éxito reproductivo que depende del contexto, depende del ambiente. Y nosotros, humanos, vivimos en ambientes que son totalmente distintos los unos de los otros, tanto a nivel ecológico como cultural. Así que un rasgo que tiene una ventaja en un lugar, pues no lo tiene en otro. Entonces, no solamente somos demasiados para poder cambiar genéticamente, sino que además vivimos en entornos demasiado distintos para que una regla general valga para todos. ¿Si ‘Homo sapiens’ evolucionará genéticamente? Esto quiere decir que en un cierto punto ha habido un cuello de botella. De ocho mil millones nos hemos quedado 60.000 arrinconados en una punta del planeta, la cosa se ha ido de las manos y se ha quedado un grupillo, y allí puede, evidentemente, arrancar el juego de la selección y de la evolución genética. Por supuesto, esto no quita que podamos evolucionar en otros aspectos: evolución cultural, evolución tecnológica. ¿Os acordáis de la teoría de la mente extendida? Si nosotros somos el resultado, nuestra mente es el resultado de una interacción entre cerebro, cuerpo y ambiente, si cambiamos el ambiente, si cambiamos la cultura, si cambiamos la tecnología, cambiaremos nosotros. Entonces, sí que tenemos un cambio que ya no es genético, pero es cultural y fisiológico. Fisiológico porque nuestro cuerpo, nuestro cerebro, nuestros sentidos, suelen integrar, incorporar la tecnología. Cuando nosotros nos desarrollamos a nivel somático, el cuerpo y el cerebro con un entorno tecnológico, este entorno tecnológico modifica nuestras neuronas, modifica nuestra percepción, y nosotros crecemos y nos desarrollamos canalizados por esta tecnología. Hay un intercambio constante. Somos cyborgs. Cyborgs, ¿no? Muchas veces, cuando hablamos de cyborgs pensamos: “Pues es un matón que le sale un bazuca del brazo”. El primer cyborg lo encontramos hace dos millones de años cuando un ser humano agarró una piedra, logró integrar esta piedra en su estructura corporal, automáticamente se integró esta nueva mano prolongada de sílex en su forma de pensar y en su mapa somático del cerebro.

01:08:31
Emiliano Bruner. En aquel momento, aquel individuo descubrió que, extendiéndose en esta piedra, podía sentir diferentemente, podía hacer cosas diferentes, podía pensar diferentemente, podía actuar diferentemente. Desde entonces no hemos soltado aquella piedra, solo que antes era de sílex, hoy es de silicio. Pero seguimos siendo cyborgs. Nuestra ecología no está facilitada por la tecnología. Nuestra ecología depende de la tecnología. No podemos sobrevivir sin nuestra tecnología. Nuestra economía depende de la tecnología, nuestra sociedad, nuestro nicho ecológico, social e incluso el nicho cognitivo, la forma de pensar es estrictamente dependiente de nuestra tecnología. Así que somos cyborgs desde hace dos millones de años. Y esta es nuestra historia. Vamos a ver, evidentemente, cómo acaba la historia del cyborg, si acaba bien o si acaba mal. Si seremos capaces de seguir integrando oportunamente o en un cierto punto, como muchas veces se da en la evolución, entramos en un callejón sin salida donde ya no somos capaces de controlar nuestra propia especialización, acabando evidentemente con una extinción. En este caso es importante notar una cosa: que a nivel evolutivo, cuando en general se crean tendencias, con lo cual, por ejemplo, a lo largo de un periodo muy extenso se promociona una cierta habilidad, en general es el grupo zoológico que se canaliza en aquel sentido. No es un linaje. Muchos caballos ungulados se han especializado en correr. Cada vez corrían mejor. Pero no era la misma especie que iba mejorando su forma de correr, su anatomía de correr. Una especie mejoraba su capacidad de correr y luego se extinguía. Y luego venía otra que lo hacía todavía mejor, y luego se extinguía. Y luego venía otra que lo hacía todavía mejor, y luego se extinguía. No es el mismo linaje que va mejorando al infinito. Así que el cyborg humano no sabemos cómo acabará. Pero es probable que dentro de unos 500.000 años, dos millones de años, no lo sabemos, es posible que habrá, en este planeta, una especie aún más compleja a nivel cognitivo que nosotros. Pero probablemente no habrá evolucionado desde ‘Homo sapiens’, habrá evolucionado desde una especie con pocos individuos, un grupo de macacos o de delfines o de murciélagos aislado en alguna foresta.

01:11:43
Emiliano Bruner. Pero esto ya es otra historia y no estaremos ahí para contarlo. Como conclusión de este viaje en las maravillas y las desdichas del género humano, yo creo que un mensaje importante es separar lo que es el destino de una especie y el destino de un individuo. El destino de la especie no es cosa nuestra, es cosa de la evolución, es cosa de la selección natural. Es inútil que nos empecinamos a pensar que nosotros tenemos esta carga a nivel de filogenia de homínidos. El destino del individuo sí que depende de nosotros. El destino del individuo depende de muchos factores que no podemos controlar. Pero otros factores sí que dependen, directamente, de nuestra forma de reaccionar, de decidir algo que está pasando. Muchas veces no podemos decidir lo que está pasando, pero siempre podemos decidir cómo responder a lo que está pasando, cómo vivir lo que está pasando. Más allá de todo el debate que hay eterno, infinito sobre el libre albedrío, yo tengo que confesar que a mí me gusta la idea de libre albedrío. Primero, porque después de cientos y cientos de años de debate, pues no hemos llegado a una conclusión, no sabemos si existe este libre albedrío o no, con lo cual, si no tenemos una conclusión firme, yo prefiero pensar que sí. Pero sobre todo porque creo mucho que el destino a gran escala, como el que puede ser de una especie; o a pequeña escala, como puede ser el de un individuo, el destino funciona con la probabilidad. Es decir, es verdad que siempre hay una causa-efecto. Cada acción genera una reacción. Pero esta relación no es nunca tajante. Siempre deja un margen de incertidumbre. Así que cada acción probablemente” genera una reacción. Este probablemente quiere decir que puede que sí o que puede que no. Aquel “puede que no” deja un espacio libre

01:14:50
Emiliano Bruner. Entonces, yo quiero creer que, en esta probabilidad, un individuo sí que puede, poco a poco, aprovechar para reorientar su barco. A lo mejor no sabe dónde va, pero sí que puede decidir orientar su barco hacia un horizonte u otro. Yo digo siempre que no soy persona de metas, a mí me gustan los horizontes. Nunca puedes alcanzar un horizonte. Cada vez que te acercas se aleja. Pero el horizonte sí te indica el camino constantemente. No me interesa llegar, me interesa ir en una dirección provechosa, plena, que le da sentido a mi propia vida. Entonces quiero pensar que en este juego de probabilidad de la existencia, cada uno de nosotros tenemos la posibilidad de hacer pequeños ajustes para cambiar la orientación del barco. A veces se trata de voluntad, otra palabra muy misteriosa. Pero otras veces se trata solo de intención, tener la intención de hacerlo. Y por ende hacerlo. Y, poco a poco, hacer que el barco empiece a tomar otra ruta. A los humanos que tenemos esta ‘radio sapiens’ en la cabeza constantemente, no nos gusta el cambio. Y esto es una lucha constante, porque todo cambia. Gran parte de nuestra insatisfacción se debe a esto, al miedo al cambio. Nos gustaría que las cosas se quedaran siempre como están y posiblemente estén bien y nos apegamos a las cosas buenas y creemos que tenemos una individualidad independiente del resto. Sabemos que no es así. El ego es así. El ego piensa ser independiente y el ego quiere que las cosas no cambien nunca. Pero detrás de un ego está un yo. Y este yo es una unidad cognitiva consciente que está conectada a todo el resto. Está conectada a todo el resto porque es parte de una red ecológica. La ecología nos enseña que ningún elemento es aislado, siempre somos parte de una red, flujo de materia y energía. Y en este flujo de materia y energía, un nodo de la red toma conciencia. Y este nodo que toma conciencia es mi yo. ¿Qué pasa? Que viene suplantado de un protagonista, de un personaje que es el ego que encierra este yo en una torre de marfil y no lo deja salir. Lo mejor es hacer un camino para empezar a que estos dos elementos, el yo y el ego, dialoguen entre ellos para mejorar nuestra calidad de vida.

01:17:57
Emiliano Bruner. Pero para hacer esto tenemos que aceptar, primero que todo cambia y segundo, que todo está conectado con todo. Nosotros somos parte de nuestro entorno. Nuestro entorno es parte de nosotros, pero nosotros somos parte del entorno de otra persona. Así que no podemos pensar en actuar individualmente como si el resto no existiera. Y no podemos pensar que todo lo que somos se quedará siempre en lo mismo. Y aquí viene una lección muy importante de la evolución. La evolución no lo ha hecho mal, la evolución lo ha hecho súper bien. Ha cuidado de sus hijos, que son las especies. La evolución es una madre amorosa que cuida de sus hijos, de sus especies. Entonces, lo ha hecho súper bien. Nosotros tenemos que cuidar de nosotros como individuos. Entonces, ¿qué podemos aprender de la evolución? Podemos aprender que todo cambia. Todo cambia siempre. ¿Y cuál es la mejor forma de aprovechar bien nuestra vida? Dando por hecho que todo va a cambiar, uno, aprovechar el cambio; y dos, a ser posible, disfrutarlo. Muchas gracias.