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“Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores”

José Antonio Marina

“Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores”

José Antonio Marina

Filòsof i pedagog


Creant oportunitats

José Antonio Marina

José Antonio Marina és filòsof, assagista i pedagog, referent internacional en l’estudi de la intel·ligència i l’educació. Ha dedicat la seva trajectòria a investigar com pensem, aprenem i prenem decisions, apropant la reflexió filosòfica al gran públic amb un estil clar i divulgatiu.

El seu treball se centra en la intel·ligència humana, la creativitat, l’ètica i l’educació del caràcter. En aquest sentit, ha impulsat projectes educatius orientats a millorar l’ensenyament, defensant una educació que formi persones lliures, crítiques i responsables.

Amb un enfocament humanista i integrador, ofereix eines pràctiques aplicables a la vida quotidiana. La seva intensa tasca divulgativa i la seva influència en docents, famílies i responsables educatius l’han consolidat com una de les veus més influents del panorama educatiu contemporani.


Transcripción

00:03
José Antonio Marina. Me llamo José Antonio Marina y desde que era adolescente… Es decir, desde que tenía vuestra edad, la de muchos de vosotros, yo quería ser detective. A mí me fascinaba Sherlock Holmes y su capacidad de deducción y de fijarse en lo que nadie se fijaba. ¿Cómo podemos ser más inteligentes? ¿Por qué? Porque, miren, a mí me interesa mucho que ustedes sean muy inteligentes y a ustedes les interesa mucho que yo sea muy inteligente y que este programa sea muy inteligente. Porque es la única solución que tenemos. Cada vez que alguien no es inteligente, alguien paga el pato. Y, por lo tanto, debemos intentar que la inteligencia suba. Y además, que no confundamos al listo con el inteligente. ¿Por qué? El castellano es muy preciso. Todos ustedes habrán oído una frase que es: “No te pases de listo”. Pero, ¿a que no han oído una frase de “no te pases de inteligente”? No, de inteligente no se pasa uno nunca, de listo sí. ¿Por qué? Porque el listo es el que va a lo suyo. Y si va a lo suyo, antes o después, os va a quitar algo vuestro. Os va a manipular. Se va a aprovechar de vosotros. De manera que un consejo que yo daba siempre a mis alumnos: “Fiaos de aquel que está intentando que seáis más inteligentes, que estéis, como se dice ahora, más empoderados y desconfiad de alguien que quiere aprovecharse de vuestras debilidades, porque ese seguro que quiere aprovecharse”. Bueno, con todo esto tenía que saber cuáles iban a ser mis herramientas de trabajo. Entonces comencé por la filosofía, porque la filosofía, desde su origen, se interesaba precisamente en eso, en ver cómo se podía desarrollar la inteligencia. Pero necesitaba tener más medios a mi alcance. De manera que de la filosofía pasé a la psicología; de la psicología pasé a la neurología; de la neurología pasé a la filología y he terminado en la historia. ¿Por qué? Porque necesitamos tener muchas herramientas a nuestra disposición para intentar comprender lo que pasa, bueno, y también lo que nos pasa. En este momento es muy posible que casi toda la gente joven que estáis aquí hayáis contraído un virus mental absolutamente tremendo que dice así: “¿Para qué lo voy a aprender si lo puedo encontrar?” Bueno, eso es absolutamente una condena a no entender nada. Y a ser, entonces, manipulado con muchísima facilidad. A mis alumnos cuando los tenía, de vuestra edad, ya les tenía preparada la respuesta. Es decir: “No, no, tenéis razón. Si lo podéis encontrar, para qué lo vais a aprender”. Y entonces tenía preparada una diapositiva con las cuatro ecuaciones del campo electromagnético de Maxwell. Y decía: “Ya los tenéis, ahí. ¿Y ahora qué hacéis con ella? Si no vais a entender ni siquiera el lenguaje en que están expresadas”. No. Tened en cuenta que las cosas se comprenden siempre desde lo que tenéis en vuestra memoria y que si no tenéis nada en vuestra memoria, no vais a entender nada. Bueno, con todo esto he seguido durante mucho tiempo intentando, como os decía, ver cómo podía ayudar a que la gente fuera más inteligente.

03:57
José Antonio Marina. ¿Y es que yo voy de inteligente por el mundo? No, no. No, yo lo que tengo es la sabiduría del gato escaldado. Es decir, como he metido mucho la pata, pues entonces sé que solo reconociendo cuando se ha metido la pata, puedo progresar. Y eso me lo enseñó un gran profesor que se llamaba George Pólya, que es el que me enseñó a resolver problemas de matemáticas. Y él decía: “En realidad mis alumnos se equivocan el mismo número de veces que yo. Lo que pasa, y esa es mi única ventaja, es que yo me doy cuenta antes y corrijo antes”. De manera que una persona inteligente se caracteriza, primero, hombre, porque encuentra buenas soluciones a los problemas. Segundo, porque sabe gestionar bien sus equivocaciones. Hay una frase, que yo lo oigo con cierta frecuencia, y siempre me extraña porque además se dice con una especie como de seguridad en sí mismo, como presumiendo de ella. Yo no me arrepiento de nada de lo que he hecho”. Pues mira

06:02
Hombre 1. Hola, José Antonio, ¿qué tal? Un placer conocerte. Más allá de lo que hemos estudiado todos en la escuela, de filosofía, ¿usted para qué considera que sirve la filosofía hoy en día?

06:16
José Antonio Marina. Mira, primero, yo considero que la filosofía es un servicio público. Y es un servicio público precisamente porque las sociedades inteligentes necesitan desarrollarla. Concretamente, cuando hablamos de qué es lo justo y de qué es lo injusto, ¿quién nos lo va a decir? Lo tiene que decir un saber que sea capaz de ver las cosas, digamos, desde un plano más alto y, además, de justificarlas. Y el problema de la justificación, el problema de tener un pensamiento crítico, es el que va a dar la filosofía. Si no tenéis pensamiento crítico, o si no hay pensamiento crítico, la manipulación va a ser muy sencilla. De manera que una de las corazas contra la manipulación tiene que ser la filosofía o tenía que ser la filosofía. La filosofía está pasando por momentos muy débiles porque ha perdido la confianza en que se puede alcanzar la verdad. Se ha pensado que, bueno, la verdad depende un poco de la cultura. Cada cultura tiene su propia verdad. Cada cultura dice lo que es justo y lo que es injusto. Entonces, en un momento que en la filosofía dicen: “No puedo conseguir la verdad”, se ha hecho el harakiri. Bueno, pues entonces no me interesa la filosofía. No, no, la filosofía está siempre en la frontera. Es la que se encarga de estar peleando con los problemas más difíciles. Se ocupa, fundamentalmente, de tres cosas. Primero, de saber cómo funciona la inteligencia, de cuáles son sus mecanismos y de cuáles son sus posibilidades y sus límites. En segundo lugar, de comprender todas las cosas que la inteligencia hace. Un matemático estudia matemáticas. Un filósofo de las matemáticas estudia qué es eso de las matemáticas. De manera que la filosofía es como una especie de conocimiento desde el piso de arriba, es decir, a ver qué están haciendo los otros. Pues este está pintando, este está haciendo matemáticas, este está haciendo política… Voy a ver si entiendo esto que se está haciendo debajo. Y, por último, es la que se encarga de los criterios de evaluación. Cuidado que esto es muy importante. ¿Quién se encarga de decir esto es verdad y esto es mentira? La filosofía es la que hace la teoría de la verdad y la teoría de la falsedad. La que es capaz de decir cualquier tipo de razonamiento por qué es lógicamente válido o por qué es lógicamente inválido. Fijaos, había una cosa, nosotros utilizamos la palabra verdad, que es lo que está adecuado con la realidad. Es verdad que si llueve y yo digo: “Está lloviendo”, he dicho una cosa verdadera. Los griegos tenían otra idea de verdad. Y utilizaban una palabra que es ‘alétheia’, que es: la verdad es cuando descubro algo. Lo verdadero es, lo que estaba oculto lo he descubierto. Pero todas las lenguas semíticas, por ejemplo, en el arameo, las lenguas judías, tenían otra palabra, para designar la verdad, que era ‘emuná’, de dónde viene la palabra ‘amén’, por ejemplo. Que era: aquello sobre lo que puedo construir. Fijaos, por ejemplo, hay un asunto que os va a preocupar a todos si no os ha preocupado ya. Me estoy refiriendo a los jóvenes.

09:44
José Antonio Marina. ¿Cómo sé que una persona me quiere? ¿Cómo sé que cuando dice que me quiere eso es verdadero? Un occidental diría: “Bueno, si lo que te dice está de acuerdo con sus sentimientos”. Un griego: “Lo tendré que descubrir a lo largo de la vida”. Y un semítico diría: “Si puedo construir una vida sobre ese sentimiento, era verdadero. Es lo que me está dando aplomo en la realidad”. Como veréis, estas cosas que dichas en abstracto pueden parecer muy lejanas, se aplican a los problemas de toda la vida. En filosofía hay una lección que es muy importante porque tiene que ver con la evaluación. ¿Cómo sabe un científico que su teoría es verdadera? A mis alumnos ese asunto no les interesaba mucho. Les cogía muy lejos. Entonces yo muchos años se lo sustituí por otra lección que en realidad íbamos a tratar los mismos temas pero en un formato distinto. La lección se titulaba: “¿Cómo sabe una persona que está enamorada?” Como lo hice muchos años, para mí era muy agradable y muy sorprendente y, la verdad, me parecía que iba por el buen camino porque siempre seguían mis alumnos el mismo camino. Un mismo camino de corroborar, de ver que descubrir que una cosa es verdadera algunas veces es complicado. Siempre, cuando les presentaba la lección, decía: “Vamos a ver, ¿cómo sabe una persona que está enamorada? La primera contestación: “Es que eso se nota”. Hombre no, no se debe notar tanto cuando tanta gente mete la pata en este asunto. No insistían mucho. El siguiente paso era: ”Bueno, porque me gusta mucho la otra persona”. Bueno, ¿pero todas las personas que te gustan estás enamorada de ellas? “Pues no”. Entonces no nos vale. El siguiente paso: “Porque lo he hecho mucho en falta cuando estamos separados”. No, esto me parece que es un poquitín más importante. ¿Pero no os habéis dado cuenta de que muchas veces echáis mucho en falta una persona cuando estáis lejos y luego, a los cinco minutos de estar cerca, estáis peleando? “Sí, a mí me pasaba…” Bueno, entonces tendréis que decir no, solo que estoy muy triste cuando está separada, sino que estoy muy contenta cuando estamos juntos. Ah, bueno, claro, sí, eso ya se entiende. Bueno, entonces ya que te gusta, que te gusta estar cerca de ella… Bueno, otra cosa, además, que pienso mucho en ella, en la otra persona. Bueno, ¿y esto de que pensar mucho en otras personas os parece que es un síntoma de estar enamorado? Porque yo cuando tengo que ir al dentista pienso en el dentista muchísimo. “No, bueno…” Se daban cuenta de que muchas justificaciones que estaban dando al principio pues que no eran tan convincentes como decían. Pero bueno, al final ya tenía eso: me gusta mucho, pienso mucho en ella, estoy triste cuando está lejos y estoy contento cuando está cerca. Muy bien. Entonces yo ya tenía preparada la respuesta. Eso es exactamente lo que sentían los nazis por los judíos. Pensaban mucho en ellos. Les molestaba mucho que estuvieran lejos. Querían tenerlos cerca. ¿Para qué? Para llevarlos a un campo de concentración. ¿Estaban enamorados de los judíos? No, hombre, no. No. ¿Qué os falta? Os tiene que faltar algo, porque sino, no estáis sabiendo si estáis enamorados.

13:38
José Antonio Marina. Pero al final llegaban siempre. Bueno, es que me interesa mucho la felicidad de la otra persona. Amigos, ahí habéis cambiado ya de tono. Ahora ya no es que me gusta, no sé qué, ahora estoy diciendo: “Y es que me interesa mucho la otra persona y una cosa especial de la otra persona, que sea feliz. Y posiblemente que yo sea la causa de su felicidad”. Muy bien, ya está. Ahora tenemos un criterio para saber si yo estoy enamorado de una persona que es mucho más firme que el otro. Bueno, pues eso es lo que tiene que hacer un científico con sus teorías. Tiene que ser que no solo le guste, tiene que ser que vamos a ver el cómo puedo ir dándome cuenta de lo que está dando a esa teoría, su consistencia, su firmeza… Bueno, de manera que estábamos hablando lo mismo, pero en un caso era un asunto que afectaba mucho a la vida de cualquier persona y otra que parecía que solo afectaba la vida de los profesionales de la ciencia. Esa es la filosofía que a mí me interesa. Y eso es la filosofía: que pueda responder no solo a los problemas abstractos que nos plantean los científicos, sino a los problemas concretos que nos plantea la vida. Y visto así, yo creo que la filosofía no solo es interesante, sino que además es verdaderamente útil. Con lo cual ya he respondido tu pregunta. Espero.

15:22
Hombre 2. Maestro, usted que ha dedicado toda una vida a investigar sobre el tema, ¿qué entiende por inteligencia y qué conclusiones ha sacado?

15:30
José Antonio Marina. Para mí la inteligencia es la capacidad de dirigir bien el comportamiento para salir bien parado de la situación en que estés o para resolver los problemas que se te plantean. Pero al final la inteligencia tiene que ver con la acción. No tiene que ver sólo con el pensamiento. Nuestra tradición occidental, que viene de los griegos y que todavía sigue siendo muy platónica, piensa que la función de la inteligencia es conocer y que la plenitud del conocimiento es la ciencia. Y entonces van por esa vía. Imagínate una cosa, una persona que fuera muy inteligente para ver la solución a un problema pero que luego no lo pusiera en práctica. No lo pusiera en práctica, ¿por qué? Pues por pereza o por cobardía. ¿Se podría decir que era muy inteligente? Yo creo que no. ¿Por qué? Porque hay que distinguir dos cosas. Una es la inteligencia cognoscitiva, la inteligencia que conoce, y otra cosa el uso que se hace de esa inteligencia. Yo tenía un alumno, pues, de primero de bachillerato, como vosotros, como alguno de vosotros, que era una persona extraordinariamente inteligente. En todos los test de inteligencia sacaba 140, 145, muy, muy inteligente. Y además era muy buen estudiante. El segundo curso de bachillerato no apareció por el instituto y fui a hablar con él para ver por qué no había vuelto. Y me dijo: “No, es que en el instituto no aprendemos nada útil. Lo interesante está en la calle”. Bueno, a él le gustaba manejar dinero. Se hizo jefecillo de una especie de banda del barrio, de gente mucho más torpe que él, casi todos rebotados del sistema educativo. Los fue metiendo en asuntos un poco sucios. Resumiendo, ese chico tiene ahora 26 años y está en la cárcel por tráfico de drogas. ¿Esa persona es muy inteligente o es muy estúpida? Pues según todos los test, muy inteligente. Según el uso que había hecho de su inteligencia, muy estúpido. ¿Por qué? Porque en algún momento se había equivocado en poner en práctica la inteligencia. Y para poner en práctica la inteligencia significa que tengo que elegir bien las metas. En eso se equivocó mi alumno. Había elegido mal sus metas. Le interesaba ganar dinero como fuera y se equivocó, terminó en la cárcel. Hay que conocer bien, elegir bien las metas. Hay que tener la información suficiente para resolver el problema. Hay que saber gestionar las emociones. Yo he escrito dos libros sobre el miedo porque me parece que el miedo es una emoción que la sentimos todos y que nos puede obstaculizar la vida de una manera tremenda. De manera que conviene conocerle bien. Y por último, necesitamos poner en práctica lo que yo llamo funciones ejecutivas, que son aquellas que nos van a permitir pasar a la acción. La toma de decisiones, el ser capaz de la tenacidad de seguir con el esfuerzo, el saber soportar las frustraciones porque las vamos a tener todos. Entonces, al final de todo eso, cuando yo ya he puesto en práctica lo que he pensado, cuando he sido capaz de organizar mis emociones para que no sean un gran obstáculo, cuando he tenido las características para pasar a la acción, eso es la inteligencia. Lo otro son caminos muy previos. Todos los niños, por ejemplo, que nacen con altas capacidades, son muy inteligentes.

19:28
José Antonio Marina. ¿Quiere eso decir que van a desarrollar su talento? No, algunos se quedan en el camino. Precisamente, la función de la escuela es: en la escuela entran personas más o menos inteligentes y queremos que salgan personas con talento. Y esa es la función de la escuela. Es permitir que al aprender el uso de la inteligencia, cada uno de nuestros alumnos esté desarrollando sus capacidades. Mira, a mis alumnos más jovencitos les ponía como ejemplo de lo que era la inteligencia, decía, la inteligencia humana a lo que se parece es al juego del póker. Yo no sé cuando, si eso se lo contaban a sus padres, “que ha dicho el profesor de filosofía que la inteligencia es jugar bien al póker o algo así”. Muchos dirían: “¿Qué están haciendo con mi hijo en esa clase?” No. Lo que yo estaba diciendo… ¿Por qué era la comparación? Porque tanto en la vida como en el juego se nos reparten unas cartas que no podemos elegir. En la vida nacemos de una familia, somos altos o bajos, somos sanos o enfermos, somos guapos o feos, estamos en una clase social con dinero, sin dinero, en un país en guerra, en un país… Estas son cartas que se nos reparten y que no podemos hacer nada. Y en el juego, los naipes, te tocan los que te tocan. Segunda cosa: tanto en la vida como en el juego hay cartas mejores y peores. Hombre, sí, es mejor ser guapo que feo y es mejor tener una familia con dinero que sin dinero. Y en una nación en paz que en una nación en guerra, sin duda alguna. De manera que es mejor tener cartas buenas que cartas malas. Pero ahora viene la pregunta más interesante. ¿Gana siempre quien tiene las mejores cartas? No. ¿Quién gana? Quien sabe jugar mejor con las cartas que tiene. Esa es nuestra tarea. Nuestra tarea es decir: “Mira, sería estupendo que fuera de otra manera”. Vamos a ver. Vamos a ver con las cartas que tienes cómo las juegas bien. Fijaos, y ahora me dirijo a los más jóvenes de vosotros, los profesores de biología os podrán explicar, el final del siglo XX fue el siglo de la genética. Es cuando se descubrió los componentes del ADN. Cuando hemos podido explicar todo el genoma humano. De manera que era maravilloso lo que ha hecho la genética. Pero el siglo XXI ya no es el siglo de la genética, es el siglo de la epigenética. Que es, cada uno de nosotros, y cada uno de vosotros, ha nacido con su genoma, heredado de su padre y de su madre. Ya, pero no todos los genes se van a activar. Unos se activan y otros no se activan. Y eso va a depender del entorno que tengáis, en el que viváis, y uno de esos entornos es el entorno educativo. De manera que resulta que ahora a los docentes se nos plantea el asunto con mucha más responsabilidad, porque tenemos que ayudarlos a ver si activáis unos genes y no activáis otros. Concretamente los que tienen que ver con el pensamiento, con la inteligencia, con las emociones. Bueno, eso abre unas posibilidades que no creíamos que antes teníamos. Antes teníamos el refrán: “Lo que la naturaleza no te da, Salamanca no te presta”. No, no, pues resulta que sí. Resulta que sí porque además, volviendo a la metáfora de lo del juego de cartas, lo que nos está diciendo la epigenética es: “Mira, primero, las cartas las has recibido, pero si juegas bien no es solo que vayas a poder ganar la partida, es que vas a poder mejorar las cartas. Y con otro ejemplo todavía más elemental: uno de los descubrimientos que nos han sorprendido más en el mundo de la neurología es que nosotros estábamos trabajando con una idea de que había una época del oro del aprendizaje que eran de 0 a 3 años, de 0 a 5 años, que dijimos: “Los niños es que aprenden como esponjas, es que lo cogen todo”.

24:03
José Antonio Marina. Bueno, pues lo que nos ha dicho la neurología, eso es verdad, pero hay una segunda edad de oro del aprendizaje en que el cerebro se vuelve a rediseñar y que va desde los 15 hasta los 18 o 19 años. Es decir, es un cerebro mucho más integrado, mucho más rápido de conexiones y, por lo tanto, que puede aprender más. Pero tenemos que aprender a manejarlo. Entonces, el problema que les ponía a mis alumnos era: “Mirad, cuando llegáis a la adolescencia habéis aprendido a conducir vuestro cerebro, que es un cerebro de ciclomotor. Y de repente os encontráis al volante de un Ferrari, porque vuestro cerebro ha cambiado. ¿Pero qué pasa? Que si no aprendéis primero a conducir un Ferrari le ponéis en marcha y os pegáis contra el primer muro que tenéis enfrente. Entonces, mi manera de intentar llevar esa filosofía es: ¿queréis que os enseñe a sacar el carné de conducir de un Ferrari? Es decir, de vuestro cerebro. Casi todos decían que sí. Porque yo tampoco estaba hablando de cosas abstractas. No, no, estaba hablando de decir que esto es lo que tienes, estás al volante de una cosa que no conoces bien, que es muy potente y que, por lo tanto, se te puede ir de las manos. Y muchas cosas de las que echamos la culpa a las hormonas, las hormonas se llevan la culpa de todo. Pues no, no es culpa de las hormonas, o no es solo culpa de las hormonas. Es que tenéis un cerebro mucho más poderoso. ¿Te he contestado o sigo? Lo digo porque algunas veces dirás: “Este se está yendo por las ramas”. Te lo digo porque me lo decían mucho mis alumnos. Hasta que un día una gran escritora española, Carmen Martín Gaite, que era muy buena amiga mía y estupenda conversando, dijo: “Pero mira, es que he llegado a la conclusión de que no me importa irme por las ramas porque, ¿y si lo interesante está en las ramas?” Pues nada, a lo mejor lo interesante está en las ramas.

26:16
Concha. Hola profesor. Yo me llamo Concha y he sido profesora de niños muy pequeños. Mi pregunta es: si nosotros vivimos en una sociedad donde es tan difícil diferenciar lo que es verdad de lo que es mentira y somos tan inteligentes, ¿por qué somos tan manipulables?

26:33
José Antonio Marina. Pues mire, es una pregunta que me interesa tanto que para contestarla he escrito mi último libro. Se llama ‘La vacuna contra la insensatez’. Y es justo eso. Vamos a ver, si somos tan inteligentes, ¿por qué nos manipulan con tanta facilidad? ¿Por qué nos equivocamos con tanta facilidad? ¿Por qué tardamos tanto en aprender y repetimos una y otra vez los mismos errores? ¿Qué nos pasa? En la explicación que yo doy ahora, es que nuestro cerebro, que es la sede física de nuestra inteligencia, no se ha construido siguiendo un diseño perfecto y único, como haría ahora, por ejemplo, un gran experto en inteligencia artificial diría: “Una inteligencia tendría que ser así”. Sino que ha ido evolucionando durante posiblemente 2 millones de años. Pero como a salto de mata, como enfrentándose con los problemas que había, aprovechando lo que tenía a mano, y entonces es un cerebro que tiene muchas chapuzas evolutivas. Lo de las chapuzas evolutivas ya lo sabían los biólogos y los fisiólogos, porque nuestro cuerpo tiene unas chapuzas evolutivas de aquí te espero. Por ejemplo, nosotros tenemos una columna vertebral que no estuvo diseñada para andar a dos patas, sino para andar a cuatro. ¿Resultado? Que andamos a dos patas pero nos duele la espalda. ¿Por qué? Porque es una chapuza evolutiva. Funciona, pero funciona mal. Por ejemplo, el cráneo del niño ha agrandado porque el cerebro se ha ido expandiendo. Pero el canal de parto de la madre no ha evolucionado. ¿Y entonces qué pasa? Chapuza evolutiva por la que las madres deberían protestar. “Oiga, mire usted, que esto es una chapuza”. El tubo de la respiración, la tráquea y el tubo de la alimentación que es el esófago, están juntos. ¿Resultado? 3.000 personas mueren al año en España por atragantamiento. Hombre, vaya una chapuza. Bueno, esto lo conocíamos en el cuerpo, en el asunto fisiológico. Pues pasa un poco lo mismo en el cerebro. En el cerebro han ido conjuntándose tecnologías neuronales muy antiguas. Por ejemplo, el cerebro límbico, el cerebro emocional, eso es muy antiguo y se han ido juntando con tecnologías neuronales muy modernas como son la corteza cerebral y sobre todo los lóbulos frontales, que es lo último que ha aparecido, lo que actúa un poco como director de orquesta del resto del cerebro. Entonces, ¿qué pasa? Que como han ido apareciendo en distintos momentos, no acaban de encajar bien. Los lóbulos frontales deberían dirigir al mundo emocional, pero algunas veces el mundo emocional se impone a los lóbulos cerebrales y es la que lleva la voz cantante. Y entonces tenemos una serie de vulnerabilidades que las personas que quieren manipularnos conocen muy bien. Por ejemplo, nos quieren manipular, pero digamos en buen plan, los ilusionistas. Los ilusionistas, vamos, nos quieren hacer ver y además vemos que han partido una señorita por la mitad. Ya sé que no lo ha partido por la mitad, pero estoy viendo que la ha perdido por la mitad. Entonces, ¿qué hacen los ilusionistas? Aprovechan una de esas chapuzas evolutivas que, como te digo, resolvían un problema.

30:29
José Antonio Marina. De manera que tenía un aspecto muy bueno que es nuestra capacidad de atención. Lo que hace el ilusionista es que dirige nuestra atención a donde quiere él que miremos, porque entonces en la parte donde no miramos hace el truco. Para mayor complicación, nuestro cerebro evolucionado tiene dos sistemas de atención. Uno muy antiguo, que es el que compartimos con los animales, que es la atención involuntaria. Atendemos, queramos o no queramos, a ciertas cosas. A un ruido muy fuerte, a una amenaza o a una alerta de peligro, a una cosa muy nueva. Entonces prestamos atención inmediatamente. Y esa la compartimos con los animales. Pero además hemos adquirido una atención voluntaria que es: “No, yo puedo prestar atención a cosas aunque no me interese”. ¿Cuál es el problema que tenemos en la escuela? Que estamos queriendo que nuestros alumnos presten atención a algo que no les interesa pero que nos parece importante que atiendan. Entonces, la atención voluntaria es la que nos permite dirigir la atención a aquellas cosas que nos parecen importantes, aunque en ese momento no nos atienda. Bueno, ¿si alguien nos quisiera manipular, qué es lo que va a hacer? Decir: “Aparca tu atención voluntaria y deja que yo maneje tu atención involuntaria”. ¿Por qué? Porque te voy a distraer. Y en el momento que te voy a distraer, como tú ya no tienes capacidad de ser tú el que pongas atención, estás en mis manos. Y en ese momento tenemos un problema gravísimo porque se está debilitando la atención voluntaria en todo el mundo. También en nuestros alumnos. Una parte importante de los déficit de atención que diagnosticamos no son enfermedades, son que no estamos desarrollando la atención voluntaria. Y entonces estamos a merced de quien maneje muy bien nuestra atención involuntaria. ¿Cómo? Pues dándonos estímulos que nos diviertan mucho. Entonces, todos los sistemas de pantalla están diseñados por gente muy, muy, muy inteligente que les interesa que todos nosotros estemos la mayor cantidad de tiempo pendiente de las pantallas. Entregarnos a la atención involuntaria no gasta energía. Por eso cuando queremos distraernos o descansar, nos enchufamos, nos ponemos en modo automático, vemos lo que sea, abrimos la televisión, lo que sea, me da igual. Estoy descansando porque en ese momento me estoy dejando llevar de los estímulos que aparecen en la pantalla, pero he dejado aparcado lo otro. Entonces, como están diseñadas así las pantallas, son muy atractivas para todos, porque nos descansan, porque nos distraen. A mí el otro día me pasó una cosa graciosa ahora que os cuento. Quería recuperar un documental que había visto hace años sobre la construcción de un aeropuerto en una zona sísmica muy peligrosa de Japón. Y habían tenido que inventar una serie de soluciones tecnológicamente fantásticas y quería recuperarlas. Una hora después estaba viendo un vídeo de cómo un gato se comía una boa.

33:59
José Antonio Marina. Pues vamos a ver. ¿Pero cómo he podido pasar de intentar buscar un aeropuerto en Japón a estar viendo una cosa de un gato que se comía una boa? Pues yo tampoco lo sé, porque había puesto en marcha uno de los grandes instrumentos para fijar tu atención involuntaria. El ‘scroll’. Empecé a pasar así la imagen y me fue saliendo. “¡Ay, qué divertido esto!” Y ay que divertido esto, ay que divertido esto, hasta llegué al gato con la boa. Y si no hubiera parado, ahora todavía estaría viendo, pues qué se yo, cómo se hacía una tarta con lo que fuera, o zanahoria, o con lo que fuera. Como no digas: “Ey, cuidado, que paro”. Como no digas que paro, estamos absolutamente en sus manos. Otra chapuza evolutiva, para que cuando la detectéis digáis: “Este me quiere dar gato por liebre”. Tenemos un cerebro hecho para que si se nos repite mucho una cosa, acabemos por creer en esa cosa. Primero nos puede escandalizar pero si se sigue repitiendo, me acostumbro a ello. Después de acostumbrarme a ello, pienso cuando el río suena, agua lleva. Después me parece que a lo mejor es verosímil, luego que a lo mejor es probable y si se me repite el suficiente número de veces acabo diciendo esto tiene que ser verdadero. Entonces, si nosotros conocemos las trampas, si nosotros conocemos esos puntos débiles, vamos a poder estar un poco diciendo: “Vale, ya sé que voy a caer en la trampa, pero no voy a caer”. ¿Por qué? Porque estoy avisado y de la misma manera que si yo sé el truco del ilusionista ya va a perder su capacidad mágica, bueno, si yo conozco estos fallos que tenemos en el diseño de nuestro cerebro y de nuestra inteligencia, a lo mejor tenemos la posibilidad de defendernos de estas cosas. Por eso es por lo que he estado trabajando en una vacuna contra la insensatez. Porque de la misma manera que las vacunas protegen nuestras defensas, esta vacuna mental debía también defender nuestra inteligencia de toda la cantidad de patógenos que van a intentar hacerse con ella.

36:20
Cristina. Hola, José Antonio. Me llamo Cristina. Encantada de escucharte. Y conectado con esto que nos decías de la televisión, las opiniones, cuando escuchas las tertulias en la radio, ves la televisión, hay muchas personas que se declaran los tertulianos librepensadores, pero a mí me parece que a veces son más libre opinadores. En tu opinión, ¿crees que todas las opiniones son respetables o igual de respetables? ¿Qué te parece?

36:52
José Antonio Marina. Mira, yo es un test de urgencia que suelo hacer a mis alumnos, pero alumnos que han hecho la carrera de filosofía, de posgrado. Les pregunto: ¿creéis que todas las opiniones son respetables? Y todos me dicen que sí. Cuando les pregunto: ¿y por qué lo decís? Me dicen: “Porque las opiniones están protegidas por el derecho a la libertad de pensamiento y por el derecho a la libertad de expresión”. Bueno, a continuación les digo: “Pues hay un virus mental que os ha contagiado ya. ¿Por qué? Porque eso que os parece tan evidente es falso”. El derecho a la libertad de expresión y el derecho a la libertad de pensamiento protege a las personas. Si tú eres terraplanista, yo no te voy a meter en la cárcel por ser terraplanista. Pero no protege a la respetabilidad de las opiniones. El decir que la Tierra es plana no es una opinión respetable. Entonces hay que distinguir dos cosas. Lo que protege a las personas y lo que protege al contenido de las opiniones que eso tiene que ser en cada tipo de opinión lo que dé justificación a sus opiniones. Si es una opinión matemática, criterios matemáticos. Si es una opinión histórica, criterios históricos. Si es una opinión biológica, criterios biológicos. Por lo tanto, una frase que suele decirse como un ejemplo, digamos, de respeto a los demás, que es decir: “Respeto su opinión aunque no la comparta”. No, no, la respeto o no la respeto. Depende de cómo sea la opinión. De manera que el pensamiento crítico empieza por decir: “Tengo que respetar a las personas, pero tengo que someter a criba sus opiniones”. Porque a lo mejor esas opiniones verdaderamente pueden ser falsas, pueden ser asesinas, pueden ser equivocadas, pueden ser de todas las cosas. No, no, el contenido de las opiniones es una cosa muy seria. Pero sin embargo, hemos estado dando demasiada cancha a las opiniones y entonces nos parece que ya ni las verdades ni los hechos tienen mucha importancia. ¿Por qué? Porque, bueno, lo bonito está en las opiniones. Hace unos años, pero no muchos, se eligió en Inglaterra, como palabra del año, la palabra ‘posverdad’. Quería decir: “No, ya estamos más allá de la verdad”. Y entonces se sustituyó por una palabra, que lo vais a oír mucho también, sobre todo utilizada por políticos. Y cuando lo utilicen, decid: “Este nos está engañando”. “Lo importante es hacerse con el relato”. No, no, lo importante es hacerse con la verdad. Porque el relato supone que es la narración que yo debía dar de los hechos. Entonces, cuando alguien dice: “Quiero hacerme con la narración”, lo que está diciendo es: “Quiero que tú acabes pensando lo que pienso yo”. Uno, déjame de relatos. Una parte de la vacuna es eso. Ya hemos visto varias. Una, cuando alguien os diga: “No tengo nada de que arrepentirme”, decid este es un insensato o es Dios. A lo mejor es Dios, pero vamos, probablemente no lo sea. Entonces es un insensato. Segundo, el que diga todas las opiniones son respetables o respeto su opinión aunque no la comparta, lo mismo.

40:46
José Antonio Marina. Tercero, quien intente convencerme de que lo importante es hacerse con el relato es que está queriendo manejarme seguro. De manera que bueno, ya vamos adquiriendo vacunas en contra de la insensatez.

41:11
Mujer 3. Con lo que nos dice, lo que me preocupa es que en este contexto, cada vez de más polarización, que el tener opiniones diferentes y el debatir acabe siempre convirtiéndose en un conflicto. ¿Cómo lo ve?

41:26
José Antonio Marina. Sí, eso es un problema serio que tenemos. No es solo español, es un problema de este momento universal. Porque mira, los seres humanos vamos a enfrentarnos siempre. ¿Por qué? Porque tenemos distintos puntos de vista, distintas sentimentalidades, distintos intereses… Pero ese enfrentamiento se puede plantear en dos formatos distintos. Uno es el formato conflicto, que es: “Tú eres mi enemigo y voy a ver si acabo contigo”. ¿Por qué? Porque lo que quiero es la victoria. Nos han convencido que esa es la política. La política tiene que ser: “Tú eres mi enemigo, voy a ver si acabo contigo”. Pero hay otro formato más inteligente, que es el formato problema. Es decir: “No, no, tú no eres mi enemigo, tú y yo tenemos un enemigo: el problema. ¿Vamos contra él? Entonces te das cuenta que hay una dinámica distinta porque yo ya no quiero obedecerte

45:04
José Antonio Marina. Cuando se plantea como conflicto, las posturas tienen que encasillarte cada vez más. Porque precisamente lo que quiero es no tener nada que ver con vosotros. Repetid muchas veces esto: “Que la inteligencia está hecha para resolver problemas, que la fuerza está hecha para terminar con conflictos. Ah

45:51
Nuria. Hola José Antonio, soy Nuria. Soy también profesora y algo que estamos viendo en las aulas es precisamente el uso del chat GPT y otras herramientas de inteligencia artificial, igual que está ocurriendo en muchos otros trabajos. ¿Cómo lo ves? ¿Qué opinas sobre el uso de estas herramientas?

46:17
José Antonio Marina. Mira, yo tuve la suerte de que cuando tenía 17 años, es decir, también estaba en primero de bachillerato, un profesor de matemáticas vino y dijo: “Ha pasado una cosa en Estados Unidos muy sorprendente, se ha inventado la inteligencia artificial”. Efectivamente, fue en el año 56, en un coloquio, en el coloquio de Dortmund, apareció esa palabra. Y nadie sabía lo que era, pero yo desde entonces he intentado seguir toda la evolución de la inteligencia artificial, que ha sido una especie de montaña rusa. Unos momentos de grandes expectativas, en otro momento un fracaso que se iba a abandonar todo. Ahora estamos en un momento glorioso, sobre todo con la puesta en práctica de todos los sistemas generadores de lenguaje natural. Eso ha sido… No lo esperábamos hasta por lo menos diez años y se ha adelantado pero con una rapidez extraordinaria. Pone en nuestras manos unas capacidades que no podemos dejar de lado porque son fantásticas, pero sin embargo pueden estar limitando otras capacidades nuestras realmente muy importantes. GPT es un acrónimo que tiene tres iniciales. La G. La G significa ‘generative’, eso significa que genera, es decir, que produce variantes nuevas de lenguajes, en este caso lenguajes naturales. Para los lingüistas esto estaría desde la sintaxis generativa de Chomsky. Es decir, vamos a ver cuál es el mecanismo para poder ir organizando palabras o más sin entender lo que estamos diciendo. Tened en cuenta que un programa de ordenador no entiende nada de lo que está diciendo. Cada una de las propuestas que hagamos, por ejemplo, de una frase, vamos a compararla con una serie de parámetros para ver cuál es la mejor solución. Pero eso es una ecuación matemática. Eso no es que esté entendiendo nada. En el GPT 1 eran 175 millones de parámetros, en el GPT 3 son 175 mil millones de parámetros los que compara una máquina antes de decir: “Esta es la mejor frase”. Y por lo tanto, no sabe lo que dice y únicamente ha dicho: “Lo más probable es que esta frase sea la mejor”. Y está acertando mucho. Bueno, pero eso es la G. Todo este modo de manejar tanta información por cálculo de probabilidades, es la T de al final, que es ‘transformer’, que es un tipo de codificación. Pero lo interesante está en la P de en medio. ¿Qué significa la P de en medio? G P T. La P de en medio significa ‘pre-training’, es decir, que es un sistema que está pre entrenado. Y durante el entrenamiento yo le he estado diciendo cuál es la buena solución y cuál es la mala solución. Y una vez que le he dado cuál es la buena solución y mala solución, ¿os acordáis que al principio les decía que una de las funciones de la filosofía es a ver cómo hago los criterios de evaluación? Bueno, esto se lo tenemos que dar a la máquina. Entonces, si yo le doy un criterio de evaluación, por ejemplo racista, la máquina va a generar lenguaje natural utilizando la codificación ‘transformer’ con una mentalidad racista. Y eso sí, como va a aprender con mucha rapidez, no sabemos a dónde va a llegar. Pero sí le hemos dado los criterios de que esto es lo correcto.

49:48
José Antonio Marina. En este momento, un programa como el AlphaZero de Microsoft es capaz, si les damos las reglas del ajedrez, solo las reglas del ajedrez, es capaz de adquirir la pericia de un maestro de ajedrez en seis horas. Entonces, ¿qué pasa? Que si nosotros hacemos descansar nuestra inteligencia en un aparato es como si estuviéramos dializando un riñón. Nos resuelve el problema. Es decir, a una persona que no le funciona el riñón, antes se moría. Ahora le conectamos a una máquina, una máquina de diálisis, en que purifica su sangre y la devuelve otra vez al cuerpo. Es fantástico. Es fantástico, pero no te puedes separar de la máquina porque tu riñón ya no funciona. Si dializamos la inteligencia a una máquina de inteligencia artificial, sí, sí, los resultados pueden ser muy buenos. Ya, pero tu inteligencia no la vas a tener porque estás dializado. De manera que todo esto a lo que lleva es al peligro de que efectivamente perdamos toda nuestra capacidad de inteligencia, pero no los resultados inteligentes. ¿Por qué? Porque lo hace la máquina y entonces no lo vamos a notar. Ya, ya, pero no sabemos muy bien eso lo que significa para nuestro modo de vivir, porque los sistemas de inteligencia artificial, ¿os acordáis que os he dicho que la función de la inteligencia es dirigir el comportamiento? Vamos a ver, ¿cómo funciona en eso la inteligencia artificial? La inteligencia artificial, para dirigir el comportamiento nuestro, tiene primero que convertirnos en robots. Si quiero implantar la inteligencia artificial, tengo primero que eliminar toda capacidad de decisión de los seres humanos. Es decir, que tu inteligencia natural no funcione. ¿Cuál es mi solución? O por lo menos la solución en la que yo estoy trabajando. Es una solución, si tenéis curiosidad está explicada en un libro que se llama ‘Proyecto Centauro’. La palabra ‘centauro’ la tomé de Kaspárov, el campeón de ajedrez, que cuando fue derrotado por un programa de ordenador de IBM, de manera que en este momento, el campeón mundial de ajedrez o absoluto es una máquina. Lo que pasa es que como sabemos que la máquina va a ganar siempre los campeonatos mundiales los hacemos solo con personas. Pero sabemos que quien juega mejor al ajedrez es una máquina. Entonces le preguntaron: “Bueno, y si una máquina va a jugar mejor que un humano, ¿cómo va a ser el jugador de ajedrez del siglo XXI?” Y le dijo: “Va a ser un jugador centauro”. ¿Y eso qué quiere decir? Si os acordáis, el centauro es una figura mitológica de un ser mitad caballo y con cabeza humana. Y dijo: “Bueno, pues va a ser un jugador humano que va a jugar con su ordenador, es decir, que va a preparar su ordenador y por lo tanto ese ordenador va a ser una de sus creaciones”. De la misma manera que mediante el hábito está preparando su inteligencia para jugar bien con sus entrenadores, en este caso va a tener que preparar su memoria y la memoria de su ordenador. Y entonces el ordenador va a tener una situación muy clara. No entra en las decisiones, entra en el manejo de la información. Al ampliar la información, sin duda alguna está ampliando nuestra capacidad intelectual. Pero si la decisión la tenemos nosotros, esa inteligencia va a ser una inteligencia todavía humana. Y eso sería, él lo llamó “ajedrez avanzado”, podríamos decir, esto podría ser la “inteligencia avanzada”. La capacidad de decisión la tienen que seguir teniendo las personas, pero tendremos que formarlas de manera distinta, que era mi proyecto educativo.

53:57
José Antonio Marina. Tenemos que formarlos de manera que una parte de su memoria esté en formato electrónico y otra parte de su memoria esté en formato neuronal. Entonces las cosas yo creo que empiezan a casar. Pero a mí me gustaría volver a lo de la vacuna de la insensatez. Antes les había explicado que cuando alguien me quiere confundir va a hacer que me fije, va a llevar mi atención a donde no está lo interesante. ¿Por qué? Porque eso va a dejar un espacio en negro donde lo interesante va a suceder sin que yo me dé cuenta. Cada vez que alguien hable mucho de el peligro de la inteligencia artificial diga: “Usted me está haciendo mirar donde no está lo interesante”. No, no, la inteligencia artificial no es ningún peligro. El peligro es la inteligencia natural que maneja la inteligencia artificial. De manera que no se fije usted en la máquina, fíjese usted en las personas. En las personas que están diseñando las máquinas, que le están dando los criterios de evaluación, el ‘pre-training’, y que a ver qué es lo que quieren hacer con ella. La concentración de poder que se está dando ahora en los grandes empresarios de las nuevas tecnologías, que son gente listísima, es que son gente listísima. Y detrás de cada una de nuestras pantallas hay un equipo de gente inteligentísima que está dispuesta a que su negocio, no es porque sean progresos, es porque es su negocio, su negocio es que no podamos separarnos de la máquina. No por maldad, sino porque es su negocio nos deja a todos un poco inermes si no somos lo suficientemente inteligentes, si no entendemos de qué está yendo esto. Os voy a poner un ejemplo: ¿qué es lo que pasó cuando la votación del Brexit en Inglaterra? Que los defensores del Brexit contrataron una empresa para hacer un tipo de propaganda que estaba dirigida casi personalizadamente a cada uno de los votantes. De manera que al votante al que se le podía hacer que votara en contra de Europa por miedo a la inmigración, pues a ese dirigían esa propaganda. Al que fuera por una especie de orgullo inglés, esa propaganda. A otro, porque lo que le gustaba era el té, una propaganda solo para eso. Al que odiaba a los toros, una propaganda solo para eso. Y entonces resulta que a cada uno les estaba diciendo la propaganda que iba a moverle más a votar en contra del Brexit. Y cada una era distinta. En el estudio que hizo quien diseñó estos perfiles de votantes fue decir: “A nosotros nos interesaban los like porque con 65 likes de una persona podemos saber a quién va a votar”. Y si tenemos 300, le conocemos mejor que su madre, su mujer, su marido… ¿Por qué? Porque no hay nada que nos detecte tanto, que nos identifique tanto, como aquello que nosotros voluntariamente hemos dicho: “Esto me gusta”. Pues ya estás en la trampa, ya sabes lo que te gusta. Y te dice: “¿Y?” Pues que no nos hemos dado cuenta, porque son cosas estupendas. Son cosas que cuando se inventan, se inventan con otra finalidad que nos han estallado en la cara porque no creíamos que iba a tener esa importancia. El cambio más importante que ha habido en la manera de socializar nosotros se ha dado entre los años 2009-2010.

57:43
José Antonio Marina. ¿Qué pasó esos años? Aparecen tres inventos que no nos parecieron importantes cuando salieron. Uno es que Facebook implanta los like. Y los like eran para que pudiéramos dar la opinión sobre un producto. No, no, resulta que se ha vuelto hacia todos y es: “Vamos a pedir la opinión sobre mi”. O: “Voy a dar la opinión sobre otro”. Y entonces se crean las redes sociales como un sistema de exposición continua y de sometimiento a juicio continuo. Y eso está machacando a muchísima gente. A muchísima gente que mata por un like, vamos. Pero ese mismo año se inventa otra cosa, que es lo que os mencionaba antes, el scroll infinito, el pasar página solamente moviendo el dedo. Ya no hay que teclear dos veces, no, de eso nada, pasa así directamente. Y ese mismo año aparece la cámara frontal incorporada al móvil, con lo cual yo puedo mandar mis fotografías. Y entonces todavía se complica más lo del estar en una especie de escaparate general donde todo el mundo… donde voy a pedir la opinión de los demás y donde la opinión de los demás me va a poder machacar. Entonces ocurre que estamos teniendo una especie de vulnerabilidad tecnológica absolutamente increíble, inesperada, porque no pensábamos que esos inventos iban a tener ese efecto, pero lo están teniendo. Lo están teniendo. Y hace poco ha habido un juicio en Francia porque tras una campaña de bullying, que el tema del bullying con las pantallas es para tratarlo aparte, una campaña de bullying contra una periodista feroz. Y entonces por fin identifican a cuatro personas que eran los que habían hecho la campaña en contra de la periodista y los llevan a juicio. Y en un momento dado, el juez le pregunta a uno de los acusados: “Pero vamos a ver, si ustedes no conocían a esta periodista, ¿por qué esa crueldad con ella? ¿Por qué es ensañamiento? Y el acusado dice: ”Pues mire, porque es que la crueldad es lo que produce más likes en internet, con lo cual es barra libre para todos”. Oye, que es que yo creo que era una mezcla de sensatez el que prestemos más atención a esto, porque es que es una manipulación estructural en que estamos cayendo con una ingenuidad realmente peligrosa. Y puede tener una debilitación del sujeto crítico, del pensamiento crítico, tan sumamente fuerte que al final estemos dispuestos a tragar cualquier cosa.

01:00:39
Iván. Hola, José Antonio, ¿qué tal? Soy Iván. Mi pregunta va un poco hilada con el tema redes sociales. ¿Qué cree usted que es lo más inteligente que podemos hacer con las redes sociales?

01:00:50
José Antonio Marina. Usarlas bien. Vamos a ver, estamos cayendo también en una especie de espejismo. Cuando hablamos de redes sociales, toda red tiene dos elementos. Una son lo que llamamos los nodos, que es donde se juntan las aristas de la red. La misma imagen de red hace que nos fijemos en los enlaces. Una red es muy tupida, una red es muy potente… No. En las redes sociales lo importante son los nodos, porque los nodos son los que representan a las personas. Entonces, si es una red muy tupida y un nodo muy pequeñito, la red se come al nodo, la red se come a la persona. Lo que tenemos que hacer es, perfecto, que las redes sean muy tupidas, pero que los nodos que son las personas, que son la capacidad de las personas, que sean muy potentes. ¿Para qué? Para no dejarse manejar por la red. Os habéis dado cuenta que se llama que una noticia se ha hecho viral, quiere decir que se ha hecho portadora de enfermedades, que es lo que significa virus. De manera que estamos diciendo: ¡Qué fantástico, esto se ha hecho virus! ¿Y eso qué quiere decir? Que va a contagiar a mucha gente. Oye, cada uno de nosotros debía, si tenemos un nodo fuerte, es decir una personalidad fuerte, vamos a intentar frenar lo que nos llega y no a transmitirlo porque sí. De manera que lo importante es: vamos a ver si usamos inteligentemente de las redes y para eso necesitamos formar lo que yo llamo “inteligencias resueltas”. Una inteligencia resuelta es la que avanza con determinación, con valentía, y lo hace además resolviendo problemas. Y eso es lo que tenemos que hacer. Aumentar la capacidad de resolver problemas de cada uno de nosotros, que eso significaría no dejarme manipular, saber identificar los verdaderos problemas, desde niño acostumbrarnos a hacer lo que me parece la pregunta más inteligente que se puede hacer, cuando alguien te diga algo, pregúntale: “¿Y tú cómo lo sabes?” Y cállate, a ver qué te dice. Dímelo. Explícame por qué. ¿Por qué debo pensarlo siquiera? De manera que las redes son estupendas si tienes la suficiente inteligencia para hacer que sean estupendas y si no, te vas a diluir en ellas.

01:03:24
Antonio. Soy Antonio. Antes nos has explicado, y parece una cuestión obvia, que es muy bueno ser inteligente. Yo te quería preguntar cómo cuadra eso con una cosa que yo leí hace tiempo que decía que si quieres ser feliz tienes que vivir como si fueras tonto.

01:03:42
José Antonio Marina. Esa frase puede ser, por ejemplo, de Séneca, pero mal traducida, yo creo. Había la idea de que el mundo es tan complicado, el mundo es tan incierto, el mundo tan… que mira, cuanto más te des cuenta de lo horrible que es, más desgraciado vas a ser. De manera que mejor no enterarse del asunto y ya está. Vamos a ver. Volvemos a lo de la inteligencia. Y me gustaría insistir en eso, porque todo mi proyecto educativo, en el que llevo muchos años, se centra en este asunto. La función principal de la inteligencia es resolver problemas. Y los problemas pueden ser de dos tipos. Pueden ser problemas teóricos y problemas prácticos. Los problemas teóricos que parecen los más difíciles o matemáticos, los científicos… Resulta que no lo son, porque un problema teórico se resuelve cuando conozco la solución, mientras que un problema práctico no se resuelve cuando conozco la solución, sino cuando la pongo en práctica, que suele ser lo más complicado. Desde el punto de vista educativo, ¿por qué digo que todo el sistema educativo debía construirse alrededor de la resolución de problemas? Problemas emocionales, problemas matemáticos, problemas políticos. Porque nosotros, los docentes, en este momento tenemos un problema que es: vosotros estáis en las aulas y en ese momento no tenemos ni idea de cómo va a ser el mundo dentro de 15 años y posiblemente antes. No sabemos en qué puestos de trabajo vais a trabajar. Estaréis oyendo que el 65% de los puestos de trabajo actuales van a desaparecer. ¿Se seguirá todavía manejando el concepto, por ejemplo, de justicia? Pues no lo sabemos. ¿El de soberanía? Pues no lo sabemos. Bueno, entonces si no sabemos nada sobre el futuro, ¿qué os enseñamos? ¿Cómo decidimos lo que tenemos que enseñaros? Mi propuesta es que hay una cosa que sabemos con total seguridad acerca del futuro. Va a plantear problemas. Entonces, ¿cuál debería ser el objetivo de la educación? Enseñaros a resolver problemas. Ah, ¿pero eso se puede enseñar? Claro. Claro, hay una competencia que es la competencia heurística, que es sobre la que yo trabajo, que heurística es una palabra muy rara, pero todos la utilizamos en una variante… ‘¡Eureka!’, Arquímedes saliendo desnudo del baño diciendo: “¡He descubierto por qué flotan las cosas!” Eureka significa “lo he encontrado”. Y eso es lo que debemos intentar enseñaros a todos. ¿Soluciones a qué problemas? A los problemas personales, a los problemas emocionales, a los problemas de pareja, a los problemas económicos, a los problemas políticos y también a los científicos, a los ideológicos. ¿Por qué? Porque la estructura básica del problema es siempre la misma que es: estoy en A y quiero mantenerme en A, por ejemplo, y por eso tengo que buscar comida o tengo que buscar cómo defender el status. Estoy en A pero quiero salir de A porque estoy infeliz, porque estoy en una relación tóxica, porque estoy en un trabajo que no me gusta, pero no sé a dónde ir. O estoy en A, quiero ir a B, pero no sé cómo hacerlo. Entonces mi tesis es: la mayor creación de la inteligencia humana no es la ciencia, no es el arte, no es la tecnología. La mayor creación de la inteligencia humana es la bondad. Y ya sé la respuesta. “Este es imbécil completo. Pero vamos a ver, cómo va a decir, ¿qué tendrá que ver la bondad con la inteligencia? No, al contrario. Si una buena persona pues es casi un débil mental. No

01:07:56
José Antonio Marina. ¿Los problemas pueden ser teóricos y prácticos? También están de acuerdo. ¿La dificultad de los problemas prácticos? También están de acuerdo. ¿Que el problema práctico más importante, más urgente y más complicado, es buscar la felicidad? También están de acuerdo. ¿Que la inteligencia tiene que aplicar más recursos cuanto más complicado, urgente, universal y profundo sea el problema? También están de acuerdo. Bueno, pero ese problema es la felicidad. De acuerdo. ¿Qué tiene que ver la felicidad con la bondad? Te lo estoy diciendo, aquellas buenas soluciones a los problemas que tienen que ver con la felicidad son los que nos está diciendo la ética que son buenas soluciones. ¿Por qué? Porque están manejando un concepto que es sinónimo a buenas soluciones que es justicia. Una solución en la convivencia es buena cuando es justa, cuando está respetando cada una de las pretensiones de ser feliz que tienen las personas. ¿Todas? No, no, las que sean legítimas. Bueno, muy bien. La ética nos dice qué es lo bueno. Ya, pero como es una solución práctica, la ética es inteligente cuando se pone en práctica. Bueno, pues una persona que es capaz de descubrir cuáles son las buenas soluciones que nos conduzcan a la felicidad y que tenga además el coraje, la valentía, de ponerlas en práctica. Ah amigo, esa es la mayor inteligencia que podemos tener. Por eso temo tanto la estupidez. Y por eso estoy intentando el tener el desarrollo de la inteligencia como el gran objetivo. Creo que se puede lograr. Creo que en muchas cosas hemos progresado a lo largo de la historia. Creo que a pesar de los pesares, el nivel ético que estamos viviendo ahora no lo habíamos conseguido a lo largo de la historia. Todas las cosas que podemos medir han mejorado. Ha mejorado la duración de la vida, ha mejorado la salud, el control del dolor, el control de las muertes por el momento de parto, la medicina, por supuesto, los derechos se respetan más que nunca y el porcentaje de pobres ha disminuido en comparación con otras fases de la historia. Pero entonces, ¿por qué sentimos esa especie de inquietud? Hombre, en primer lugar, porque las cosas van muy rápidas y nos presentan un mundo de incertidumbre, pero en parte porque también tenemos una mala experiencia. Ha habido colapsos tremendos. ¿Qué pasó? ¿Cómo es posible que la nación técnicamente más avanzada, científicamente más poderosa, artísticamente a un nivel extraordinario, como era Alemania, en un plazo de cinco años se dedicara a matar judíos? ¿Qué les pasó? ¿Se volvieron locos todos? No. Lo que nos demostraron es la fragilidad de nuestros logros. El que en este momento se esté diciendo, por ejemplo, de Estados Unidos, que puede haber posibilidad de una guerra civil en el plazo de cinco años: “¿Pero podemos ser tan locos? ¿Pero qué nos pasa? ¿Pero por qué esta insensatez?” Bueno, por lo que os he explicado y, por lo tanto, que debemos ser más inteligentes. A mí me gustaría daros un consejo, que en realidad no es mío original, está copiado de un antiguo grafiti que decía lo siguiente: “Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores”. Y como aquí hay personas de la educación y hay alumnos y como todos, al final, vamos a tenernos que ver en situaciones parecidas a esta, a mí me gustaría terminar contando dos historias. La primera historia yo la sitúo en Toledo, porque soy de Toledo, mientras se estaba construyendo la catedral. Entonces un posible antepasado mío, que ya tenía esa afición tan nuestra que es que nos gusta mucho ver trabajar a los demás, disfrutamos mucho viendo trabajar a los demás, bueno. Pues estaba dándose una vuelta por el Tajo para ver qué hacían. Entonces llega al sitio donde están los canteros. Intentad poner cara a los canteros porque seguro que los reconocéis alguno. Llega el primero y le pregunta: “Oiga, ¿y usted qué está haciendo? Y el cantero le dice: “Pues aquí estoy

01:12:52
José Antonio Marina. “¿Para qué?” “Pues no lo sé. Me han mandado que haga un cubo de piedra y estoy haciendo un cubo de piedra”. Pasa el tercero que está haciendo lo mismo. “Oiga, ¿y usted que está haciendo?” Y el tercero le contesta, entusiasmado: “¡Estoy construyendo una catedral!” Lo que estaba haciendo era muy poquito, como los demás. ¿Cuál era la diferencia? Él no había perdido la visión de que se estaba con esa acción tan pequeña, colaborando a un proyecto gigantesco. Estaba construyendo una catedral. Es que un docente tiene que saber que cuando usted hace una cosa muy pesada, que es conseguir que un niño aprenda la tabla de multiplicar del número siete, a que está haciendo una cosa muy grande. Ese es un proyecto realmente bello que justifica la pequeñez de lo que estamos haciendo. Con tal de que no perdamos el sentido de lo que estamos haciendo. Lo segundo es una historia más corta. Hace unos años tuve que hacer la introducción a las obras de un gran escritor español, pero que no había tenido éxito. Había muerto en el exilio. Se llamaba Max Aub. Y me encontré con una frase que me llamó la atención porque quería que la pusieran en su tumba. Era su epitafio. Y yo me la repito mucho, no porque tenga ningún interés en mi tumba, sino porque me parece una frase por una parte humilde y por otra parte, como muy altanera. Lo que quería que pusieran es: “Hice lo que pude”. A mí eso me parece una frase absolutamente maravillosa. ¿Por qué? Porque además yo estoy convencido de que si durante un poco de tiempo pudiéramos irnos a la cama diciéndonos, con toda sinceridad: “El mundo está fatal y lo que le espera. Ya, pero yo he hecho lo que he podido porque no lo esté”. Pues a lo mejor resulta que las cosas eran más fáciles de cambiar que lo que pensábamos. Cuando yo era niño, no sé los de ahora, jugábamos con una cosa que era un caleidoscopio, que era un tubo con cristales, que le damos una vueltecita y cambiaba el dibujo. Ah, mira, mira que si manteniendo esa actitud, de repente las cosas cambiaran como un caleidoscopio… Bueno, yo he hecho lo que he podido, así que ahora os toca a vosotros. Muchas gracias.